Cultura y noticias hispanas del Valle del Hudson
Un Diego Rivera en Poughkeepsie
y otras joyitas del arte latinoamericano en un museo gratis
Por Cesar Castro
April 2026 Viviendo en el Hudson Valley tal vez asumes que para ver un Diego Rivera original, o un Joan Miro, es obligatorio viajar a la ciudad de Nueva York, lidiar con el tráfico y pagar las costosas entradas a los grandes museos metropolitanos. Pero la realidad es que tenemos una experiencia de ese calibre mucho más cerca. En el campus de la universidad Vassar College está el Centro de Arte el Frances Lehman Loeb, un “secreto” local diseñado por el argentino César Pelli que ofrece una atmósfera de intimidad y descubrimiento única en nuestra región.
El Centro Loeb funciona como un aula sin fronteras donde la historia del arte la estudian y la aprecian estudiantes, facultad y locales a la vez. Al recorrer las salas de las galerías te encuentras con una fuerte presencia hispana en las paredes.
Me detuve al ver la obra del mexicano Diego Rivera, (esposo de la gran artista mexicana Frida Kahlo) un retrato de un niño de Coyoacán llamado Roberto Rosales (1930), que da título a la obra. Esta pieza se distingue por la forma en que Rivera recurre explícitamente al formato de retablo para la composición. Amanda Porter, la subdirectora de aprendizaje y participación comunitaria, comentó que la colección permanente alberga más obras de Diego Rivera y otros artistas hispanos y también artefactos precolombinos. Una de estas obras fue dada en préstamo al Detroit Institute of Arts. A cambio, el Loeb recibió en préstamo una magnífica obra de Mark Rothko, pintor expresionista abstracto del siglo XX. Lo cual es un gran lujo para la comunidad del Valle del Hudson.
Amanda Porter también destacó que lo que realmente diferencia al Loeb de los museos masivos es su pulso comunitario. Aquí te haces parte de un ecosistema vivo donde unos cuarenta estudiantes trabajan activamente como guías, asistentes de curación, gestión de redes sociales, manipuladores de arte, registradores y archivistas. Las exhibiciones rotan constantemente en sus tres galerías principales, asegurando que siempre haya algo nuevo que ver. Para Porter el trabajo comunitario entre estudiantes, personal y arte, “da la posibilidad a que las obras se establezcan en el espacio con un aporte de nuestros estudiantes y que siempre haya nuevo interés en obras no recientemente vistas”.
La energía del arte latinoamericano continúa con las obras de Rufino Tamayo. Su Figura (de una mujer) (1939) y la litografía Paysage Azteque (1950) recuerdan por qué el mexicano Tamayo es un maestro. Su estilo proyecta una fuerza y orgullo que trascienden lo visual, conectando profundamente con raíces y simbolismos de los pueblos originarios. No muy lejos, d encuentra la imponente obra, Los Fogoneros de la Tierra (1953) del chileno Roberto Matta, un cuadro tan grande y lleno de energía que te obliga a sentarte un momento para intentar descifrar la interacción de los personajes en la escena representada.
Otra favorita es la venezolana-estadounidense Marisol, quien en su obra Sin título (1976) usa lápices de colores sobre papel negro, logrando que los tonos resalten con resplandor. De igual manera se destaca Juchiteca sentada (1975) del mexicano Francisco Zúñiga, que con simples trazos de crayón logra capturar toda la fuerza de la mujer mexicana.
También hay una obra del catalán Joan Miró, con su Cuadro “Pájaros, Personajes, y Estrella Azul” (1950). En ella puedes pasar un buen rato buscando los objetos mencionados en el título que están escondidos entre sí. El artista captura a través de su creatividad, demandando nuestra atención y nos mantiene enfocados en las formas y colores.
