Cultura y noticias hispanas del Valle del Hudson
Paloma Herrera: “Con el arte uno trata de ser una mejor versión de sí mismo”
Por Camilo Rojas
May 2026 Consagrada bailarina de ballet, Paloma Herrera nació en Buenos Aires. A los 7 años, comenzó a estudiar danza y a los 15 años recibió un contrato con el prestigioso Teatro American Ballet. Actuó en numerosas giras de la compañía por Estados Unidos, Europa, Asia y el continente americano, y se presentó como artista invitada con compañías de renombre como el New York City Ballet, el Tokio Ballet, el Ballet Kírov, el Ballet del Palacio del Kremlin, el Ballet Nacional de Cuba, el Teatro Colón, el Teatro alla Scala de Milán y el Teatro Bolshói, entre otros. Bailó los grandes ballets del repertorio clásico y colaboró con prestigiosos coreógrafos como Twyla Tharp, James Kudelka, Nacho Duato, Jiří Kylián y Alexei Ratmansky. En mayo de 2015, se despidió del ABT en la Opera House Metropolitana de Nueva York con Giselle. Entre sus numerosos galardones, fue nombrada una de las “Diez bailarinas del siglo” por Dance Magazine. Desde finales de 2022, es la Directora artística del Programa Intensivo de Verano en el Parque Cultural Kaatsbaan, en Tivoli.
¿Cómo llegaste al ballet? ¿Cómo fueron tus primeros años en Argentina?
Vengo de una familia que no tiene nada que ver con el mundo de la danza. Mi papá es abogado; mi mamá, profesora de letras. Ellos escuchaban mucha música clásica; siempre les encantó el teatro y toda la cultura, pero de la danza nada que ver. Yo escuchaba música clásica y siempre bailaba en casa. Y un día, a los 7 años, les dije que quería estudiar danza. Y mi mamá, por suerte, me mandó a lo de Olga Ferri, una bailarina argentina súper conocida que, además, fue una de las pocas bailarinas argentinas de esa época que hizo carrera afuera y estuvo en el Festival de Londres. Así que era una maestra y bailarina muy conocida en Argentina. Porque los primeros maestros son fundamentales en la danza. Mamá no sabía mucho, pero caí en manos de esa maestra maravillosa y tuve la suerte de tener una audición y entrar a la escuela del famoso Teatro Colón en Argentina. Para mí, siempre son tan importantes los primeros años de formación. Uno puede tener todo el talento, pero sin buenos maestros es difícil. De chica, participaba en muchos concursos y los ganaba. A los 15 años, un maestro argentino la Juilliard de Nueva York, el maestro Saraspe me vio en uno de los concursos y me dijo: “Tenés que ir a Nueva York, tenés que ir al School of American Ballet”. Y así fue como me vine en 1991. A los 15 años me vine solita; mis papás me instalaron en una residencia y se regresaron a Argentina. Y así empecé mi vida aquí en Nueva York.
¿Cómo fue ese encuentro con Nueva York?
Fue increíble. Nueva York siempre había sido mi sueño. De chiquita, veía las películas. “Momento de Decisión” con Baryshnikov. Y veía vídeos del Teatro American Ballet. Era un sueño para mí. Entonces, cuando finalmente llegué no lo podía creer. Había ido a estudiar. Mi beca era de seis meses para estudiar en la Escuela de Ballet Americano. Y esos seis meses fueron totalmente transformadores para mí. Vi muchísimas funciones de New York City Ballet. Esas cosas que había visto en videos. Y ahí me enteré de que había audiciones para el American Ballet. Y honestamente, yo fui a una audición solo para ver a esos bailarines que había visto durante tanto tiempo en videos. Para mí eran como extraterrestres. Era como un sueño estar en ese lugar. No era algo que estuviera esperando. Terminé la audición y me dijeron: “Te damos un contrato”. Y ahí cambió mi vida para siempre. Cuando me retiré, volví a Buenos Aires. Porque mi conexión con mi país ha sido siempre muy fuerte. Entonces, por más que hice toda mi carrera en Nueva York e internacionalmente, siempre volvía como invitada al Teatro Colón para bailar.
¿Cuál es la diferencia entre un ballet ruso, argentino, cubano o de Nueva York?
