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¿Qué es la sabiduría? Y, ¿se puede enseñar?

Científicos buscan las cualidades que hacen que alguien sea sabio y cómo cultivarlas.

Por Emily Laber-Warren
May 2026
Cuando Emily Swanson aceptó un puesto como profesora asistente de Monika Ardelt, una figura destacada en el estudio científico de la sabiduría, no sabía que esto cambiaría su rumbo. Ardelt, socióloga de la Universidad de Florida, enseña la clase La búsqueda de la sabiduría y la prosperidad humana, donde pide a los estudiantes que pasen una semana viviendo según las tradiciones asociadas a la sabiduría (como el budismo, el cristianismo y el estoicismo griego) y reflexionando sobre ellas. Las semanas dedicadas al budismo y al estoicismo resultaron transformadoras para Swanson.
A través de la práctica aprendió a observar sus pensamientos y emociones de una manera más distanciada y sin juzgar. Y empezó a ver sus exámenes de aprobación del doctorado bajo una nueva perspectiva. En lugar de verlos como una amenaza, Swanson los abordó como una oportunidad para crecer.

Para Ardelt, el cambio de perspectiva de Swanson es un ejemplo de cómo practicar la reflexión, la humildad, la compasión y escuchar otros puntos de vista puede hacer que alguien sea más sabio, es decir, más capaz de adoptar una visión más amplia, especialmente al relacionarse con los demás, y trabajar para lograr el mejor resultado para todos los involucrados.

Ardelt forma parte de un grupo cada vez mayor de investigadores —entre psicólogos, psiquiatras, sociólogos y filósofos— que aplican métodos científicos para comprender la sabiduría con la esperanza de aumentar la capacidad de las personas para actuar con sensatez.

Llevar la sabiduría al laboratorio

El estudio de la sabiduría se remonta a la Antigüedad, pero solo en los últimos 40 años los investigadores han comenzado a aplicar el método científico para indagar qué es la sabiduría y cómo se desarrolla.

El difunto psicólogo Paul Baltes, del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano de Berlín, puso en marcha este campo en los años ochenta. Diseñó estudios en los que se pedía a personas de todas las edades que reflexionaran en voz alta sobre dilemas inventados, como qué le dirían a un amigo cercano que hubiera decidido quitarse la vida, o cómo aconsejar a una chica de 15 años que quisiera casarse inmediatamente.

Baltes y su equipo puntuaron las respuestas en una escala del 0 al 7, utilizando cinco criterios —ahora conocidos como el Paradigma de la Sabiduría de Berlín— que habían postulado como fundamentales para la sabiduría: conocimiento sobre la vida y la naturaleza humana, estrategias para afrontar diversas circunstancias y desafíos, comprensión de que no todo el mundo comparte los mismos valores, conciencia de que las prioridades de las personas pueden cambiar según el contexto, y la capacidad de tolerar la incertidumbre.

Las personas que obtuvieron puntuaciones más altas en estas pruebas comprendían mejor las cuestiones más amplias que estaban en juego en los escenarios, identificaban más de una respuesta posible y planteaban preguntas para ayudar a los personajes ficticios a comprender las posibles consecuencias de sus decisiones, en lugar de limitarse a decirles qué debían hacer. Baltes “fue el primero en idear lo que podría considerarse una prueba relativamente objetiva sobre la sabiduría”, afirma Howard Nusbaum, psicólogo cognitivo y neurocientífico de la Universidad de Chicago y director del Centro de Sabiduría Práctica de Chicago.

Es fundamental destacar que Baltes distinguió la sabiduría de la inteligencia, la capacidad analítica por sí sola no convierte a una persona en sabia. Baltes también demostró que el simple hecho de envejecer no garantiza volverse más sabio.

El camino hacia la sabiduría en la vida real

Cuando la sabiduría surge de forma natural, a menudo se deriva de lecciones aprendidas a través de experiencias intensas o dilemas. Estas experiencias pueden ser dolorosas, como rupturas sentimentales o enfermedades, pero la sabiduría también se puede obtener de experiencias que son simplemente desafiantes, como mudarse a una nueva ciudad o tener un bebé, afirma Glück. Sin embargo, muchas personas que padecen cáncer o se convierten en padres nunca adquieren mucha sabiduría. ¿Por qué?

Tras revisar la investigación sobre la sabiduría y entrevistar a personas sabias y menos sabias utilizando diversas medidas, Glück identificó cinco requisitos previos para extraer sabiduría de la experiencia. Estos incluyen la capacidad de gestionar la incertidumbre, de mantener una actitud abierta al cambio y a nuevas perspectivas, de reflexionar sobre las propias experiencias, de regular los altibajos emocionales y de practicar la empatía.

