Cultura y noticias hispanas del Valle del Hudson
Ernesto Pedroso: Visitando espacios donde el tiempo no pasa
Por Camilo Rojas
July 2026 Nacido en Matanzas, Cuba en los años 70 y con una licenciatura en arquitectura del New Jersey Institute of Technology, una maestría en educación artística en el City College de Nueva York, Ernesto Pedroso tomó clases en el Art Students League, en Cooper Union y en la Universidad de Rutgers.
Háblame de tus comienzos.
Cuando tenía 7 años, mis padres vinieron a los Estados Unidos. Y establecimos residencia en Hoboken, New Jersey, porque ya teníamos familiares que vivían ahí. Fue donde me crié y adonde fui a la escuela y a la universidad. Desde que era muy pequeño, siempre me ha gustado pintar y dibujar. Mi mamá siempre me dibujaba; estaba muy enfocada en que yo hiciera lo que me gustaba. En la escuela secundaria empecé a tomar clases con una artista cubana llamada Dalia Condis. Sus clases reflejaban sus estudios en la escuela de San Alejandro, en La Habana, Cuba, que era muy tradicional. Estudié arquitectura y trabajé durante un tiempo como arquitecto. Años más tarde, dejé el trabajo de arquitectura y me puse a pintar retratos y a enseñar en una escuela secundaria, la High School for Math, Science and Engineering. Empecé a enseñar dibujo y arquitectura.
¿Cómo era la vida en Cuba?
La experiencia de haber salido tan temprano de Cuba, a los 7 años, es como un sueño, como si no hubiera sido una realidad. Pero me acuerdo mucho de los interiores de la casa donde vivía, porque pasaba mucho tiempo adentro. Yo tenía asma muy severa. Estaba muy a menudo en el hospital. Y le pedía a mi mamá que me llevara lápiz y papel para poder dibujar los muñequitos que estaban en las camas. Pasaba mucho tiempo dibujando. Mi familia decidió que quería irse de Cuba. Tuvieron que renunciar a su trabajo, decir que no estaban de acuerdo con el gobierno, y fue difícil porque mandaron a mis padres a trabajar en los campos de caña. En la escuela llevábamos un uniforme con un pañuelo rojo. Yo no podía ponerme pañuelo porque mis padres estaban en contra del gobierno. Era para que todo el mundo supiera que mis padres estaban en contra del gobierno. Pude salir con mi mamá y mis hermanas, pero no dejaron que mi papá viniera; él vino como 6 meses después.
¿Qué significa para ti ser latinoamericano?
Es muy interesante porque, a la vez, me siento muy parte de este país. De ser americano, lo más importante para mí es siempre seguir las tradiciones y la cultura y poder expresarlas en mi arte para mostrar quién soy en realidad. Es difícil explicar. Lo que uno siente es que vive dos vidas distintas. Aquí estoy, yendo a la escuela, a la universidad, hablando inglés; llego a casa, es completamente distinto de cómo viven mis amigos. Ahí comíamos comida hispana, hablábamos español y mi madre practicaba su religión. Y siempre me sentí dividido entre los dos mundos. Pero en el 2017 regresé a Cuba; fue como sentir: esta es mi tierra, aquí me siento en paz. Y fue muy bonito sentir esa conexión con un lugar, aunque hacía mucho tiempo que no lo había visitado. Lo interesante fue que no pensaba que me fueran a ver como extranjero, pero al hablar me decían que tenía un acento americano. Ya se me había ido el acento cubano. Entonces ellos me veían diferente, pero es el lugar donde me sentía bien, donde yo nací, donde yo viví. Y lo más interesante de eso es que las cosas en Cuba no cambian tanto como en este país. Algunas veces regreso donde vivía hace 30 años y ha cambiado muchísimo, pero cuando regresé a Cuba las cosas estaban casi igual a como las había dejado, y eso fue otra cosa muy interesante; la visita fue muy surrealista.
¿Qué te hace decidir dejar la arquitectura y meterte de lleno en el arte?
