Cultura y noticias hispanas del Valle del Hudson
EPIGRAFE: Investigadores elaboraron un acondicionador capilar mezclando lignina, derivada de la madera, con aceite de coco. Arriba se muestra el cabello sin tratar (A); a continuación, se trató el cabello decolorado (B) con el acondicionador de lignina (C) y con un acondicionador normal (D). La mezcla de lignina tuvo un rendimiento similar al del acondicionador normal y redujo la fuerza necesaria para peinar el cabello.
La ciencia del cuidado del cabello de forma ecológica
Por La Voz
March 2026 Mika Sipponen, químico de materiales de la Universidad de Estocolmo, se fue a nadar en un lago turbio. Después, notó que su cabello estaba suave —incluso sin haber utilizado ningún producto para el cabello—. El agua marrón era rica en materia vegetal. Así que Sipponen se preguntó si uno de los compuestos orgánicos —la lignina, que se encuentra en la madera— podría ayudar a acondicionar el cabello.
Su equipo elaboró una mezcla de lignina con aceite de coco —y funcionó. Los experimentos demostraron que suavizaba la superficie del tallo capilar y reducía la fuerza necesaria para peinar el cabello. Y como la lignina se puede obtener a partir de residuos de madera, razonó Sipponen, los productos capilares elaborados con ella serían más respetuosos con el medio ambiente que los fabricados con algunos de los ingredientes habituales.
Esa investigación, publicada en Science Advances en 2025, es solo un ejemplo reciente de los esfuerzos por “hacer más ecológicos” los productos para el cuidado del cabello, ya que muchos contienen ingredientes derivados de productos petroquímicos no renovables o que no se degradan en el medio ambiente.
El mercado del cuidado del cabello mueve decenas de miles de millones de dólares, y cada vez son más los consumidores que demandan productos con un menor impacto ambiental y elaborados con ingredientes que consideran más respetuosos con el cuerpo. “La concienciación y la presión de los consumidores han tenido un impacto real en el mercado del cuidado del cabello”, afirma Alexa Friedman, epidemióloga del Environmental Working Group (EWG) en Washington, D.C.
El resultado ha sido una mezcolanza de esfuerzos por incorporar compuestos de origen biológico en los productos, incluidas proteínas creadas en laboratorio y moléculas prometedoras procedentes de plantas, hongos e incluso insectos.
Cuando las personas se lavan, acondicionan y peinan el cabello, están extendiendo productos por toda esa gran superficie —gran parte del cuidado del cabello es, en realidad, química de superficies. Influye en muchas características del cabello, como el brillo, la fuerza, la suavidad e incluso las formas que adoptan los mechones.
Si vemos de cerca esa superficie, un mechón de cabello parece una serpiente escamada. El desgaste mecánico causado por el cepillado agresivo y los tratamientos químicos puede dañar las escamas superpuestas del cabello y cambiar cómo se siente al tacto y su comportamiento. Una fina capa de lípidos —compuestos grasos— recubre el exterior del cabello sano, actuando como primera línea de defensa y contribuyendo a su brillo, mientras que el interior es principalmente proteína, en particular un tipo de queratina.
Las moléculas bioinspiradas que se dirigen a la queratina ya se han incorporado a algunos productos. Una de las primeras moléculas reparadoras de la queratina proviene del laboratorio del biotecnólogo Artur Cavaco-Paulo, que investigaba las proteínas que ayudan a los pulmones a expandirse, contraerse e intercambiar oxígeno durante la respiración. En el revestimiento pulmonar, su equipo encontró fragmentos de proteínas, o péptidos, que parecían tener la química adecuada para adherirse a los péptidos asociados a la queratina, lo que los convertía en candidatos para la reparación del cabello.
Su equipo acabó identificando alrededor de 1.200 péptidos prometedores. Los experimentos demostraron que uno de ellos encuentra y se adhiere a los extremos sueltos del cabello donde se han roto los enlaces de la queratina. En 2013, este péptido pasó a formar parte del producto comercial conocido hoy como K18; las pruebas sugieren que mejora la resistencia del cabello, especialmente antes y después de teñirlo o someterlo a otros tratamientos agresivos.