Según los expertos, hay muchas formas de volverse más sabio, como practicar la meditación, pasar tiempo en la naturaleza, hacer voluntariado para ayudar a personas necesitadas o adoptar modos de pensamiento estoicos. Lo importante es ir más allá de la preocupación por uno mismo, afirman. Cualquier cosa que fomente la autoconciencia, la apertura a puntos de vista divergentes, la regulación emocional y la humildad es un paso hacia la adquisición de sabiduría.

Sin embargo, pocas personas serán sabias todo el tiempo. Nusbaum como psicólogo cognitivo explica que la mente depende demasiado del estado de ánimo: se desvía por el estrés, el cansancio o la frustración. “Te vas a poner de mal humor, te vas a enfadar y te vas a olvidar”, dice. Pero, añade, con tiempo y práctica, podemos aumentar el número de momentos en los que tomamos decisiones sabias, en beneficio nuestro y de todos los que nos rodean.
 
¿Cuál es su nivel de sabiduría?
La Escala Breve de Evaluación de la Sabiduría, que se muestra a continuación, creada por la psicóloga del desarrollo Judith Glück y sus colegas, sintetiza los criterios comunes a tres herramientas de evaluación de la sabiduría muy valoradas y ampliamente utilizadas.
Glück advierte que esta prueba no es tanto una medida objetiva de la sabiduría como un barómetro de lo sabios que las personas creen que son. Lo cual puede ser problemático, porque las personas más sabias tienden a reconocer su propia falibilidad y pueden puntuarse a sí mismas con una nota más baja que aquellas que, parafraseando a Sócrates, no saben que no saben.
Sin embargo, en la medida en que responda con honestidad, los resultados pueden ser reveladores.
Indique en qué medida está de acuerdo con las siguientes afirmaciones en una escala del 1 al 5, donde 1 significa “totalmente en desacuerdo” y 5 “totalmente de acuerdo”.
1. Mi tranquilidad no se ve fácilmente alterada.
2.  Tengo buen sentido del humor respecto a mí mismo.
3. He tratado con muchos tipos diferentes de personas a lo largo de mi vida.
4. He aprendido valiosas lecciones de vida de los demás.
5. En esta etapa de mi vida, me resulta fácil reírme de mis errores.
6. Mi felicidad no depende de otras personas ni de las cosas.
7. Puedo aceptar la impermanencia de las cosas.
8. Me gusta leer libros que me desafían a pensar de forma diferente sobre los temas.
9. Estoy “en sintonía” con mis propias emociones.
10. Me enfado mucho o me deprimo si las cosas salen mal.
11. Soy capaz de integrar los diferentes aspectos de mi vida.
12. A menudo tengo una sensación de unidad con la naturaleza.
13. Parece que tengo talento para leer las emociones de los demás.
14. Siento que mi vida individual forma parte de un todo mayor.
15. Hay algunas personas que sé que nunca me caerían bien.
16. He madurado gracias a las pérdidas que he sufrido.
17. Puedo expresar libremente mis emociones sin sentir que voy a perder el control.
18. Siento mucha curiosidad por otros sistemas de creencias religiosas y/o filosóficas.
19. No me preocupo por lo que los demás piensen de mí.
20. A veces me siento tan alterado emocionalmente que soy incapaz de considerar todas las formas de abordar mis problemas.
21. Siempre intento analizar todos los aspectos de un problema.

Puntuación: 
En primer lugar, invierta su puntuación en las preguntas 10, 15 y 20 (SOLO para estas tres preguntas, cambie una puntuación de 1 a 5, de 2 a 4, de 4 a 2 y de 5 a 1. La puntuación de 3 permanece sin cambios).

A continuación, sume estas tres puntuaciones invertidas a sus puntuaciones en las otras 18 preguntas.

Divida ese número entre 21 para obtener su promedio.

Nota: La escala de puntuación que figura a continuación se basa en un conjunto de datos que incluía solo a 769 personas, por lo que debe entenderse únicamente como una guía, no como una norma estandarizada.

Por debajo de 3,59 = Ha obtenido una puntuación igual o inferior a la mediana, lo que le sitúa en la mitad inferior de las personas que se autoevalúan en cuanto a sabiduría.

De 3,6 a 3,99 = Su puntuación le sitúa en el 50% superior.

De 4,0 a 4,39 = Ha obtenido una puntuación que le sitúa en el
20% superior, lo que le convierte en una persona muy sabia.

4,4 o más = Su puntuación se sitúa en el 5% superior, una persona extraordinariamente sabia.
 

*Artículo traducido por Debbie Ponchner
** Adaptado de un artículo publicado por la Revista Knowable. Texto completo aquí: https://bit.ly/sabiduriaK 

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