Cuando dejé la arquitectura, fue en un periodo económico malo y, para poder seguir con la arquitectura, habría tenido que irme a diferentes lugares. No había trabajos en arquitectura; las compañías te contrataban por un tiempo muy breve. Yo no quise hacer eso. Entonces conseguí un trabajo enseñando arquitectura y dibujo y decidí pintar.
¿Cómo fue esa transición?
Los retratos fueron un período en el que pude ganar bastante dinero haciéndolos. Hice retratos de muchas personas en Tennessee y en Australia. Para hacer retratos pagan muy bien, y eso fue una de las cosas que me gustaban, pero, a la vez, no me estaba dando mucho tiempo para hacer lo que yo quería. Me gusta seguir pintando personas, pero no necesariamente retratos.
¿Por qué llamas tu trabajo personal abstracto?
Lo llamo abstracto porque no me baso en la realidad que me rodea; lo hago a partir de lo que siento en ese momento. Tiene mucho del dibujo arquitectónico que yo hacía y, a la vez, también recuerdo algunas cosas que me vienen a la mente, como, por ejemplo, un recuerdo de un lugar que visité en Italia, pero exactamente no era; no fue dibujado a partir de una foto; está basado en recuerdos. No era tan específico ni tan detallado como con los retratos, sino más bien la idea de una persona en este mundo arquitectónico, como un paisaje, pero más surrealista que lo que hacía antes. La religiosa es una de las vírgenes o un abstracto de una de ellas. Me interesaba hacer no exactamente una imagen de una virgen, sino lo que yo sentía sobre lo que mi mamá había hecho con la ornamentación, ponerle una capa, un halo y usar el color más o menos que se asociaba con esa Virgen. Lo que más me importaba era la decoración que se había puesto a los santos, para cambiarla y combinarla con la de los dioses africanos.
¿Cuál es la diferencia entre hacer un retrato de una persona por encargo, y hacer una pintura personal?
En un retrato trato de plasmar el semblante de una persona. No solo las características, sino también quién es esa persona y tratar de plasmarlo en la pintura. Tiene que ver con mucha técnica, con muchas ideas, con un trabajo constante con la persona y con tratar de representar su esencia. La diferencia con lo que estoy haciendo ahora es que lo que hago viene de dentro de mí: es lo que siento, lo que quiero expresar y lo que quiero decir. Algo que quiero compartir, que quiero dar a la gente: algo que he vivido. No tengo que preocuparme mucho por si se parece a la persona; lo que más importa es lo que la otra persona vea en mi pintura, que genere una respuesta emocional.
¿Cómo es tu proceso?
Siempre empiezo dibujando. Hago muchos dibujos diferentes hasta que me sienta feliz con alguno; luego lo uso como referencia para hacer un cuadro más grande. A veces hago cuadros pequeños en óleo o acrílico, y así puedo ver qué cosas quiero cambiar y hacer diferentes versiones hasta convertirlos en cuadros más grandes. Cuando empiezo a hacer cuadros más grandes, también cambian muchas cosas porque me siento liberado. Creo que eso tiene un poco que ver con mi formación en arquitectura, en la que uno hace muchos dibujos, los sigue cambiando, hasta llegar a un momento en que estás realizando el edificio o la casa. El dibujo es una forma de expresar lo que tengo en la mente.
¿Qué son para ti esas pinturas que haces en reminiscencia o en homenaje a tu madre, sobre elementos de santería?
Es una pintura especial que hice porque, para mí, lo de la santería y lo del espiritismo siempre vienen con mucho misterio, como un secreto. En la santería, como en el halo que simboliza el catolicismo, los cuerpos significan lo natural, lo material. Es un mundo que no está exactamente definido; es abstracto. Los combino con algunas líneas que son como escritura, más bien africanas, que también simbolizan a los diferentes santos.
¿Y qué se siente ser un cubano de espíritu y estar en el Hudson Valley?