Ahora los investigadores buscan nuevos ingredientes proteicos en la seda, la piel y los insectos. En uno de sus proyectos, diseñaron una proteína que toma prestada parte de su estructura de la seda y parte de la elastina, una proteína que se encuentra en la piel, y luego modificaron genéticamente la bacteria E. coli para producirla. Al aplicarla al cabello, este se volvió más fuerte y elástico en comparación con las muestras de cabello sin tratar, según informó el equipo en la revista ACS Biomaterials Science & Engineering de octubre de 2025. La proteína podría utilizarse en productos que se dejan en el cabello o mascarillas capilares cuando se le aplican permanentes. Los científicos también están estudiando moléculas relacionadas con la resilina, una proteína elástica que se encuentra en varios insectos, como forma de proteger el cabello del calor y los daños mecánicos.
El equipo de Cavaco-Paulo ha investigado otros péptidos de la queratina que pueden alisar el cabello rizado sin necesidad de tratamientos químicos agresivos. Además, las fórmulas basadas en la celulosa —moléculas abundantes en las paredes celulares de las plantas— podrían utilizarse para rizar el cabello de forma más suave.
Aunque los polímeros existentes funcionan bien, muchos se derivan de productos petroquímicos. Como los compuestos de policuaternio, una clase de moléculas a base de amonio que se utilizan preferentemente en acondicionadores debido a su carga positiva. Pero cuando se utilizan en productos para el cabello, se van por el desagüe y pueden acumularse en el ambiente. Además, algunos acondicionadores utilizan polímeros sintéticos con una cadena principal de silicio. Hacen que el cabello se sienta muy suave, pero los microbios no pueden degradarlos fácilmente, dice Cavaco-Paulo; mientras que los materiales naturales se descomponen más fácilmente.
La lignina, que se puede obtener a partir de residuos agrícolas y madereros, es uno de esos ingredientes, afirma la farmacéutica Carla Varela, de la Universidad de Coimbra, en Portugal. El polímero también tiene actividad antibacteriana y proporciona cierta protección contra los rayos ultravioleta del sol, lo que lo convierte en un atractivo complemento para los productos capilares.
Utilizando lignina extraída de la madera de acacia, Varela y sus colegas modificaron el polímero natural para que tuviera carga positiva y se adhiriera más fácilmente al cabello dañado. Esto también lo hizo más soluble en agua, clave para acondicionadores. El enfoque, publicado en Chemical Engineering Journal en octubre de 2025, no evita por completo los productos petroquímicos, pero es un buen paso, afirma Varela.
Otros investigadores están estudiando el quitosano, un material derivado de las conchas de crustáceos e insectos y de las paredes celulares de los hongos. El quitosano es fácil de trabajar y no requiere productos químicos agresivos. Ya se encuentra en algunos productos para el cabello como agente protector del calor y de peinado, afirma Eduardo Guzmán, físico-químico de la Universidad Complutense de Madrid, en España. Para evitar dañar a los animales, es preferible utilizar fuentes fúngicas de quitosano, pero las moléculas de quitosano derivadas de hongos son demasiado pequeñas para depositarse bien en el cabello. Guzmán y sus colegas trabajan para encontrar las formulaciones adecuadas.
Los científicos también buscan sustitutos de los sulfatos, que dan a los champús su espuma y son fundamentales para eliminar el sudor, la grasa, la suciedad y los residuos de productos. Pero los sulfatos tienen mala reputación porque pueden ser irritantes para algunos consumidores. Ya hay champús sin sulfatos en las farmacias, como los tensioactivos llamados sophorolípidos, que se obtienen de hongos, limpian suavemente y se utilizan en algunos champús para bebés. Otros sustitutos de los sulfatos son los alquilpoliglucósidos —moléculas almidonadas y grasas derivadas de plantas como el aceite de coco y el aceite de palma, y la glucosa del maíz y las papas.
