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Opinión

Reforma de Inmigración y Guerra en Irak

Un sancocho político

May 2007

El año pasado hubo grandes movilizaciones de inmigrantes y sus aliados en todo el país que crearon expectativa de que su impacto en el congreso sería positivo, pero no fue así. Hay quienes dicen que gracias a esas manifestaciones el Senado no aprobó la propuesta de ley de Sensenbrener, que presentó y logró que se aprobara una propuesta anti-inmigrante en la Cámara Baja. Quizás sea cierto, pero el contexto político actual no ofrece mucho para una reforma migratoria que favorezca a la gran mayoría de los inmigrantes. Este es un breve análisis de este contexto político nacional.

Primero tenemos que detenernos en la guerra en Irak. Hace algunos meses se comenzó a decir en los medios de comunicación, ya fueran miembros de la administración o comandantes del ejército y críticos, que la guerra no se estaba ganando militarmente. Algunos han declarado que no hay salida militar al conflicto, sino que se tiene buscar una salida política. El pueblo norteamericano comenzó a convencerse de esto. Las elecciones de noviembre fueron un castigo a esta administración: los republicanos perdieron las dos cámaras del congreso y la popularidad del presidente bajó a un puntaje record en toda la historia de los presidentes norteamericanos. Un mensaje serio del pueblo norteamericano contra la guerra.

 

Esto nos obliga a detenernos y reflexionar más sobre la guerra y su impacto en la población: cuando el país está en guerra, el nivel de aceptación y popularidad del presidente sube; y si se está ganando la guerra, sube más. Esto sucedió al principio de la guerra en Irak, cuando había un espíritu de victoria y el presidente anunció que la misión estaba cumplida. Pero al comenzar a perder la guerra su aceptación y popularidad comenzaron a bajar. El pueblo norteamericano, al saber que la guerra no se puede ganar porque así lo dicen los expertos, quiere otra opción. El presidente y su gente no la quisieron buscar, sino que optaron por escalar la guerra, sumando más de veinte mil efectivos, con la idea de ganarla y así mejorar la imagen del presidente.

 

Esta escalada no ha dado los resultados esperados y su nivel de aceptación y popularidad continuó bajando, y la guerra continúa escalando. Más soldados estadounidenses mueren todos los días, no se sabe cuántos iraquíes han muerto (parece que esto no les interesara ni a los medios ni a la administración), se habla de más de dos millones de refugiados externos e internos. A este infierno de muerte no se lo trata de apagar con agua sino con gasolina. Es un altar al dios de la muerte que no se quiere abandonar.

 

Segundo, la posición de esta administración se parece a la de los ideólogos y economistas del difunto presidente Reagan, que cuando la economía de mercado no mejoraba con su política económica, argumentaban que se necesitaba más mercado, más competencia. La guerra de Irak parece ahora encajar dentro de esta posición: la guerra no se está ganando porque se necesita más guerra. Hay que enviar más soldados para que hagan más guerra y la terminen, sino no se gana.

 

Tercero, el presidente no solamente ha perdido apoyo del pueblo norteamericano, sino también el de los políticos republicanos. Esto tiene un efecto en la política interna y particularmente en lo que respecta a inmigración. Los republicanos conservadores y ultra-conservadores que le habían brindado todo su apoyo al presidente en su política exterior y con la guerra de Irak, ahora están molestos y preocupados. Perdieron en las elecciones pasadas y las futuras. Ya se pronostica la llegada de un presidente demócrata a la Casa Blanca.


Todo en su contra

El descontento del pueblo recae en el presidente y su administración. Un presidente con una calificación tan baja necesita el apoyo de sus partidarios pero ahora no tiene poder para negociar, está en una situación vulnerable. Pero son los conservadores republicanos los que tienen el poder de negociar con el presidente y también con los demócratas. El presidente necesita más de ellos que ellos de él. ¿Por qué? Porque un presidente también es el líder del partido, republicano en este caso. Él es el termómetro de la política republicana. Si él goza de buena calificación, también se benefician los políticos republicanos, pero como anda bastante mal, los republicanos en el legislativo también andan mal, y van mal. Algunos se están distanciando de él y uniendo a los demócratas demandando más del presidente. La salud política del presidente tiene el efecto capitalista de “rebalse” económico (conocido en inglés como “trickledown effect”): se derrama la gracia o la maldición.

 

¿Qué impacto tiene esta situación para una reforma migratoria en el país? Hace años que el presidente habla de una “reforma comprensiva” de inmigración, y pareciera que sí la desea. También esperaba recibir el apoyo de su partido, de los legisladores republicanos, pero en el contexto actual no lo recibirá. Sólo si cede a las demandas de los conservadores y su posición anti-inmigrante podrá conseguir apoyo para una propuesta de reforma migratoria.