Muy interesante. Yo fui formada en Argentina y tiene mucho de la escuela tradicional rusa, de la escuela cubana. Para mí ha sido maravilloso porque hay una muy buena escuela en Argentina; tiene esas dos mezclas. Cada compañía tiene su estilo; a escuela rusa (muy tradicional), la escuela cubana, la escuela francesa. Pero a mí me gustó el American Ballet porque tenía una mezcla de todo. Por su fama siempre ha tenido bailarines americanos, rusos e italianos; era como de todos lados. Veníamos de todos lados y cada uno seguía los mismos pasos, porque Giselle es Giselle y todo el mundo tiene la misma coreografía, pero cada uno le daba un sabor distinto, y eso me parece maravilloso: poder tener uno en su propio estilo, tener una compañía donde la coreografía se mantiene respetuosa con los pasos, pero que cada uno le dé su propio sabor.
¿Qué ves tú en la danza que puede cambiar la vida de alguien?
Es lo que yo experimento. Muchas veces me pregunté eso. Adoro bailar; yo amaba estar en el escenario y decía: “Cuando la gente venía y me decía: ‘gracias, Paloma’, yo decía: ‘gracias, ¿por qué?” Porque la que disfruto soy yo, pero ¿qué le hago a la otra persona? Y cuando uno está del otro lado, cuando yo a veces iba a ver conciertos de música, cuando iba a ver ballet, cuando iba al teatro y salía totalmente elevada y feliz, digo, esto es lo que la gente me dice a mí. Pero cuando uno está del otro lado, en el público, y va al teatro y sale como totalmente flotando, conciertos de música, sean clásicos o populares, son una sensación de felicidad, un regalo. Uno se eleva y pienso que, con el arte uno trata de ser una mejor versión de sí mismo.
¿Qué le recomendarías a alguien joven en este momento para llegar al nivel al que tú llegaste?
Es una pregunta difícil porque me encantaría decir que si uno trabaja mucho va a llegar, pero en la danza no es siempre así, porque uno puede trabajar un montón, pero a veces se necesita un talento natural. Tiene que tener la técnica, tiene que tener el salto, tiene que tener ese algo especial que algunos artistas tienen y otros no, que salga al escenario y pueda transmitir, que tenga ese ángel que uno a veces no sabe cómo llamarlo. Entonces, siempre digo que es una carrera maravillosa y que, obviamente, se necesita mucho talento natural, mucho trabajo, mucha disciplina y mucho amor. Uno necesita pasión para hacer lo que hace. Son varios ingredientes los que hacen que una persona pueda lograrlo y por eso no hay tantos.¿Cuánta gente estudia danza y cuántos llegan?
¿Hay algunos sitios en Nueva York o en el Valle del Hudson a los que se pueda ir para estudiar?
El Intensivo de verano de Kaatsbaan, que hacemos nosotros. La verdad que estoy súper feliz de ser la directora porque estoy trabajando con Kevin McKenzie, el creador de Kaatsbaan, y quien fue mi director por muchísimos años en el American Ballet. Los maestros son importantísimos. Entonces, uno puede tener todo el talento del mundo, pero es terrible ver que no tiene maestros que puedan ayudarlo a florecer. Es un hermoso programa. En el Kaatsbaan Summer Intensive son muy cuidadosos con todos los maestros que van y el lugar es paradisíaco. Realmente poder trabajar en esos estudios, uno puede enfocarse, porque no tiene las distracciones de la ciudad. Realizamos audiciones para ingresar a los cursos de Kaatsbaan. También pueden mandar audiciones en vídeo.
¿Ves alguna diferencia entre tu generación y esta nueva generación de bailarines? ¿Y cuáles son esas diferencias?
Las diferencias son básicamente que los bailes son más rápidos, tal vez no en estas épocas donde todo es inmediato y rápido. Antes, tal vez se ponía más énfasis en los años de preparación, de estudio, de maestros, de trabajar, y ahora como que los bailarines quieren entrar enseguida a una compañía, llegar a ser estrellas, y por eso siempre mi consejo no estaba en querer entrar, sino en el estudio, en el amor a lo que yo hacía, en el verdadero proceso de trabajo. Insisto mucho en eso: en disfrutar el proceso de trabajo, del estudio, de tratar de ser mejor y no solamente en conseguir algo. A veces se confunde; a veces la gente de estas generaciones quiere ser famosa, pero yo nunca quise ser famosa; yo siempre quise bailar, y eso es como el gran secreto. En general, no solo en la danza: las nuevas generaciones, en la televisión, quieren ser todos famosos, en vez de hacer lo que uno ama y quiere. Después va a llegar a ser famoso, porque si uno ama lo que hace y es bueno, va a llegar. En la danza el cuerpo es la herramienta. Por eso sigo confiada y sigo inspirada para enseñar, porque me gusta. Me gusta porque disfruto mucho todo el proceso de trabajo. Es un gran desafío tener que inspirar a las nuevas generaciones, pero me gustan mucho todas las clases que doy, sobre todo en Kaatsbaan, donde estamos tanto tiempo y con muchos chicos. Y es muy lindo ver cuando trabajan un montón y tienen ganas y van a las clases con pilas, al final de cada sesión hacemos una muestra y todos tienen ganas de hacer la función. Entonces, para mí, eso es muy gratificante: uno ha logrado inspirarlos y que tengan ganas de trabajar.
