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Cuento

Deciloquios mexicanos
 

Decil VII: El Jaime Nunó de los narcocorridos
 

Por Fernando Salas
November 2019
decil. La palabra decil no está registrada en el Diccionario. Real Academia Española © Todos los derechos reservados
decil. En estadística descriptiva, el concepto decil refiere a cada uno de los 9 valores que dividen un juego de datos (clasificados con una relación de orden) en diez partes iguales, y de manera que cada parte representa un décimo de la población.
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Ángel tenía muchas razones para estar esperanzado: recién se había titulado, llevaba tres medallas de composición, y ahora lo llamaba su primo, que acababa de ser elegido delegado. “...Veo que fuiste el primer lugar en Ciencias del Medio Ambiente”, dijo su primo, “por eso tú vas a ser el encargado del camión de la basura [...] ¿O séase que pa´cuándo te mudas? ya también te elegí para que toques en las fiestas del pueblo...” Ángel no oyó más; así, de decreto, había sido ascendido al séptimo decil.

Para el primer mes de trabajo, ya tenía un programa de separación de basura muy vanguardista. El equipo recibió el mensaje con indiferencia, pero Ángel logró que se obtuviera el 33% de sus objetivos. Luego se reunía con la banda del anterior primo del delegado para preparar las fiestas del pueblo. Y la noche que por fin tocaron, el espectáculo fue avasallador. Ángel resultó ser muy buen maestro de ceremonias, y sus composiciones prendieron a la juventud como no se había visto desde los tiempos de los Demoledores de la Sierra. Ahora los mayores silbaban sus melodías y las muchachas lo perseguían. Pero Ángel sólo aprovechó para avanzar una propuesta de reciclaje, y el resto del tiempo se encerró con la intención de sacar la letra de su repertorio.

El 15 de septiembre, su primo intercaló entre los vivas al programa de reciclaje y los temas de Ángel. Éste montó al kiosko con su banda, entre cohetes y brassieres, y cuando arrancó con el primer número, la plaza se congestionó. Entonces Ángel empezó a cantar. A los primeros versos, la gente rió; pero cuando llegaron al coro, bastantes parejas sintieron escalofrío, otras dejaron de bailar. A la tercera canción, el trombonista tiró su instrumento y la banda se dispersó.

Al día siguiente, la gente no colaboró con Ángel para separar la basura, y sus compañeros no lo ayudaron a alcanzar más allá del 10% de los objetivos. Nadie se presentó a los ensayos, y las groupies ya no se asomaron. Ángel aprovechó para llorar: no estaba muy contento con su trabajo; no estaba muy cómodo en el pueblo. El sobrino del delegado anterior reagrupó su banda para ensayar las melodías que habían aprendido con Ángel; sólo cambió la letra de amor entre hombres por una que invitara a la violencia, el consumismo y la cosificación de la mujer. El éxito fue rotundo; ¡los Demoledores estaban de vuelta con sus populares narcocorridos!
 
El día que la inspectora de salubridad visitó, no notó nada inusual en la recolección: el personal estaba ausente, la basura no se separaba, las rutas eran irregulares y las zonas marginadas no eran atendidas. Sólo advirtió una conducta que anotó en sus observaciones: cada día, Ángel rescataba los periódicos para marcar las notas en las que hallaba historias como la suya; “historias de represión” se alcanzaba a leer en el fólder. Pretendía recolectar una hemeroteca que atestiguara todas las vidas que se iban arruinando, todas las carreras que se iban destruyendo, por las necedades que se fueran dando. A los dos meses, Ángel recibió una carta de CONACULTA donde lo felicitaban por su trabajo y le asignaban “la Subgerencia de Intendencia de Bibliotecas Municipales en la demarcación...” Ángel no leyó más; así, de decreto, había sido reascendido al séptimo decil.

@tlilcuauhtli
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