 

Mi tesis es la siguiente: si el presidente estuviera gozando de buena popularidad, en este caso, ganando la guerra —lamentable pero cierto— tendría más poder para negociar con los republicanos una reforma migratoria más flexible. Estos tendrían que acercarse a él y negociar desde una posición débil. El presidente llevaría las de ganar. Pero la situación es todo lo contrario: el débil es el presidente y quien debe ceder.

 

A esto habría que agregar la posición de muchos legisladores republicanos que no quieren una reforma migratoria, algunos por racistas, otros porque se benefician de ello en sus campañas y carreras políticas —entre más dura el debate, más oportunidades para ellos. Otros están dispuestos a negociar una reforma que no sea tan generosa sino punitiva, ya que ven a los inmigrantes indocumentados como criminales que han violado las leyes de este país, y no hay que compensarlos por ello. Y la posición más sólida y fuerte es la de los que ven en estos inmigrantes la mano de obra barata que necesita la economía de este país (los agricultores, por ejemplo). Por eso abogan por una reforma basada en contratos de trabajo (guests workers) en la que solamente la mano de obra que se necesita tenga la oportunidad de quedarse —una mano de obra vulnerable y desechable. 

 

Un futuro incierto para la reforma inmigratoria

Lo que tienen en común estos diferentes grupos republicanos es la posición de cerrarle a los inmigrantes todas las puertas que se pueda y dejar solamente una abierta: la de ellos. Y esta posición afecta a todos los inmigrantes, con documentos o sin ellos, porque a largo plazo quieren que sea más difícil para un inmigrante hacerse residente legal y luego conseguir la ciudadanía estadounidense, mantenerlos fuera de la política electoral y entre más en número y en tiempo, mejor para ellos. (Esto era parte de la propuesta de Senserbrener). Los cambios que se han dado en los trámites de inmigración reflejan esta posición: los precios han subido y el examen para la ciudadanía exige más conocimientos cívicos de quienes hacen la solicitud.

 

¿Qué le queda por hacer al presidente en esta situación y qué podemos esperar? Lamentablemente no soy muy optimista. Me atrevería a pronosticar dos cosas. Primero, que para completar su segundo período presidencial (le queda casi año y medio) lo único que puede hacer es sobrevivir —como aquel boxeador que tiene que aguantar en el cuadrilátero hasta el último round sin ser noqueado. El presidente venezolano Hugo Chávez comentó recientemente que George W. Bush ya es “un cadáver político”. Creo que todavía está sobreviviendo políticamente y con las dos cámaras en manos de los demócratas no puede hacer mucho. Ahora son los demócratas los que están dirigiendo la política interna y están a la ofensiva. El presidente y su administración tienen que dar cuentas de sus errores y los abusos de poder durante estos seis años. Va a pasar defendiéndose en el tiempo que le queda en el cuadrilátero, y al comenzar la campaña electoral del próximo año, todo, casi todo, quedará en segundo o tercer plano. Sin embargo, el tema de la guerra será la constante durante la campaña presidencial.


                                                                                                                                                    

¿Qué podemos esperar de los demócratas? No todos los demócratas están a favor de una reforma migratoria que favorezca a la mayoría de los doce millones que la necesitan. Entre los demócratas también existen conservadores como los republicanos que no necesariamente votarían por una reforma a favor de los inmigrantes. De esto no se dice mucho ya que se tiene la falsa idea que todos los demócratas siempre abogan por los hispanos porque son, en su mayoría, votantes demócratas. También están los que se quedan callados y se mueven de acuerdo al soplo del viento y del provecho que puedan sacarle al asunto, son oportunistas. Estos demócratas, con sus compadres republicanos, tienen el poder de parar o de avanzar cualquier propuesta de ley. Ahora tienen el poder (léase los votos) y de ellos depende, más que del presidente y de los líderes demócratas, que veamos algún cambio en las leyes de inmigración. Se están beneficiando de la angustia de los más de doce millones de inmigrantes y les conviene mantener el status quo hasta las próximas elecciones presidenciales. Así que esto es lo que yo llamaría un sancocho político.

 


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Comentario: Para los que estén interesados en saber cómo funciona la acción ejecutiva del presidente Obama en materia de inmigración que anunció el 20 de noviembre de 2014, favor de leer la información publicada por USCIS, la agencia de inmigración federal, aquí: www.uscis.gov/es/accionmigratoria
Posted: 11/25/2014