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Costa Rica

Por Laura Maneri
April 2017

Tuve la oportunidad a ir a la tierra de “pura vida”, Costa Rica, por un semestre para estudiar español y enseñar inglés.
Al llegar al aeropuerto Juan Santamaría en San José, me recibió el coordinador del programa del Universidad Veritas. Me llevó a mi nueva casa con mi mamá Tica (como llaman a los costarricenses), Elizabeth. Qué emocionante el conocer a la mujer que sería mi nueva tutora. Estaba muy feliz de poder viajar y vivir en un país con tanta biodiversidad. Aunque Costa Rica es un país pequeño país, alberga el seis por ciento de la biodiversidad en el mundo. Me enamoré del país inmediatamente.

Aprendía español durante cuatro horas cada mañana, enseñaba inglés a dos estudiantes Ticos en la Universidad, pasaba tiempo con mi mama Tica en las comidas y viajaba a lugares para aprovechar de la biodiversidad. Me enamoré de la comida típica que mi mama Tica me cocinaba; como los casados, que consisten en platos de carne, pollo o pescado con plátanos, arroz y frijoles y ensalada. Qué rico. Para el desayuno comíamos frutas que yo consideraba exóticas, y jugo de guanábana, papaya, y mamón chino, una fruta con picos rojos. Debo mencionar que con el desayuno se sirven huevos con gallo pinto, es decir, arroz y frijoles mezclados con especies. Esto es algo que todavía quiero con mis desayunos en los Estados Unidos.

Claro que en mis tiempos libres necesitaba aprovechar de la naturaleza y las atracciones que consumen Costa Rica. Mis viajes por el país oscilaron entre relajarme en las playas y aguas calientes naturales a saltar entre tablones para avanzar en medio de los bosques exuberantes. Conocí a animales que yo consideraba exóticos como tucanes y perezosos, paseé por cataratas gigantes, volcanes, y vi arte típico del país.

Muy importante: conocí a dos Ticos de mi edad que me mostraron partes de la cultura que no se aprende en la escuela. Por ejemplo, “Mae” significa algo así como amigo; una palabra muy tranquila y Tica. Me enseñaron "Cocofunca," una banda alternativa con infusión de reggae y rock. Sin mis amigos Ticos, nunca hubiera aprendido acerca de estas partes típicas del estilo de vida de la gente de mi edad en Costa Rica.
Al final de la estadía ya no quería volver a Nueva York. Me encariñé con mi mamá Tica, una mujer tan afectuosa que siempre se aseguraba de que yo estuviera cómoda. Fue difícil dejarla a ella y a la cultura a la que me acostumbré tan bien. La 'pura vida', la comida, la exuberancia, el mar. Estoy muy agradecida por la experiencia de vivir y complacerme en el idioma, la cultura, y la naturaleza de Costa Rica.
 

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