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El jugo de la basura
 

Por Mariel Fiori
October 2026
No hay que ser científico para entender el tema del líquido tóxico de la basura, los lixiviados. Solo hay que ser un humano que bebe agua. ¿Bebes agua? Yo sí. Este tema nos afecta a todos los que vivimos y tomamos agua en Nueva York, y el Valle del Hudson, porque llega hasta a nuestros ríos y lagos.

En realidad, es un problema en todo el país. La conocidísima activista ambiental Erin Brockovich escribió recientemente sobre los lixiviados tóxicos que se filtran de los vertederos hacia ríos, arroyos y otras fuentes de agua: “El problema empeora cuando las empresas propietarias cierran, se declaran en bancarrota o desaparecen; los vecinos, los gobiernos locales y, en última instancia, los contribuyentes terminan pagando la factura”.

Rebecca Martin, de New York River Watch, estuvo explicando en mi programa La Voz con Mariel Fiori sobre el lixiviado, (leachate en inglés), o “el jugo de la basura” como ella lo llama, y qué se podría hacer al respecto. El lixiviado es un flujo de residuos líquidos tóxicos que se genera cuando el agua de lluvia o de nieve atraviesa los desechos del vertedero. Puede contener PFAS, metales pesados, pesticidas y miles de otras sustancias químicas, incluidos contaminantes que fueron prohibidos por los riesgos que representan para la salud humana y el medio ambiente, pero que siguen apareciendo procedentes de la basura de hace décadas.

Esta agua de basura es un veneno para nuestras vías fluviales. Un informe de New York River Watch reveló que, entre 2019 y 2023, se enviaron anualmente más de quinientos millones de galones (532.300.000) de lixiviados de vertederos, tanto de Nueva York como de otros estados, a plantas municipales de tratamiento de aguas residuales. Pero estas instalaciones están diseñadas para tratar aguas residuales humanas, no la compleja mezcla de sustancias químicas de los lixiviados. Casi un tercio de este lixiviado, unos 167 millones de galones, terminó en ríos y lagos designados oficialmente como fuentes de agua potable, incluidos los ríos Hudson, Mohawk y Niágara, así como el lago Ontario.

A Kingston, por ejemplo, dijo Martin, llegan 4 millones de galones de este líquido tóxico, pasan por la planta de tratamiento de aguas residuales de la ciudad y acaban en el Rondout Creek, en camino al río Hudson. “Queremos que la ciudad deje de aceptar lixiviado. No es culpa de la ciudad. Esta es una práctica que existe desde hace una generación,” aclaró Martin.

También conversé en mi programa con Marc Rider, director ejecutivo de la Ulster County Resource Recovery Agency (UCRRA). La UCRRA administra dos estaciones de transferencia, programas de reciclaje y compostaje y participa en la planificación del manejo de residuos sólidos del condado. Rider reconoció que el lixiviado, o el “té de la basura”, como lo llama él, puede contener PFAS y otras sustancias químicas.

Pero sus opciones para manejar el lixiviado son limitadas. Las plantas de tratamiento de aguas residuales han sido una de las pocas alternativas disponibles. La UCRRA también tiene que ocuparse de una parte del problema que se remonta mucho más atrás: los vertederos inactivos antiguos.

Los vertederos activos tienen un recubrimiento para recoger el lixiviado y evitar que ese líquido tóxico atraviese las aguas subterráneas. En el condado de Ulster, por ejemplo, hay 20 vertederos inactivos sin recubrimiento, y solo dos que la agencia local UCRRA, de hecho, recoge. Esta situación no es única del condado de Ulster, en todo el estado de Nueva York hay cientos de vertederos inactivos que siguen acumulando sus jugos de la basura y no hay nadie para limpiarlos, por ahora.

Esto es lo que Martin y otros defensores del agua llaman la “laguna del lixiviado”, o Leachate Loophole.

Para Rider, una de las dificultades es que las regulaciones y los programas de financiamiento estatales se concentran principalmente en los vertederos activos. Tanto él como Martin coinciden en que las normas, y los recursos, deberían ampliarse para incluir los vertederos inactivos.

La UCRRA ya está estudiando una solución para dos de los vertederos inactivos que administra, en Ulster y New Paltz. La agencia contrató a un ingeniero para desarrollar sistemas de pretratamiento en el lugar. Rider estima que la construcción podría costar alrededor de 3,5 millones de dólares, además de los costos de operación y mantenimiento.

Ahora habría una nueva oportunidad de arreglar la situación. Solo que las nuevas regulaciones que propone el Departamento de Conservación Ambiental de Nueva York, el DEC, se concentran principalmente en los vertederos activos. New York River Watch pide al DEC que cierre esa brecha y establezca reglas que incluyan vertederos activos, inactivos y cerrados que continúen generando lixiviado. También pide que el tratamiento se realice en el lugar donde se genera el lixiviado, antes de enviarlo a una planta municipal.

Tenemos cerca de 700 —más de 700— acciones individuales hasta ahora. También hay una carta de coalición, con nuestros comentarios públicos en respuesta a la normativa, que ha sido firmada por más de 100 organizaciones.

Ha sido un esfuerzo realmente extraordinario de muchos socios de la coalición. Este es un proceso de largo plazo y está relacionado con muchos otros temas: nuestros vertederos, el concepto de cero residuos, los lodos, el principio de precaución, que consiste en hacer que las empresas químicas asuman la carga de demostrar que sus productos químicos son seguros antes de incorporarlos a los productos. Queremos que estas empresas químicas paguen. Queremos que los vertederos gestionen sus residuos, especialmente aquellos administrados por empresas que ganan miles de millones de dólares al año gestionando residuos, y que no simplemente pasen la responsabilidad al usuario final, al agua potable, a las personas que dependen del agua para beber, y que apoyen a los municipios, que están tratando de hacer lo correcto.

Mientras tanto los consumidores también podemos reducir la cantidad de basura que producimos. Una de las medidas más sencillas es compostar los residuos de alimentos. Rider señala que, según auditorías realizadas por la UCRRA, aproximadamente una cuarta parte de los residuos puede estar compuesta por desperdicios de comida. Mantener esos residuos fuera de la bolsa de basura reduce directamente la cantidad que termina en un vertedero.

También podemos comprar menos productos descartables, reutilizar lo que sea posible, reparar antes de reemplazar, reciclar correctamente y evitar productos innecesariamente empaquetados.

Pero reducir nuestra basura no resuelve por sí solo el problema de las toneladas de residuos que ya llevan décadas enterradas. Esa basura sigue allí. Y mientras permanezca allí, la lluvia seguirá atravesándola.

Mariel Fiori
Directora


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