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Cuento

Los humanos del maíz

Por María Puente Flores
August 2023
De todas las preguntas sobre la faz de este planeta, hay una que todas las culturas del mundo se han hecho: ¿Cómo fue creada la tierra y cómo fuimos creados los humanos? La siguiente narración responde a esta pregunta desde la cosmovisión de la nación K'iche, de los territorios que hoy conocemos como Guatemala y Yucatán. Al compendio de historias sagradas que relatan la cosmogonía del pueblo K'iche y las hazañas de sus héroes se lo llama el Popol Vuh, “el libro de la comunidad”. Se dice que el Popol Vuh se terminó de redactar aproximadamente en 1554 – después de la conquista – y sólo algunas de estas historias sagradas se lograron preservar ante la llegada del hombre blanco. Por milenios, las historias se resguardaron en la memoria del pueblo K'iche y se transmitieron de forma oral desde antes del 1600 a.d.e.
En ese momento todo estaba vacío, inmóvil y suspendido en calma y en silencio. No existía ningún humano, animal, planta o piedra. Lo único que había era el cielo y el agua reposando sola y tranquila. No había nada que tuviera existencia. En esta noche de oscuridad donde solo había inmovilidad y silencio, Gucumatz y Tepeu que eran unos sabios pensadores estaban rodeados de claridad en el agua y ocultos debajo de plumas azules y verdes. Cuando llegó la palabra Gucumatz y Tepeu comenzaron a hablar, consultando entre sí, meditando, y poniéndose de acuerdo para unir sus pensamientos y palabras. Entonces con esa claridad manifestaron que cuando amaneciera tendría que iniciar el nacimiento de la vida y la creación del humano. 

Gucumatz y Tepeu dijeron: ¡Que esta agua desocupe el espacio y que el vacío se llene! Fue por eso que primero formaron la tierra con sus montañas y sus valles. Así comenzaron a fluir los arroyos entre los cerros. Después se preguntaron: ¿Pero solo habrá inmovilidad y silencio debajo de las plantas y los árboles? Entonces, invocaron a los guardianes para estos montes y así inventaron todo tipo de animales grandes y pequeños como pájaros, venados, leones, y serpientes. A cada animal le dijeron lo que tenía que hacer y le destinaron un lugar para vivir. Según la variedad de la especie, cada animal produjo un sonido diferente. Sin embargo, cuando Gucumatz y Tepeu les pidieron a los animales que nombraran a sus creadores para agradecerles de sus existencias, se dieron cuenta de que no podían pronunciar sus nombres. Por eso los condenaron a ser comidos y decidieron que iban a crear otros seres que fueran obedientes y respetuosos. 

Gucumatz y Tepeu dijeron: ¡A probar de nuevo! Y así fue como comenzaron a intentar la creación del humano. Agarraron un poco de lodo de la tierra para hacer la carne del humano. Observaron que el humano de barro se deshacía dentro del agua porque era muy suave y no tenía nada de fuerza para moverse. No podía ni siquiera mover su cabeza para voltear hacia atrás y sus ojos no veían. Al principio sí hablaba, pero sin entender nada. Entonces decidieron deshacer al humano de barro. Se preguntaron: ¿Cómo haremos para perfeccionar nuestra creación? Lo siguiente fue labrar a los humanos de madera. Estos humanos hablaban y comenzaron a poblar la tierra con muñecas y muñecos de palo. No tenían sangre y sus pieles eran secas y amarillas. Ninguno tenía ni alma ni entendimiento y por eso andaban gateando y sin dirección. Tampoco se acordaban de quienes eran sus creadores. Entonces hicieron que cayera un diluvio sobre los humanos de madera y los destruyeron con una inundación.

Faltaba poco para que el sol, la luna y las estrellas aparecieran sobre Gucumatz y Tepeu cuando descubrieron cómo iban a hacer al humano. El gato, el coyote, la cotorra y el cuervo les dieron la noticia de las mazorcas amarillas y blancas. De la masa de maíz se hizo la sangre y la carne del humano. Así fue como surgieron los primeros cuatro humanos que son los padres y madres. Estos humanos de maíz dijeron: “Estamos muy agradecidos de haber sido creados, de tener una cara y una boca para hablar. ¡Podemos escuchar, pensar, caminar y sentir perfectamente todo lo que está cerca y lo que está lejos!” Esto último no les pareció bien entonces les soplaron un poco de vapor en los ojos para que sólo pudieran ver claramente lo que estaba cerca, y por eso los humanos no poseen toda la sabiduría.back to top

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