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Su dinero

Moneda de liberación, moneda de comunidad

Por María Julia Hernández Sáez
February 2020
Durante un periodo de ocho días en San Juan, Puerto Rico, se vivió una imagen cotidiana y única. Cotidiana en el sentido de que eran personas haciendo fila para sacar dinero de una ATH o ATM. Única porque eran cientos de personas que se emocionaban al recibir el dinero, a veces hasta el punto de las lágrimas. La larga espera no la hacían por lo que pudiesen comprar con este dinero, sino por el dinero como tal. Y es que éste no era cualquier dinero, era un símbolo cultural y esas lágrimas representaban el orgullo cultural de la nación puertorriqueña.
Ocurrió durante la presentación del proyecto “Valor y Cambio”, creado por la artista, cineasta y literata Frances Negrón-Muntaner. Como explicó en la charla a la que asistí en Bard College en noviembre, este proyecto consistió en desarrollar billetes inspirados en figuras importantes de la cultura puertorriqueña para combatir la falta de confianza entre los puertorriqueños y provocar que reconsideraran qué valoran realmente. Tenía un enfoque artístico-cultural, no económico, y los participantes se afiliaban al proyecto como un tipo de reivindicación nacional, para adquirir riqueza cultural, no económica.
Pero el aspecto económico de un sistema de moneda es innegable, y su creación sí fue en parte inspirada por la crisis económica en Puerto Rico. Como dice Negrón-Muntaner, “Puerto Rico no tiene una crisis de deuda, tiene una crisis de austeridad”. En 1996 Puerto Rico comenzó un periodo de 10 años de eliminación gradual de exenciones tributarias, lo cual hirió el desarrollo de la empresa privada. En respuesta, el gobierno comenzó a vender bonos buitres, vendiendo sectores de la economía puertorriqueña a empresas e individuos con intereses privados. Esta práctica llevó a la implosión de la crisis fiscal, pero como Puerto Rico se considera un “territorio no-incorporado” por el gobierno estadounidense, no puede declararse en quiebra y está obligado a pagar la deuda como prioridad. Negrón-Muntaner reconoce este método como el modelo estadounidense de “nueva extracción de capital colonial: deuda”. Entre lo más preocupante, “esta nueva modalidad de capital no necesita puertorriqueños”, llevando al concepto de “isla vacía”, es decir, tanto la economía como el gobierno puertorriqueño trabajan solo para pagar la deuda y no para sus habitantes.
Parte de lo que inspiró el proyecto fue la falta de confianza que Negrón-Muntaner notaba en la sociedad puertorriqueña hacia las plataformas mediáticas, gubernamentales y hasta entre las personas. El proyecto fue reformulado después del huracán María por la falta del apoyo gubernamental durante el desastre, el pueblo puertorriqueño desarrolló una economía solidaria en sus comunidades y las personas sobreviven “practicando la economía de intercambio”. Los puertorriqueños son capaces de subsistir económicamente independientes de la economía colonial capitalista que los llevó a la crisis. Negrón-Muntaner se preguntó “¿Cómo adquiere valor el dinero? ¿Puede ser destructivo?” y concluyó que el dinero, en esencia, sirve para “facilitar las relaciones entre personas”.
Al reclutar a negocios participantes para el proyecto, Negrón-Muntaner notó que nadie había escuchado hablar del concepto de una “moneda social” antes pero que todos lo entendieron de inmediato. En plena crisis económica y a pesar de que se les informaba que podrían perder dinero y tiempo por ocho días, la mayoría de los negocios accedieron a participar. La selección de las personas que irían en los billetes se basó en cuatro valores: la equidad, la solidaridad, la justicia y la creatividad. También hicieron una máquina de ATH llamada VYC (Valor y Cambio) para que fuera una experiencia física.
Para conseguir los billetes de la máquina las personas tenían que contestar la pregunta ¿qué valoras? El proyecto fue un éxito y las personas esperaban horas para obtener los billetes, conmoviéndose al contestar la pregunta, en ocasiones hasta lágrimas. Surgió lo que Frances Negrón-Muntaner reconoce como “felicidad decolonial”, “la posibilidad de un futuro diferente, uno en el cual ni la colonia ni el colonialismo pueden definir la felicidad”. Negrón-Muntaner presenció esta felicidad en “el momento exacto cuando el participante recibió el billete, particularmente por el que había esperado”. Uno de los participantes, Eduardo Paz, maestro afro puertorriqueño, esperó por el peso de los hermanos Cordero y dijo: “Esto representa quien soy”, expresando una valoración dual, “el mundo valoraba lo que él valoraba y, por ende, el mundo lo valoraba a él”, explicó la artista.
Las personas le agradecían, no su esfuerzo sino su felicidad. Negrón-Muntaner adjudica esto a un dolor triple de la sociedad puertorriqueña causado por la austeridad, el huracán María y la emigración masiva. Se ha hecho importante “compartir no sufrimiento, sino felicidad.” Más de mil participantes no utilizaron sus billetes, y los participantes decían que era porque los billetes eran bellos, los veían como algo que mantiene “la identidad y el orgullo cultural” y los liberaban del capital colonial, ya que “el dólar es visto como colonizante”, explicó Negrón-Muntaner. Notó que tanto la esperanza, orientada hacia el futuro, y la felicidad, orientada hacia el presente, surgieron a la vez. Este sentimiento persistió en algunos de los participantes, con la comunidad puertorriqueña Caño Martín Peña lanzando su propia moneda social (la primera en Puerto Rico) solo meses después del proyecto.
Negrón-Muntaner no creó el proyecto con la intención de crear una alternativa económica sustentable al dólar estadounidense en Puerto Rico sino como “una forma de empezar una conversación” y considera que la sustitución de una moneda con otra no logra solucionar los problemas de necesidad y desigualdad en la sociedad, pero al valorar la experiencia envés del dinero se dio una liberación que ella llama felicidad decolonial. Pronto habrá una película sobre el proyecto.