Friedman, del EWG, advierte que es difícil saber cuán ecológico es un producto, ya que hay poca responsabilidad por las afirmaciones sobre los distintos productos.
*Traducido al español por Debbie Ponchner
*Adaptado de un artículo publicado por la Revista Knowable. Texto completo aquí: https://bit.ly/Kcabello
COPYRIGHT 2026
La Voz, Cultura y noticias hispanas del Valle de Hudson
Esa investigación, publicada en Science Advances en 2025, es solo un ejemplo reciente de los esfuerzos por “hacer más ecológicos” los productos para el cuidado del cabello, ya que muchos contienen ingredientes derivados de productos petroquímicos no renovables o que no se degradan en el medio ambiente.
El mercado del cuidado del cabello mueve decenas de miles de millones de dólares, y cada vez son más los consumidores que demandan productos con un menor impacto ambiental y elaborados con ingredientes que consideran más respetuosos con el cuerpo. “La concienciación y la presión de los consumidores han tenido un impacto real en el mercado del cuidado del cabello”, afirma Alexa Friedman, epidemióloga del Environmental Working Group (EWG) en Washington, D.C.
El resultado ha sido una mezcolanza de esfuerzos por incorporar compuestos de origen biológico en los productos, incluidas proteínas creadas en laboratorio y moléculas prometedoras procedentes de plantas, hongos e incluso insectos.
Remodelación y reparación
Se necesita mucha química para fabricar productos capilares eficaces —como champús que hagan espuma y eliminen la suciedad o acondicionadores que dejen el cabello suave. Una cabeza promedio tiene entre 120.000 y 150.000 cabellos. Con una longitud aproximada hasta los hombros, esa mata de pelo ocupa unos seis metros cuadrados de superficie.Cuando las personas se lavan, acondicionan y peinan el cabello, están extendiendo productos por toda esa gran superficie —gran parte del cuidado del cabello es, en realidad, química de superficies. Influye en muchas características del cabello, como el brillo, la fuerza, la suavidad e incluso las formas que adoptan los mechones.
Si vemos de cerca esa superficie, un mechón de cabello parece una serpiente escamada. El desgaste mecánico causado por el cepillado agresivo y los tratamientos químicos puede dañar las escamas superpuestas del cabello y cambiar cómo se siente al tacto y su comportamiento. Una fina capa de lípidos —compuestos grasos— recubre el exterior del cabello sano, actuando como primera línea de defensa y contribuyendo a su brillo, mientras que el interior es principalmente proteína, en particular un tipo de queratina.
Las moléculas bioinspiradas que se dirigen a la queratina ya se han incorporado a algunos productos. Una de las primeras moléculas reparadoras de la queratina proviene del laboratorio del biotecnólogo Artur Cavaco-Paulo, que investigaba las proteínas que ayudan a los pulmones a expandirse, contraerse e intercambiar oxígeno durante la respiración. En el revestimiento pulmonar, su equipo encontró fragmentos de proteínas, o péptidos, que parecían tener la química adecuada para adherirse a los péptidos asociados a la queratina, lo que los convertía en candidatos para la reparación del cabello.
Su equipo acabó identificando alrededor de 1.200 péptidos prometedores. Los experimentos demostraron que uno de ellos encuentra y se adhiere a los extremos sueltos del cabello donde se han roto los enlaces de la queratina. En 2013, este péptido pasó a formar parte del producto comercial conocido hoy como K18; las pruebas sugieren que mejora la resistencia del cabello, especialmente antes y después de teñirlo o someterlo a otros tratamientos agresivos.
Ahora los investigadores buscan nuevos ingredientes proteicos en la seda, la piel y los insectos. En uno de sus proyectos, diseñaron una proteína que toma prestada parte de su estructura de la seda y parte de la elastina, una proteína que se encuentra en la piel, y luego modificaron genéticamente la bacteria E. coli para producirla. Al aplicarla al cabello, este se volvió más fuerte y elástico en comparación con las muestras de cabello sin tratar, según informó el equipo en la revista ACS Biomaterials Science & Engineering de octubre de 2025. La proteína podría utilizarse en productos que se dejan en el cabello o mascarillas capilares cuando se le aplican permanentes. Los científicos también están estudiando moléculas relacionadas con la resilina, una proteína elástica que se encuentra en varios insectos, como forma de proteger el cabello del calor y los daños mecánicos.
