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Los datos de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) publicados en 2025 confirman que en todos los grupos evaluados hay especies al borde de la extinción.
Los datos de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) publicados en 2025 confirman que en todos los grupos evaluados hay especies al borde de la extinción.

Las profundas raíces y el frágil futuro de la biodiversidad

Por Valeria Román
June 2026
Las especies están despareciendo hoy a un ritmo que es al menos entre 10 y 100 veces superior a la tasa de extinción observada a lo largo de millones de años. Una bióloga afirma que la respuesta está en la reciprocidad: dar al planeta y no solo tomar.
Sandra Díaz, bióloga y ecóloga del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina copresidió la evaluación global de la biodiversidad, una forma de describir la variedad de especies que se identifican en la Tierra. Díaz es coautora de una revisión de 2022 en el Annual Review of Environment and Resources, que explora la evolución del concepto de biodiversidad desde su origen hasta su uso actual en ciencias y políticas públicas.

El liderazgo y los estudios de Díaz sobre cómo las plantas responden al ambiente e influyen en los ecosistemas y en las vidas de las personas, han sido clave para poner al problema de la crisis de la biodiversidad en la agenda mundial. Además de copresidir el informe sobre el estado de la biodiversidad de IPBES, ella es la única latinoamericana que integra el Consejo Asesor Científico de Naciones Unidas (desde 2023) y fue distinguida por la revista Time entre las 100 personas más influyentes del mundo en 2025.

Díaz formuló el concepto de biodiversidad funcional: la variedad de funciones y roles que cumplen las especies dentro de un ecosistema, como polinizar, reciclar nutrientes o regular el clima. Y ha impulsado la idea de reciprocidad: que los humanos no solo deberían tomar recursos, sino que también deberían ocuparse de devolver y proteger lo que la naturaleza da. “La reciprocidad promueve un vínculo más justo y responsable con todos los seres vivos”, dice.

Díaz habló sobre su carrera y la crisis que vive la biodiversidad actualmente.

¿Cómo llegó al concepto de biodiversidad funcional?

En el inicio de mi carrera como científica me interesaba conocer más cómo una planta se relaciona con otras y con animales cercanos y su entorno. Ya desde mi carrera de grado había aprendido el concepto de biodiversidad, que incluye cuántas entidades diferentes hay y cómo están distribuidas. Pero no me atraía tanto la clasificación de las especies sino el rol de cada una.

De alguna manera, cada planta tiene como una “profesión” y, mirando las características externas de la planta, una puede deducir su profesión. Por ejemplo, en sitios donde las condiciones cambian muy rápido y la posibilidad de persistir por más de unos meses es muy baja, predominan plantas que germinan, crecen y producen semillas velozmente y tienen una vida muy corta; en otros sitios donde las condiciones son muy predecibles, los agentes que destruyen el cuerpo de las plantas no son frecuentes, pero hay escasez de recursos como los minerales del suelo, tienden a vivir plantas con cuerpos y estilos de vida muy diferentes: crecen lentamente, tardan mucho tiempo en alcanzar la madurez sexual, viven muchos años, sus hojas y tallos son muy resistentes, preparados para durar. Al observar las características físicas de una planta se puede inferir en qué tipo de ambiente puede vivir y cómo pueden reaccionar los animales herbívoros frente a ella. 

Por eso, en mi tesis de doctorado, en lugar de contabilizar las especies de plantas que había en un pastizal de las Sierras de Córdoba, en Argentina, me puse a medir sus caracteres funcionales. Después en 2001 publicamos un trabajo en el que formalizamos el concepto de biodiversidad funcional y su importancia para comprender cómo las especies contribuyen al funcionamiento de los ecosistemas. Desde entonces diferentes grupos de investigación han incluido el concepto en sus estudios. Entre 2010 y 2020 se publicaron más de 10.000 artículos relacionados con la biodiversidad funcional de acuerdo con un trabajo publicado en Ecography.

Después de más de 30 años de estudiar la biodiversidad del planeta, ¿cómo describiría su situación actual?

Si se excluye a las bacterias, se estima que hay entre 8 millones y 10 millones de especies eucariotas. Solo se han descrito 2 millones y la mitad de esa cantidad son insectos. En tanto, un poco menos de 400.000 especies aproximadamente son plantas vasculares, con troncos y hojas. El 7 % son hongos. El 4 % son animales vertebrados como las vacas o las víboras. Este último grupo es el más conocido.

