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Nuestro lugar en el mundo

Por Mariel Fiori
April 2025
Aprovechando que abril es el Mes de la Tierra, nos ponemos a reflexionar sobre nuestra relación con el planeta. Hay por las menos dos maneras de ver nuestro lugar en el mundo. Como seres humanos, seres que pensamos y creamos, usamos herramientas y nos reímos, podemos llegar a creer que somos también superiores, y hasta invencibles, ante el mundo a nuestro alrededor. Nuestra tarea en ese caso es maximizar todos los recursos disponibles, explotarlos como si no hubiera mañana. Esta ha sido la mentalidad en muchas épocas de la historia que aprendemos en la escuela, desde el imperio romano hasta el colonialismo europeo y la revolución industrial, por citar unos ejemplos. 

Así fue como con esta manera de pensar que gran parte del Valle del Hudson fue por los últimos siglos una zona saqueada. En el siglo XIX, la región se convirtió en un centro industrial, con bosques talados para dar paso a granjas y, sobre todo, para quemar toda la madera posible que alimentara las usinas que funcionaban las 24 horas del día. Una visita al Parque Estatal Taconic y las ruinas de su museo siderúrgico (Iron Works Museum) ofrece una vívida imagen de este pasado extractivo. 

Pero la cosa no se quedó en el siglo XIX. Durante el siglo XX, el río Hudson se convirtió en una cloaca industrial. Sin regulaciones adecuadas, las fábricas vertían desechos químicos directamente en sus aguas, provocando una contaminación tan severa que no se podía nadar ni pescar en el río. Esta manera extractiva de ver nuestro lugar como humanos en este planeta es definitivamente dañina, y no solo para el medio ambiente, los animales y las plantas, sino para nosotros mismos. 

Otra manera de ver nuestro lugar en el mundo es no como los dueños del planeta, sino como una pieza más de su engranaje, como parte de un equilibrio mayor. Esta mentalidad también la han compartido y comparten diversas culturas del mundo, de los que aprendemos menos en la escuela, como los pueblos iroqueses con su Ley de las Siete Generaciones, los pueblos quechuas y aymaras, y muchos otros del continente americano, además de las filosofías orientales como el budismo y el taoísmo, entre otras. Como seres inteligentes, podemos ayudar a construir un mundo donde todos puedan prosperar. O podemos destruir todo, como venimos haciendo, sabiendo que esa destrucción nos incluye. No somos inmunes. 

El cambio climático es una realidad innegable: en las últimas décadas, las temperaturas globales han aumentado desde la era preindustrial, con olas de calor, huracanes y sequías más frecuentes y devastadoras. En 2023, los desastres climáticos en EE.UU. causaron daños por más de 165 mil millones de dólares y cobraron cientos de vidas. Según un informe de la ONU, más de un millón de especies están en peligro de extinción debido a la actividad humana, sin contar las ya miles extintas. La contaminación del aire causa unos siete millones de muertes prematuras cada año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estos datos nos recuerdan que el daño que causamos al planeta también nos afecta directamente. Sí, en realidad somos una pieza más del engranaje. 

Afortunadamente, la historia del Hudson demuestra que la regeneración es posible. Gracias a décadas de activismo y trabajo de organizaciones como Riverkeeper y personas como el músico y ambientalista Pete Seeger, el río ha sido limpiado en gran medida. En 2019, la EPA declaró que la mayor parte de la limpieza de PCB estaba completa, aunque aún persisten desafíos. Hoy, comunidades enteras dependen del Hudson para obtener agua potable, un testimonio del poder de la acción colectiva. Los bosques también volvieron a crecer en el Valle del Hudson, gracias a programas de reforestación, árboles plantados uno a uno por manos trabajadoras.  

Estos ejemplos demuestran que sí se puede revertir algunos de los daños que nuestra sociedad hiper consumista, hambrienta de plásticos y combustibles fósiles ha hecho. Pero requiere que nos arremanguemos, que trabajemos tanto individual como colectivamente. Las buenas intenciones no alcanzan. Mientras los gobiernos cambian de manos y de prioridades, todavía tenemos la responsabilidad y el poder de trabajar para que esta, la única casa que conocemos con certeza, sea un lugar donde todos podamos vivir con dignidad.  

Cuando se dice que hay que cuidar el medio ambiente, se está hablando de un verbo, de una acción concreta y continua. ¿Y tú, cómo ves tu lugar en el mundo?   

Mariel Fiori 
Directora 

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