Enmarcando la igualdad
Lo que las guerras por el matrimonio gay nos enseñan sobre la política del miedo
Por Adriana P Parada Campos
June 2026 La charla del profesor Omar Encarnación en Bard College mostró que Estados Unidos no es el centro del mundo en derechos LGBTQ, sino un caso atípico de reacción conservadora. Mientras países como España y Brasil avanzaban, aquí se construía un “pánico moral” que hoy, con el regreso de Trump, vuelve a amenazar a las minorías.“En este país hay la necesidad de la derecha en crear un enemigo, el crear una nueva amenaza”, explicó Omar Encarnación, profesor de política de Bard College, durante una charla reciente sobre su nuevo libro Framing Equality: The Politics of Gay Marriage Wars (Oxford University Press, 2025). “Ningún otro país creó este tipo de leyes, o mostró una reacción tan adversa”, agregó. Y no exagera.
A 25 años de que los Países Bajos se convirtieran en el primer país en legalizar el matrimonio igualitario (en 2001), hoy 41 naciones han dado ese paso, según un informe reciente del Pew Research Center. Pero el camino no ha sido parejo. España lo logró en 2005, como el tercer país del mundo. Brasil en 2013, y Estados Unidos llegó recién en 2015 con Obergefell v. Hodges.
Encarnación analiza tres casos clave en su libro: España, Estados Unidos y Brasil. Y encuentra algo sorprendente: la ferocidad de la reacción conservadora no depende solamente del nivel de homofobia previa, sino de cómo los activistas “enmarcaron” su lucha.
En España, saliendo de una dictadura franquista que reprimió brutalmente cualquier disidencia sexual, los activistas optaron por lo que Encarnación llama una “ciudadanía ética”. No pidieron migajas. Lucharon por el matrimonio igualitario en el mismo nivel que el heterosexual, sin crear figuras separadas. “Luchamos por lo que creíamos que merecíamos”, dijo un activista español citado por el profesor. Y a pesar de que la Iglesia católica se opuso, la reacción callejera fue mínima.
En Brasil, en cambio, la estrategia fue incremental. Los movimientos LGBTQ primero consiguieron que se reconociera la cohabitación entre personas del mismo sexo (algo clave en un país donde casarse era un lujo de ricos). Una vez normalizada la unión, el matrimonio llegó casi como un paso natural. Encarnación destacó además que Brasil no desarrolló una estructura legal de oposición al matrimonio igualitario tan amplia como la que surgió en Estados Unidos. Según explicó, sus mayores opositores fueron los evangélicos. Y un dato curioso que menciona Encarnación: los países con mayor proporción de evangélicos tienden a ser más conservadores frente a la homosexualidad, mientras que los de tradición católica (como España o Brasil) lo son menos.
Pero el caso de Estados Unidos es el raro, el extremo. Aquí sí hubo “pánico moral”. Aquí sí hubo campañas como “Save the Children” en Florida, la Ley de Defensa del Matrimonio, DOMA, en 1996, y la Proposición 8 en California, que legalizó y luego suspendió el matrimonio gay, dejando a miles en un limbo. “Solamente en este país entretuvimos ese nivel de aversión”, subrayó Encarnación.
Uno de los puntos más provocadores del libro es que los activistas estadounidenses ganaron el derecho al matrimonio, pero quizás pagaron un precio muy alto. “Consiguieron su meta y cerraron la puerta”, dijo el profesor. No confrontaron los prejuicios de fondo. No jugaron el juego de la moralidad. Fueron cortoplacistas.
Y ahora, con una Corte Suprema conservadora y una administración Trump que ya ha mostrado su disposición a revertir derechos, la preocupación crece; si Obergefell fuera anulado, el matrimonio igualitario podría volver a depender de cada estado.