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Cuando tenía 7 años, mis padres vinieron a los Estados Unidos. Y establecimos residencia en Hoboken, New Jersey, porque ya teníamos familiares que vivían ahí. Fue donde me crié y adonde fui a la escuela y a la universidad. Desde que era muy pequeño, siempre me ha gustado pintar y dibujar. Mi mamá siempre me dibujaba; estaba muy enfocada en que yo hiciera lo que me gustaba. En la escuela secundaria empecé a tomar clases con una artista cubana llamada Dalia Condis. Sus clases reflejaban sus estudios en la escuela de San Alejandro, en La Habana, Cuba, que era muy tradicional. Estudié arquitectura y trabajé durante un tiempo como arquitecto. Años más tarde, dejé el trabajo de arquitectura y me puse a pintar retratos y a enseñar en una escuela secundaria, la High School for Math, Science and Engineering. Empecé a enseñar dibujo y arquitectura.
¿Cómo era la vida en Cuba?
La experiencia de haber salido tan temprano de Cuba, a los 7 años, es como un sueño, como si no hubiera sido una realidad. Pero me acuerdo mucho de los interiores de la casa donde vivía, porque pasaba mucho tiempo adentro. Yo tenía asma muy severa. Estaba muy a menudo en el hospital. Y le pedía a mi mamá que me llevara lápiz y papel para poder dibujar los muñequitos que estaban en las camas. Pasaba mucho tiempo dibujando. Mi familia decidió que quería irse de Cuba. Tuvieron que renunciar a su trabajo, decir que no estaban de acuerdo con el gobierno, y fue difícil porque mandaron a mis padres a trabajar en los campos de caña. En la escuela llevábamos un uniforme con un pañuelo rojo. Yo no podía ponerme pañuelo porque mis padres estaban en contra del gobierno. Era para que todo el mundo supiera que mis padres estaban en contra del gobierno. Pude salir con mi mamá y mis hermanas, pero no dejaron que mi papá viniera; él vino como 6 meses después.
¿Qué significa para ti ser latinoamericano?
Es muy interesante porque, a la vez, me siento muy parte de este país. De ser americano, lo más importante para mí es siempre seguir las tradiciones y la cultura y poder expresarlas en mi arte para mostrar quién soy en realidad. Es difícil explicar. Lo que uno siente es que vive dos vidas distintas. Aquí estoy, yendo a la escuela, a la universidad, hablando inglés; llego a casa, es completamente distinto de cómo viven mis amigos. Ahí comíamos comida hispana, hablábamos español y mi madre practicaba su religión. Y siempre me sentí dividido entre los dos mundos. Pero en el 2017 regresé a Cuba; fue como sentir: esta es mi tierra, aquí me siento en paz. Y fue muy bonito sentir esa conexión con un lugar, aunque hacía mucho tiempo que no lo había visitado. Lo interesante fue que no pensaba que me fueran a ver como extranjero, pero al hablar me decían que tenía un acento americano. Ya se me había ido el acento cubano. Entonces ellos me veían diferente, pero es el lugar donde me sentía bien, donde yo nací, donde yo viví. Y lo más interesante de eso es que las cosas en Cuba no cambian tanto como en este país. Algunas veces regreso donde vivía hace 30 años y ha cambiado muchísimo, pero cuando regresé a Cuba las cosas estaban casi igual a como las había dejado, y eso fue otra cosa muy interesante; la visita fue muy surrealista.
¿Qué te hace decidir dejar la arquitectura y meterte de lleno en el arte?
Cuando dejé la arquitectura, fue en un periodo económico malo y, para poder seguir con la arquitectura, habría tenido que irme a diferentes lugares. No había trabajos en arquitectura; las compañías te contrataban por un tiempo muy breve. Yo no quise hacer eso. Entonces conseguí un trabajo enseñando arquitectura y dibujo y decidí pintar.
¿Cómo fue esa transición?