COPYRIGHT 2026
La Voz, Cultura y noticias hispanas del Valle de Hudson
Vengo de una familia que no tiene nada que ver con el mundo de la danza. Mi papá es abogado; mi mamá, profesora de letras. Ellos escuchaban mucha música clásica; siempre les encantó el teatro y toda la cultura, pero de la danza nada que ver. Yo escuchaba música clásica y siempre bailaba en casa. Y un día, a los 7 años, les dije que quería estudiar danza. Y mi mamá, por suerte, me mandó a lo de Olga Ferri, una bailarina argentina súper conocida que, además, fue una de las pocas bailarinas argentinas de esa época que hizo carrera afuera y estuvo en el Festival de Londres. Así que era una maestra y bailarina muy conocida en Argentina. Porque los primeros maestros son fundamentales en la danza. Mamá no sabía mucho, pero caí en manos de esa maestra maravillosa y tuve la suerte de tener una audición y entrar a la escuela del famoso Teatro Colón en Argentina. Para mí, siempre son tan importantes los primeros años de formación. Uno puede tener todo el talento, pero sin buenos maestros es difícil. De chica, participaba en muchos concursos y los ganaba. A los 15 años, un maestro argentino la Juilliard de Nueva York, el maestro Saraspe me vio en uno de los concursos y me dijo: “Tenés que ir a Nueva York, tenés que ir al School of American Ballet”. Y así fue como me vine en 1991. A los 15 años me vine solita; mis papás me instalaron en una residencia y se regresaron a Argentina. Y así empecé mi vida aquí en Nueva York.
¿Cómo fue ese encuentro con Nueva York?
Fue increíble. Nueva York siempre había sido mi sueño. De chiquita, veía las películas. “Momento de Decisión” con Baryshnikov. Y veía vídeos del Teatro American Ballet. Era un sueño para mí. Entonces, cuando finalmente llegué no lo podía creer. Había ido a estudiar. Mi beca era de seis meses para estudiar en la Escuela de Ballet Americano. Y esos seis meses fueron totalmente transformadores para mí. Vi muchísimas funciones de New York City Ballet. Esas cosas que había visto en videos. Y ahí me enteré de que había audiciones para el American Ballet. Y honestamente, yo fui a una audición solo para ver a esos bailarines que había visto durante tanto tiempo en videos. Para mí eran como extraterrestres. Era como un sueño estar en ese lugar. No era algo que estuviera esperando. Terminé la audición y me dijeron: “Te damos un contrato”. Y ahí cambió mi vida para siempre. Cuando me retiré, volví a Buenos Aires. Porque mi conexión con mi país ha sido siempre muy fuerte. Entonces, por más que hice toda mi carrera en Nueva York e internacionalmente, siempre volvía como invitada al Teatro Colón para bailar.
¿Cuál es la diferencia entre un ballet ruso, argentino, cubano o de Nueva York?
Muy interesante. Yo fui formada en Argentina y tiene mucho de la escuela tradicional rusa, de la escuela cubana. Para mí ha sido maravilloso porque hay una muy buena escuela en Argentina; tiene esas dos mezclas. Cada compañía tiene su estilo; a escuela rusa (muy tradicional), la escuela cubana, la escuela francesa. Pero a mí me gustó el American Ballet porque tenía una mezcla de todo. Por su fama siempre ha tenido bailarines americanos, rusos e italianos; era como de todos lados. Veníamos de todos lados y cada uno seguía los mismos pasos, porque Giselle es Giselle y todo el mundo tiene la misma coreografía, pero cada uno le daba un sabor distinto, y eso me parece maravilloso: poder tener uno en su propio estilo, tener una compañía donde la coreografía se mantiene respetuosa con los pasos, pero que cada uno le dé su propio sabor.
¿Qué ves tú en la danza que puede cambiar la vida de alguien?