El equipo de Cavaco-Paulo ha investigado otros péptidos de la queratina que pueden alisar el cabello rizado sin necesidad de tratamientos químicos agresivos. Además, las fórmulas basadas en la celulosa —moléculas abundantes en las paredes celulares de las plantas— podrían utilizarse para rizar el cabello de forma más suave.
Lavado y acondicionamiento
Muchos productos para el cuidado del cabello, como los acondicionadores, contienen moléculas de cadena larga llamadas polímeros que suavizan los bordes irregulares de las escamas proteicas del cabello. Estos polímeros suelen tener carga positiva y se adhieren a la superficie con carga negativa del cabello dañado.Aunque los polímeros existentes funcionan bien, muchos se derivan de productos petroquímicos. Como los compuestos de policuaternio, una clase de moléculas a base de amonio que se utilizan preferentemente en acondicionadores debido a su carga positiva. Pero cuando se utilizan en productos para el cabello, se van por el desagüe y pueden acumularse en el ambiente. Además, algunos acondicionadores utilizan polímeros sintéticos con una cadena principal de silicio. Hacen que el cabello se sienta muy suave, pero los microbios no pueden degradarlos fácilmente, dice Cavaco-Paulo; mientras que los materiales naturales se descomponen más fácilmente.
La lignina, que se puede obtener a partir de residuos agrícolas y madereros, es uno de esos ingredientes, afirma la farmacéutica Carla Varela, de la Universidad de Coimbra, en Portugal. El polímero también tiene actividad antibacteriana y proporciona cierta protección contra los rayos ultravioleta del sol, lo que lo convierte en un atractivo complemento para los productos capilares.
Utilizando lignina extraída de la madera de acacia, Varela y sus colegas modificaron el polímero natural para que tuviera carga positiva y se adhiriera más fácilmente al cabello dañado. Esto también lo hizo más soluble en agua, clave para acondicionadores. El enfoque, publicado en Chemical Engineering Journal en octubre de 2025, no evita por completo los productos petroquímicos, pero es un buen paso, afirma Varela.
Otros investigadores están estudiando el quitosano, un material derivado de las conchas de crustáceos e insectos y de las paredes celulares de los hongos. El quitosano es fácil de trabajar y no requiere productos químicos agresivos. Ya se encuentra en algunos productos para el cabello como agente protector del calor y de peinado, afirma Eduardo Guzmán, físico-químico de la Universidad Complutense de Madrid, en España. Para evitar dañar a los animales, es preferible utilizar fuentes fúngicas de quitosano, pero las moléculas de quitosano derivadas de hongos son demasiado pequeñas para depositarse bien en el cabello. Guzmán y sus colegas trabajan para encontrar las formulaciones adecuadas.
Los científicos también buscan sustitutos de los sulfatos, que dan a los champús su espuma y son fundamentales para eliminar el sudor, la grasa, la suciedad y los residuos de productos. Pero los sulfatos tienen mala reputación porque pueden ser irritantes para algunos consumidores. Ya hay champús sin sulfatos en las farmacias, como los tensioactivos llamados sophorolípidos, que se obtienen de hongos, limpian suavemente y se utilizan en algunos champús para bebés. Otros sustitutos de los sulfatos son los alquilpoliglucósidos —moléculas almidonadas y grasas derivadas de plantas como el aceite de coco y el aceite de palma, y la glucosa del maíz y las papas.
Friedman, del EWG, advierte que es difícil saber cuán ecológico es un producto, ya que hay poca responsabilidad por las afirmaciones sobre los distintos productos.
*Traducido al español por Debbie Ponchner
*Adaptado de un artículo publicado por la Revista Knowable. Texto completo aquí: https://bit.ly/Kcabello
COPYRIGHT 2026
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