Los retratos fueron un período en el que pude ganar bastante dinero haciéndolos. Hice retratos de muchas personas en Tennessee y en Australia. Para hacer retratos pagan muy bien, y eso fue una de las cosas que me gustaban, pero, a la vez, no me estaba dando mucho tiempo para hacer lo que yo quería. Me gusta seguir pintando personas, pero no necesariamente retratos.
¿Por qué llamas tu trabajo personal abstracto?
Lo llamo abstracto porque no me baso en la realidad que me rodea; lo hago a partir de lo que siento en ese momento. Tiene mucho del dibujo arquitectónico que yo hacía y, a la vez, también recuerdo algunas cosas que me vienen a la mente, como, por ejemplo, un recuerdo de un lugar que visité en Italia, pero exactamente no era; no fue dibujado a partir de una foto; está basado en recuerdos. No era tan específico ni tan detallado como con los retratos, sino más bien la idea de una persona en este mundo arquitectónico, como un paisaje, pero más surrealista que lo que hacía antes. La religiosa es una de las vírgenes o un abstracto de una de ellas. Me interesaba hacer no exactamente una imagen de una virgen, sino lo que yo sentía sobre lo que mi mamá había hecho con la ornamentación, ponerle una capa, un halo y usar el color más o menos que se asociaba con esa Virgen. Lo que más me importaba era la decoración que se había puesto a los santos, para cambiarla y combinarla con la de los dioses africanos.
¿Cuál es la diferencia entre hacer un retrato de una persona por encargo, y hacer una pintura personal?
En un retrato trato de plasmar el semblante de una persona. No solo las características, sino también quién es esa persona y tratar de plasmarlo en la pintura. Tiene que ver con mucha técnica, con muchas ideas, con un trabajo constante con la persona y con tratar de representar su esencia. La diferencia con lo que estoy haciendo ahora es que lo que hago viene de dentro de mí: es lo que siento, lo que quiero expresar y lo que quiero decir. Algo que quiero compartir, que quiero dar a la gente: algo que he vivido. No tengo que preocuparme mucho por si se parece a la persona; lo que más importa es lo que la otra persona vea en mi pintura, que genere una respuesta emocional.
¿Cómo es tu proceso?
Siempre empiezo dibujando. Hago muchos dibujos diferentes hasta que me sienta feliz con alguno; luego lo uso como referencia para hacer un cuadro más grande. A veces hago cuadros pequeños en óleo o acrílico, y así puedo ver qué cosas quiero cambiar y hacer diferentes versiones hasta convertirlos en cuadros más grandes. Cuando empiezo a hacer cuadros más grandes, también cambian muchas cosas porque me siento liberado. Creo que eso tiene un poco que ver con mi formación en arquitectura, en la que uno hace muchos dibujos, los sigue cambiando, hasta llegar a un momento en que estás realizando el edificio o la casa. El dibujo es una forma de expresar lo que tengo en la mente.
¿Qué son para ti esas pinturas que haces en reminiscencia o en homenaje a tu madre, sobre elementos de santería?
Es una pintura especial que hice porque, para mí, lo de la santería y lo del espiritismo siempre vienen con mucho misterio, como un secreto. En la santería, como en el halo que simboliza el catolicismo, los cuerpos significan lo natural, lo material. Es un mundo que no está exactamente definido; es abstracto. Los combino con algunas líneas que son como escritura, más bien africanas, que también simbolizan a los diferentes santos.
¿Y qué se siente ser un cubano de espíritu y estar en el Hudson Valley?
Después de trabajar durante mucho tiempo como maestro, me jubilé y decidí mudarme. Siempre había una conexión con el río Hudson, que ha estado cerca de mí desde que era chiquito en Hoboken, luego en Manhattan. Lo que estaba buscando en ese momento era más tranquilidad, y lo que nos dio fue ver esa belleza natural que hay aquí en el Hudson Valley, con las montañas y el río.
Para ver más de su arte, visita su página web: Ernestopedroso.com
COPYRIGHT 2026Para ver más de su arte, visita su página web: Ernestopedroso.com
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