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Sala de conciertos en español

Por Laura Andrea Pérez Rangel
December 2021
La historia ha impregnado a las artes, a sus espacios e instituciones de tintes elitistas, haciéndolas ver inaccesibles para el público que quizás no está demasiado acostumbrado a ellas. La música sinfónica tiene sus orígenes en el mecenazgo y en la riqueza, y a pesar de que podría alcanzar una mayor diversidad y variedad en cuanto a su audiencia, las instituciones encargadas de realizar estos cambios aún están adaptándose a esta realidad. 
No sé si alguna de las personas que leen esto haya visto a una orquesta en vivo, pero les digo que no es necesario tener una formación previa o alguna conexión con la música sinfónica para poder disfrutarla. La sala de conciertos −y en realidad cualquier recinto cultural− debería sentirse como un lugar abierto para todos, y ese es el mensaje que quiero transmitir.

Es raro ver posters o anuncios en español en centros culturales como lo son las salas de conciertos y los museos. Es como si se supusiera que no hay hispanohablantes en estos espacios, o que no son espacios abiertos a clientes hispanos, cuando el español es el segundo idioma más hablado en Estados Unidos, con 42 millones de hablantes. Es por eso que la sala de conciertos debe dejar de ser intimidante para su público y comenzar a ser accesible para otras generaciones y audiencia, y eso se puede lograr por medio de la creación de estrategias para la diversificación, tanto de su público como de lo que se presenta en el escenario. Los espacios culturales deben abrirse a la comunidad, especialmente a nuestros vecinos, a lo local, y lo local incluye a una vasta comunidad de hispanohablantes.

La revista La Voz ha estado apoyándome significativamente para que la invitación de nuestros dos últimos conciertos llegue a la población hispana del Valle del Hudson, ejercitando la justicia del lenguaje, que es uno de sus pilares fundamentales como organización. Usar posters en español para promocionar cualquier evento es reconocer la existencia del prójimo y conectar con lo cercano, con una comunidad que está interesada por este tipo de eventos, como nos hemos dado cuenta con la serie de conciertos en español que hemos estado presentando con La Voz.

Con respecto a lo que se presenta en el escenario: hay un montón de trabajo por hacer, y puede llegar a ser difícil retar las rígidas estructuras de lo que se debe y no se debe enseñar o hacer en una institución tan canónica como lo es el conservatorio, pero es un trabajo que las nuevas generaciones de músicos se están encargando de realizar. 

Bard College ha sido un buen lugar para empezar estos cambios: La Iniciativa de Mentores Musicales, liderada por Blanche Darr y Aleksandar Vitanov, es uno de los mejores ejemplos que hay al respecto, al empoderar futuras generaciones de músicos. Esta iniciativa brinda clases individuales gratuitas junto a un equipo de estudiantes voluntarios del conservatorio de Bard.

Agradezco a la revista La Voz, Ann Gabler y Tricia Reed por el apoyo logístico que hizo posible dar entradas de cortesía a algunos miembros de la audiencia que nos acompañaron en los conciertos de Mahler y Los Planetas y agradecer al Conservatorio de Bard por apoyar las iniciativas de sus estudiantes, que al fin y al cabo serán los músicos del mañana. 

Nosotros como músicos ofrecemos nuestro arte y nuestro espíritu, para que el público salga de la sala de concierto renovado y con una experiencia grata, y ustedes como público son el sustento y el propósito de nuestra profesión. Por ende, es importante realizar este tipo de alcance: el local, el del público que siente una conexión con su orquesta, y nuestro público es inherentemente diverso, y es nuestro deber como entes culturales el adaptarnos a esa realidad. 

*Para más información sobre la Iniciativa de Mentoría Musical de Bard, escribir un correo a lp3158@bard.edu
 


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