Hay un dato importante: Nueva York tiene su propia protección estatal. La Ley de Igualdad Matrimonial, firmada en 2011, establece que las licencias de matrimonio deben otorgarse sin importar si las personas son del mismo o de diferente sexo; que un matrimonio válido sigue siendo válido sin importar el sexo de quienes se casan; y que ningún derecho, beneficio, protección o responsabilidad civil del matrimonio puede ser diferente por tratarse de una pareja del mismo sexo.
Eso significa que, aun si la Corte Suprema federal llegara a revertir Obergefell, Nueva York seguiría reconociendo y celebrando matrimonios entre parejas del mismo sexo bajo la ley estatal. Además, a nivel federal, la Ley de Respeto al Matrimonio de 2022 exige que los estados reconozcan matrimonios válidos realizados en otros estados y reconoce esos matrimonios para efectos de la ley federal. Sin embargo, esa ley federal no obliga a todos los estados a emitir licencias de matrimonio igualitario si Obergefell desapareciera.
En otras palabras: en Nueva York, el derecho está más protegido que en otros estados. Pero la lección de Encarnación sigue vigente: las leyes importan, pero la cultura también. Porque un derecho puede estar escrito en papel y aun así vivir bajo ataque político, social o simbólico.
Encarnación responde a una pregunta clave: ¿la cultura afecta los movimientos sociales? Y dice que sí, pero no de la forma que pensamos. En sociedades que vivieron represiones extremas (como la España de Franco), la gente aprende a soñar un futuro mejor porque no tiene nada que perder. En Estados Unidos, donde los derechos se acumularon poco a poco, las instituciones y los activistas temían perder lo ya conquistado. Por eso se enfocaron en lo legal, no en lo cultural.
Hoy, 25 años después de Países Bajos, la lucha por la igualdad LGBTQ no ha terminado. En muchos países del mundo el matrimonio sigue siendo ilegal. Y en naciones como Estados Unidos, la amenaza de retroceso es real.
Pero también dejó una lección: los movimientos sociales más exitosos no solo cambian leyes, cambian conversaciones. Y para eso, a veces hay que mirar fuera de nuestras fronteras. Porque España y Brasil (y no Estados Unidos) son, en este tema, verdaderos laboratorios del futuro.
Esa conversación llega justo cuando junio vuelve a llenar la región de actividades por el Mes del Orgullo. En Kingston, el Hudson Valley LGBTQ+ Community Center realizará la marcha y festival de Pride el sábado 6 de junio, de 12 a 5pm, desde el Community Center hasta Academy Green.
Para más información, visite: https://www.lgbtqcenter.org/
En Poughkeepsie, Dutchess Pride celebrará el Poughkeepsie Pride March & Festival el sábado 13 de junio, de 12 a 4pm, en Victor C. Waryas Park. La programación de Dutchess Pride también incluye la noche Pride de los Hudson Valley Renegades el 10 de junio, una función gratuita en el Bardavon el 26 de junio y una carrera Pride Fun Run 5K el 28 de junio.
Para más información, visite: https://www.dutchesspride.org/poughkeepsie-pride-2026
En Hudson, OutHudson Pride tendrá lugar el sábado 20 de junio, con desfile a las 2pm desde 7th Street Park por Warren Street, como parte de un fin de semana de actividades del 19 al 21 de junio.
Para más información, visite: https://www.iloveny.com/event/outhudson-pride/79458/
También habrá conciertos de Key of Q, el coro LGBTQ+ y aliado del Hudson Valley, en Kingston el 6 de junio, Newburgh el 7 de junio, Beacon el 19 de junio y New Paltz el 20 de junio.
Para más información, visite: https://keyofq.org/
En tiempos en que la igualdad vuelve a discutirse como si fuera negociable, estos eventos son más que celebraciones. Son espacios de memoria, visibilidad, apoyo mutuo y comunidad. Porque Pride, como recordó la charla de Encarnación, no se trata solo de ganar derechos, se trata de sostenerlos, explicarlos y defenderlos en la vida diaria.
*Esta nota fue escrita en colaboración con Elisvanell Celis
La Voz, Cultura y noticias hispanas del Valle de Hudson
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