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Libertad de expresión ¿pero a qué precio?

September 2006
Las leyes sobre desfiles en el estado de Nueva York recibieron mucha prensa últimamente. Durante los primeros días de mi pasantía con el Centro Legal de los Trabajadores de Nueva York, (WRLC según sus siglas en inglés) comencé a trabajar en un caso apasionante relacionado con el artículo § 14-13(a) del código de la ciudad de Poughkeepsie, conocido como la ordenanza sobre desfiles.
El 1 de mayo de 2006 la ciudad de Poughkeepsie se sumó a la tendencia de la ciudad de Nueva York y de otras áreas en todo el país: el uso de ordenanzas sobre desfiles para suprimir la libertad de expresión y el derecho de asamblea. Ese día histórico varias organizaciones locales, como la Asociación Hispana Benito Juárez, el Comité Latino de Poughpeesie, el WRLC basado en Kingston y la Coalición de Planeamiento del 1 de Mayo de Vassar College, ayudaron a organizar un mitin permitido como parte del evento “Un día sin inmigrantes” que tuvo lugar en todos los Estados Unidos. El propósito del mitin pacífico y concurrido era exigir que el Congreso aprobara una ley que facilitara el camino a la ciudadanía, así como oponerse al proyecto de ley aprobado por la Cámara de Representantes que haría de la presencia ilegal de inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos y el proporcionarles servicios un delito grave.

A pesar de que la concentración fue bien publicitada, la citación policial de la activista local Chandra Russo por supuestamente ayudar a organizar un desfile sin un permiso desde Vassar College hasta el Parque Waryas en la ciudad de Poughkeepsie no lo fue.

 A Russo se la acusa de haber violado la ordenanza sobre desfiles de Poughkeepsie, ordenanza que establece que: “Ninguna persona realizará, dirigirá o de otra manera participará de un desfile, reunión, asamblea o manifestación, a menos que tal desfile, reunión o manifestación haya sido autorizada con permiso por escrito por el Jefe de la Policía”.
 
La ordenanza parece bastante inofensiva, pero como sostiene el WRLC, es inconstitucionalmente imprecisa y general, y tiene el innegable efecto perjudicial de enfriar la libertad de expresión. Cuando las normas y reglamentos no son claros, la gente no sabe cuáles son los comportamientos que constituyen una conducta ilegal, y por consiguiente se abstienen de tomar parte en conductas legales por miedo a enfrentarse a castigos penales. Es más, cuando se considera el caso de Russo junto con los cambios propuestos en las normas sobre desfiles de la ciudad de Nueva York, así como las pruebas de que la negación de permisos durante la Convención Nacional del Partido Republicano de 2004 fue motivada políticamente, los alegatos contra Russo deberían ser causa de preocupación.
 
A noventa millas de Poughkeepsie, en la ciudad de Nueva York, la reciente victoria legal de la organización ambientalista, Time’s Up!, fue que la que la Corte Suprema del estado, condado de Nueva York, dictaminó negar la moción de requerimiento judicial preliminar presentada por la ciudad para detener el paseo mensual en bicicleta Critical Mass a menos que se emitiera un permiso. El dictamen fue aclamado “una gran victoria por la libertad de expresión y el derecho de asamblea”. Cinco meses después de esta victoria, sin embargo, el Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) propuso un cambio en las normas que interpretan la ley sobre desfile de la ciudad de NY. Según la Unión para la Libertades Civiles de Nueva York (NYCLU), “las reglamentaciones propuestas ampliarían drásticamente la definición del NYPD de desfile e incluiría cualquier grupo de 35 o más personas que deseen marchar por las aceras públicas o cualquier grupo de 20 o más ciclistas que quieran pasear juntos por las calles públicas… Las marchas en la acera y las procesiones legales de vehículos son actividades que nunca antes necesitaron permisos”. Quizás lo más inquietante de los cambios propuestos es que cualquier grupo de dos o más ciclistas o peatones que violen alguna norma o ley de tráfico puedan ser arrestados por desfilar sin permiso.
 
Cuando las regulaciones sobre permiso de desfile son inconstitucionalmente vagas y les falta un criterio objetivo para su denegación, como expone el WRLC respecto a la ordenanza sobre desfiles de la ciudad de Poughkeepsie en el caso Russo, es difícil responsabilizar a los funcionarios de la ciudad por la negación de un permiso motivada por causas políticas. Por ejemplo, en un artículo reciente en el New York Times, Diana Cardwell informó que la negativa de funcionarios de la ciudad de permitir una concentración en el Great Lawn del Central Park de Manhattan durante la Convención Nacional del Partido Republicano de 2004 tuvo motivos políticos, a pesar de la aparente preocupación por el césped y una adecuada protección policial. Correos electrónicos internos y testimonios indican que “los funcionarios estaban en efecto motivados por preocupaciones políticas sobre qué papel jugarían las protestas mientras que los delegados republicanos estaban en la ciudad, y cómo afectarían esos eventos en la campaña de reelección del alcalde al año siguiente”. Dado que la ordenanza sobre desfiles de Poughkeepsie es aún más vaga que la ley de la ciudad de Nueva York, es susceptible a un uso incorrecto similar. Según la ordenanza demasiado general, si a la ciudad de Poughkeepsie no le gusta el mensaje de una manifestación, puede negar el permiso a realizarla.
 

Los Estados Unidos tienen una fuerte tradición tanto de reprimir como de fomentar la libertad de expresión y el derecho de asamblea. La manera como reaccionemos a las acusaciones contra activistas locales, a los cambios en las normas sobre desfiles y a las historias de corrupción tendrá sin duda un efecto tanto inmediato como duradero. Incluso si el Tribunal de la ciudad de Poughkeepsie reconoce la inconstitucionalidad de la ordenanza sobre desfiles y falla a favor de Russo, los cambios propuestos por el NYPD deberían ser una advertencia de que la lucha por la libertad de expresión y el derecho de asamblea está lejos de haberse terminado.

* Brenna Sharp is pasante en el WRLC de Kingston, creció en Elleville, NY y volverá a la ciudad de NY en el otoño para cursar su último año en la New York Law School.

 
*Traducción de Mariel Fiori
 
 
 

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