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Decil I: La última en ser la primera

Por Fernando Salas
November 2020
decil. La palabra decil no está registrada en el Diccionario.
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decil. En estadística descriptiva, el concepto decil refiere a cada uno de los 9 valores que dividen un juego de datos (clasificados con una relación de orden) en diez partes iguales, y de manera que cada parte representa un décimo de la población.
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Verónica tomó el acordeón de las endebles manos de su maestro, y tocó lo que había preparado para conmemorar el momento más feliz de su vida. Poco importaba lo que dijeran los abuelos; ahora ella sería la cantora de la villa y formaría a las cuatro familias ahí reunidas con un cóctel de reformas que incluían nuevas melodías y letras más progresivas. Nuevos aires soplaban por las rancherías, como lo auguraba la presencia del apuesto instalador de la antena 5G que por fin dominaría la sierra.

La cantante deleitó al público con tres piezas del estilo local, y para cuando fue evidente que toda la noche se iban a estar tocando estas tonadas, el invitado se retiró para regresar con sus bocinas. “¿No te sabes una de estas?” preguntó ingenuamente, mientras presenciaba la primera vez que se oía un narcocorrido en ese perímetro. “¡Sí, tenemos la de Pepe Conchas!” comentó un primo de Verónica con orgullo. “José Cuernos”, que relataba las andanzas del reconocido misógino de la casa del fondo no formaba parte del repertorio que la guardiana del patrimonio cultural pretendía preservar. En su lugar, la intérprete tocó alguna melodía picante para complacer a su huésped, que no pudo evitar despedirse dos canciones después para seguir oyendo su música en paz.

Entonces pasó lo que no se había visto en los 300 años de tradición: uno a uno, los jóvenes fueron abandonando la fogata, independientemente de que la música y el ambiente fueran los mismos que siempre hechizaron a la comunidad entera hasta el amanecer. La ceremonia continuó con regularidad, pero la fiesta se mudó alrededor del celular de Efrén, donde la sangre nueva tuvo la oportunidad de expandir sus horizontes en torno al empleo de la violencia y la objetivación de la mujer. Vero no se dejó distraer por las carcajadas que infestaban sus interpretaciones, aunque por dentro fue taladrada por la duda de si le había parecido fea al “ingeniero”. El día más feliz de su vida terminó en llanto, y lo único positivo de esto fue que se trataba de lágrimas de coraje, de alguien dispuesta a dar la lucha.

La siguiente tarde, la artista salió a responder fuego con fuego: se plantaría en la puerta del técnico para llevarle una serenata que lo pondría de rodillas por no haber reconocido la riqueza de esta tradición y el encanto de su intérprete. En efecto, Efrén pausó sus actividades al oír el acordeón, y cuando descubrió a la música le dijo juguetonamente “¿nunca te cansas de siempre lo mismo?” y entonces la invitó a ver una serie.

La bancarrota de su serenata la hundió en un periodo de depresión; de ahora en adelante su canto sólo sería otro más entre su propia gente, se lo habían dicho los ojos de Efrén. Esta vez Verónica lloró de desesperación, como si un bebé de 200 años hubiera muerto en sus entrañas.

No tomó mucho para que todos adquirieran su celular y se cultivaran con las tonadas de Calibre 68. Uno de esos días, el anterior cantor de la villa murió. Los mayores hicieron notar la coincidencia entre su desaparición y el estado de marginación de la tradición; definitivamente una mujer nunca debió haber usurpado ese puesto. Verónica por su parte se sintió por fin liberada; inclusive dejó el polvoriento acordeón en manos de quien fuera su maestro. Después recitó unas emotivas palabras y regresó a grabar su vlog de maquillaje por medio del cual pretendía impulsar una revolución cosmética.

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