Es lo que yo experimento. Muchas veces me pregunté eso. Adoro bailar; yo amaba estar en el escenario y decía: “Cuando la gente venía y me decía: ‘gracias, Paloma’, yo decía: ‘gracias, ¿por qué?” Porque la que disfruto soy yo, pero ¿qué le hago a la otra persona? Y cuando uno está del otro lado, cuando yo a veces iba a ver conciertos de música, cuando iba a ver ballet, cuando iba al teatro y salía totalmente elevada y feliz, digo, esto es lo que la gente me dice a mí. Pero cuando uno está del otro lado, en el público, y va al teatro y sale como totalmente flotando, conciertos de música, sean clásicos o populares, son una sensación de felicidad, un regalo. Uno se eleva y pienso que, con el arte uno trata de ser una mejor versión de sí mismo.
¿Qué le recomendarías a alguien joven en este momento para llegar al nivel al que tú llegaste?
Es una pregunta difícil porque me encantaría decir que si uno trabaja mucho va a llegar, pero en la danza no es siempre así, porque uno puede trabajar un montón, pero a veces se necesita un talento natural. Tiene que tener la técnica, tiene que tener el salto, tiene que tener ese algo especial que algunos artistas tienen y otros no, que salga al escenario y pueda transmitir, que tenga ese ángel que uno a veces no sabe cómo llamarlo. Entonces, siempre digo que es una carrera maravillosa y que, obviamente, se necesita mucho talento natural, mucho trabajo, mucha disciplina y mucho amor. Uno necesita pasión para hacer lo que hace. Son varios ingredientes los que hacen que una persona pueda lograrlo y por eso no hay tantos.¿Cuánta gente estudia danza y cuántos llegan?
¿Hay algunos sitios en Nueva York o en el Valle del Hudson a los que se pueda ir para estudiar?
El Intensivo de verano de Kaatsbaan, que hacemos nosotros. La verdad que estoy súper feliz de ser la directora porque estoy trabajando con Kevin McKenzie, el creador de Kaatsbaan, y quien fue mi director por muchísimos años en el American Ballet. Los maestros son importantísimos. Entonces, uno puede tener todo el talento del mundo, pero es terrible ver que no tiene maestros que puedan ayudarlo a florecer. Es un hermoso programa. En el Kaatsbaan Summer Intensive son muy cuidadosos con todos los maestros que van y el lugar es paradisíaco. Realmente poder trabajar en esos estudios, uno puede enfocarse, porque no tiene las distracciones de la ciudad. Realizamos audiciones para ingresar a los cursos de Kaatsbaan. También pueden mandar audiciones en vídeo.
¿Ves alguna diferencia entre tu generación y esta nueva generación de bailarines? ¿Y cuáles son esas diferencias?
Las diferencias son básicamente que los bailes son más rápidos, tal vez no en estas épocas donde todo es inmediato y rápido. Antes, tal vez se ponía más énfasis en los años de preparación, de estudio, de maestros, de trabajar, y ahora como que los bailarines quieren entrar enseguida a una compañía, llegar a ser estrellas, y por eso siempre mi consejo no estaba en querer entrar, sino en el estudio, en el amor a lo que yo hacía, en el verdadero proceso de trabajo. Insisto mucho en eso: en disfrutar el proceso de trabajo, del estudio, de tratar de ser mejor y no solamente en conseguir algo. A veces se confunde; a veces la gente de estas generaciones quiere ser famosa, pero yo nunca quise ser famosa; yo siempre quise bailar, y eso es como el gran secreto. En general, no solo en la danza: las nuevas generaciones, en la televisión, quieren ser todos famosos, en vez de hacer lo que uno ama y quiere. Después va a llegar a ser famoso, porque si uno ama lo que hace y es bueno, va a llegar. En la danza el cuerpo es la herramienta. Por eso sigo confiada y sigo inspirada para enseñar, porque me gusta. Me gusta porque disfruto mucho todo el proceso de trabajo. Es un gran desafío tener que inspirar a las nuevas generaciones, pero me gustan mucho todas las clases que doy, sobre todo en Kaatsbaan, donde estamos tanto tiempo y con muchos chicos. Y es muy lindo ver cuando trabajan un montón y tienen ganas y van a las clases con pilas, al final de cada sesión hacemos una muestra y todos tienen ganas de hacer la función. Entonces, para mí, eso es muy gratificante: uno ha logrado inspirarlos y que tengan ganas de trabajar.
COPYRIGHT 2026
La Voz, Cultura y noticias hispanas del Valle de Hudson
Comments | |
| Sorry, there are no comments at this time. |