La entrada al Loeb es completamente gratuita. El Centro abre de martes a domingo de 10am a 5pm y los jueves por la tarde en su horario especial que hasta las 9pm (de septiembre a mayo) o hasta las 7pm (de junio a agosto). Si buscas profundizar en esta conexión cultural, marca en tu calendario un Evento familiar el abril 12 de 1 a 3pm, donde habrá actividades para niños de 5 años en adelante, en 124 Raymond Ave Poughkeepsie.
El Centro Loeb ayuda a conectarnos con nuestra herencia y nos deja volar la imaginación sin tener que salir del Valle del Hudson.
COPYRIGHT 2026
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Me detuve al ver la obra del mexicano Diego Rivera, (esposo de la gran artista mexicana Frida Kahlo) un retrato de un niño de Coyoacán llamado Roberto Rosales (1930), que da título a la obra. Esta pieza se distingue por la forma en que Rivera recurre explícitamente al formato de retablo para la composición. Amanda Porter, la subdirectora de aprendizaje y participación comunitaria, comentó que la colección permanente alberga más obras de Diego Rivera y otros artistas hispanos y también artefactos precolombinos. Una de estas obras fue dada en préstamo al Detroit Institute of Arts. A cambio, el Loeb recibió en préstamo una magnífica obra de Mark Rothko, pintor expresionista abstracto del siglo XX. Lo cual es un gran lujo para la comunidad del Valle del Hudson.
Amanda Porter también destacó que lo que realmente diferencia al Loeb de los museos masivos es su pulso comunitario. Aquí te haces parte de un ecosistema vivo donde unos cuarenta estudiantes trabajan activamente como guías, asistentes de curación, gestión de redes sociales, manipuladores de arte, registradores y archivistas. Las exhibiciones rotan constantemente en sus tres galerías principales, asegurando que siempre haya algo nuevo que ver. Para Porter el trabajo comunitario entre estudiantes, personal y arte, “da la posibilidad a que las obras se establezcan en el espacio con un aporte de nuestros estudiantes y que siempre haya nuevo interés en obras no recientemente vistas”.
La energía del arte latinoamericano continúa con las obras de Rufino Tamayo. Su Figura (de una mujer) (1939) y la litografía Paysage Azteque (1950) recuerdan por qué el mexicano Tamayo es un maestro. Su estilo proyecta una fuerza y orgullo que trascienden lo visual, conectando profundamente con raíces y simbolismos de los pueblos originarios. No muy lejos, d encuentra la imponente obra, Los Fogoneros de la Tierra (1953) del chileno Roberto Matta, un cuadro tan grande y lleno de energía que te obliga a sentarte un momento para intentar descifrar la interacción de los personajes en la escena representada.
Otra favorita es la venezolana-estadounidense Marisol, quien en su obra Sin título (1976) usa lápices de colores sobre papel negro, logrando que los tonos resalten con resplandor. De igual manera se destaca Juchiteca sentada (1975) del mexicano Francisco Zúñiga, que con simples trazos de crayón logra capturar toda la fuerza de la mujer mexicana.
También hay una obra del catalán Joan Miró, con su Cuadro “Pájaros, Personajes, y Estrella Azul” (1950). En ella puedes pasar un buen rato buscando los objetos mencionados en el título que están escondidos entre sí. El artista captura a través de su creatividad, demandando nuestra atención y nos mantiene enfocados en las formas y colores.
La entrada al Loeb es completamente gratuita. El Centro abre de martes a domingo de 10am a 5pm y los jueves por la tarde en su horario especial que hasta las 9pm (de septiembre a mayo) o hasta las 7pm (de junio a agosto). Si buscas profundizar en esta conexión cultural, marca en tu calendario un Evento familiar el abril 12 de 1 a 3pm, donde habrá actividades para niños de 5 años en adelante, en 124 Raymond Ave Poughkeepsie.
El Centro Loeb ayuda a conectarnos con nuestra herencia y nos deja volar la imaginación sin tener que salir del Valle del Hudson.
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