En su reporte de 2019, IPBES indicó que más de un millón de especies estarían amenazadas. Por su parte, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) informó en enero de 2025 que más de 48.600 especies están bajo alguna categoría de amenaza de extinción, lo que equivale al 28% de las especies evaluadas hasta la fecha. Estos datos muestran que la biodiversidad global se encuentra en un claro declive. No es que todas se vayan a extinguir mañana, pero su futuro depende de nosotros, los seres humanos. Hay grupos, como los corales, los anfibios y los tiburones y las rayas, que están en un riesgo mayor de extinción, por encima del 40%. 

La velocidad a la que desaparecen especies hoy es por lo menos entre 10 y 100 veces mayor que la tasa de extinción natural observada durante millones de años en el registro fósil. También de modo más general se está reduciendo la diversidad genética dentro de una misma especie y eso puede aumentar la vulnerabilidad a enfermedades, como ocurre con las plantas de papa o los huemules.

¿Cuáles son los factores que generaron la crisis actual de la biodiversidad?

Una evaluación científica internacional publicada en 2022 identificó que el principal factor humano detrás de la crisis de biodiversidad es el cambio en el uso de la tierra y de las costas, que abarca la expansión agropecuaria, la urbanización y la infraestructura petrolera. El segundo factor es la explotación directa de organismos, como la caza, la pesca y la tala.

A esto se suman el cambio climático, la contaminación y, por último, la introducción de especies exóticas que se vuelven invasoras. El ranking de los factores puede variar cuando se consideran los ecosistemas específicos.

¿Cómo se puede acercar a la sociedad en general el problema de la crisis de la biodiversidad?

Es un gran desafío. Por eso ahora hablamos del tapiz de la vida. Significa que todos los seres vivos estamos entretejidos en un tapiz en el que tenemos vínculos evolutivos, ecológicos y simbólicos. Parece poético, pero responde más a la última evidencia científica. Compartimos genes con otros organismos, porque todos venimos de un organismo primigenio. No hay una discontinuidad biológica. Nos alimentamos, nos vestimos y tenemos un clima que también depende de la presencia de otros organismos. En cuanto a lo simbólico, por ejemplo, las plantas, los animales, los ecosistemas y los paisajes también configuran parte de la identidad de cada persona, de cada pueblo o de cada país. Esta manera de hablar, que se refiere a otras formas de vida y también a los humanos y a las experiencias que se han vivido en coexistencia como un tapiz viviente, puede hacer que las personas se conecten más con la biodiversidad.

¿Qué relación tiene el concepto de reciprocidad con la biodiversidad?

Reciprocidad es un concepto que los biólogos aprendimos de las ciencias sociales y por la interacción en los foros con las comunidades indígenas. En el trabajo que publiqué con el científico vasco Unai Pascual abordamos la reciprocidad desde una visión que tiene en cuenta que todos los seres vivos que nos rodean no son objetos, sino que son entidades autónomas y actúan sobre el mundo. La biodiversidad y la reciprocidad son conceptos entrelazados porque todos los seres vivos comparten el tapiz de la vida, donde existen vínculos y dependencias mutuas. 

Los organismos tienen su propia vida, nos brindan cosas, pero también hacen acciones que, a nosotros, los seres humanos, a veces no nos gustan. La pandemia causada por el coronavirus SARS-CoV-2 es un ejemplo mayúsculo de la capacidad de agencia de los organismos no humanos, es decir, que pueden actuar de manera autónoma y autodeterminada. Tenemos que admitir que los organismos no son un “algo” sino que son otros seres, y desde esa visión hay que convivir y desarrollar humildad: no somos los únicos que estamos en el planeta.

Otra dimensión de la reciprocidad es el mutuo respeto. Los seres humanos necesitamos de otros organismos para vivir y recibir beneficios, pero también tenemos obligaciones, como no exterminar, no extraer más de lo que se necesita, no matar animales en determinadas etapas de desarrollo, como hembras preñadas o crías, entre otras. Es como hacer un trato con los vecinos no humanos de los cuales dependemos.

¿Qué propone para afrontar los problemas de la crisis de la biodiversidad en el contexto de la crisis climática?

Son dos crisis que están íntimamente relacionadas. La destrucción de los ecosistemas agrava el cambio climático. A su vez, el cambio climático impacta en la biodiversidad. Por eso, se necesitan acciones conjuntas para afrontar esas crisis. Se deberían hacer cambios profundos en los modos de vida y de producción, en las políticas de energía, agricultura y comercio para proteger la salud humana y los ecosistemas. Empezar por considerar la reciprocidad con la naturaleza puede ser clave para un futuro más sano y justo.

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