Abundancia en el Valle del Hudson

En nuestro propio Valle de Hudson hay una moneda social enfocada en fortalecer las conexiones en la comunidad y proveer tanto a negocios como individuos la libertad de desenvolverse económicamente de manera local y darle al Valle de Hudson la oportunidad de generar ganancias que se mantengan en el valle y beneficien directamente a nuestras comunidades. El dinero intercambiado del “Hudson Valley Current” se queda circulando en la economía local y resulta en el desarrollo de la economía local.

A diferencia de Valor y Cambio, “Hudson Valley Currents” tiene un enfoque económico envés de artístico-cultural. Al entrevistar a Chris Hewitt, el cofundador y director ejecutivo de la moneda, descubrí la magnitud del impacto de esta moneda y cómo funciona dentro de nuestras comunidades. Hewitt se inspiró a comenzar esta moneda para “Ayudar a la gente a ser más exitosa, revelar abundancia e inspirar a compartir y preocuparse por la comunidad”.
Con el objetivo de lograr resiliencia económica local, Hewitt cuenta cómo creo esta moneda. “Trabajando con un grupo de fundadores, empezamos a juntar a nuestros primeros miembros con nuestras redes sociales existentes. Algunos de los primeros miembros fueron auspiciadores ya que es importante tener algo que comprar. Cada miembro trae gente con ellos. Hoy en día tenemos alrededor de 400 miembros y casi 1 millón de “currents” se intercambiaron en los pasados siete años” narra Hewitt.

Para futuros participantes, Hewitt habla de la importancia de juntarse como comunidad, de su enfoque híper-local, para que el dinero se mantenga en la comunidad la mayor cantidad de tiempo posible y “esta moneda lo garantiza”. Es el efecto multiplicador perpetuo, dice Hewitt y explica que hace seis meses contrató a una profesora de economía de Bard College, Leanne J. Ussher, para que hiciera un Análisis de la Red de “Hudson Valley Current”. Analizó la información acumulada en siete años y su análisis ilustró este efecto multiplicador perpetuo. Hay cinco grupos de afinidad que se apoyan mutuamente.

Esta moneda no es solo virtual, desde octubre que ya tienen billetes que se pueden obtener en las oficinas del Hudson Valley Current en Kingston. Entre las aspiraciones, Hewitt quiere expandir la moneda a más condados en el Valle del Hudson. Ahora mismo están en Ulster y Dutchess, y acaban de expandirse a Columbia, y tienen cinco miembros en Sullivan y Orange. “Queremos que a donde sea que vayas veas un letrero de “Hudson Valley Current” en la ventana” sueña Hewitt.

Según Hewitt, “Hudson Valley Current” es la moneda local con el crecimiento más acelerado mundialmente. “Hudson Valley Current” cuenta también con la publicación “Livelihood Magazine”, una guía de la economía local, y con la campaña “Satisfy Hunger”, una iniciativa local para la seguridad alimenticia. Como dicta la ley federal, un “current” equivale a un dólar y paga impuestos. 10% del salario de Chris Hewitt es pagado en “currents” (su objetivo es que le paguen 90% de su salario en “currents”) y por lo menos otras diez personas reciben parte de sus salarios en “currents” también. Los miembros utilizan “currents” para pagar la renta, hacer compras y en sus vidas diarias.

Puedes vivir tu propia felicidad decolonial a través de los “Currents” y de una vez apoyar la economía local. Para saber más sobre Hudson Valley Current y cómo participar visita hudsonvalleycurrent.org.back to top

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