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Debate

Machismo y democracia en México

En respuesta a “Debate: ¿Ficción democrática?” de Rocío Pérez Maisson, publicado en La Voz en diciembre de 2012

Por María Del Rosario Lara
February 2013

Antes que nada le agradezco a Rocío Pérez Maisson por haberse tomado el tiempo de leer mi artículo publicado en La Voz en el número de septiembre.  A toda persona en la que anida el gusanito del deseo de escribir le resulta muy gratificante tener la oportunidad de publicar, pero todavía más, saber que nos leen y que nuestra escritura origina respuestas creativas como la respuesta de la nota de Rocío Pérez.

Mi réplica a sus comentarios más que una contienda pretende ser un diálogo en donde se intercambian puntos de vista. En mí no hay afán de imponer una interpretación de lo que sucedió en México durante las elecciones presidenciales del 2012. Sin embargo, algunos puntos que aparecen en la nota “Debate: ¿ficción democrática?” me obligan a comentarlos a través de este medio. Pero antes de hacerlo quisiera hacer algunas aclaraciones. 

Primero, yo hablo desde mi condición de desterrada, es decir, de una persona que ha abandonado su suelo para instalarse en otro completamente distinto. Desde esa condición de abandono es que he aprendido a ver con otros ojos mi cultura. Gracias al destierro he podido poner distancia, la cual me ha permitido ser mas critica con respecto a mi manera de ser mexicana. Porque hay muchas maneras de ser mexicano, y lo descubrí aquí, en Nueva York, al entrar en contacto con otros connacionales. En segundo lugar, la crítica no es mala cuando se hace desde una conciencia que quiere aclararse su pasado (su vida en el país de origen) y hacerse de un futuro en otro lugar que todavía no llega a ser el propio, porque para eso se requiere tiempo, esfuerzo y comprensión. Finalmente, cuando llegué a este país, lo hice cargada de mitos, esto es, de explicaciones sobre mi cultura dichas de una manera poética. Aquí, al contacto con otra realidad, he tenido que modificar algunos mitos y deshacer otros, entre ellos el de la democracia.

Creo que la mejor forma de organizarse de una comunidad es la democrática. Pero para que se dé, es necesario que la sociedad civil, los ciudadanos, estén organizados para que pueda influir en el destino de su sociedad. Para ello haría falta que las condiciones de participación fueran más o menos igualitarias. Donde las diferencias de género, económicas, culturales y políticas pudieran ser aceptadas como maneras distintas de estar en el mundo. Entonces, yo me pregunto, ¿cómo puede haber una democracia cuando se piensa que las mujeres no podemos dirigir un país  en virtud de una carencia: presencia de fuerza? Para ser sincera, no sé exactamente qué significa esa expresión, simplemente intuyo su significado. ¿Cómo se puede ser democrático cuando se afirma que México es un país naturalmente regido por el patriarcado? Toda vez que sostenemos que algo es así por naturaleza negamos la posibilidad de cambio. Entonces, el corolario lógico de esa sentencia es que México va a ser siempre un país regido por hombres, y esta situación elimina de entrada las condiciones para una democracia verdadera. 

Siguiendo el comentario sobre el ex candidato del PRD que aparece en la contestación a mi nota de septiembre, este quedaría descalificado porque lo siguen personas sin oficio ni beneficio, y la prueba palpable  son las marchas y manifestaciones masivas que realizan. Una de las condiciones básicas de la democracia es el derecho y el respeto al diálogo y la posibilidad de los ciudadanos de manifestarse. Una forma comunitaria de manifestación es precisamente las respuestas públicas que se dan al poder estatal a través de las marchas. Que por cierto en México no están todavía tipificadas como delito. ¿Cómo se puede ser democrático cuando se le niega a la ciudadanía su derecho a expresarse, ya sea privada o públicamente? 

Para concluir, en la se nota menciona que EPN fue la mejor opción política del país por el hecho de tener presencia de fuerza. Lo que sí queda claro en la respuesta a mi nota es que es el hombre quien la posee y no la mujer, como lo demostró la candidata del PAN. También hay muchas maneras de ser mujer y JVM no es el único modelo.

Todo esto me lleva a concluir que en la respuesta a mi nota también se cuestiona fuertemente las posibilidades de México de llegar a ser un país democrático, puesto que se sientan las bases que impiden esta forma de gobierno: la misoginia, el machismo y la descalificación de los manifestantes a partir de su supuesta  “ociosidad y falta de productividad”. Creo que ambos escritos (el mío y el de Pérez Maisson) presentan las mismas conclusiones.


LA VOZ, Cultura y noticias hispanas del Valle de Hudson

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