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Vida Saludable

CHAGAS, amenaza invisible

Por Mariel Fiori
April 2006
Un cuarto de la población, o 100 millones de personas en Latinoamérica están en riesgo de contagio del mal de Chagas, una enfermedad que mata a 50.000 personas cada año y que afecta generalmente a las comunidades pobres. Pero el mal de Chagas ya no es exclusivo de Latinoamérica, en todo el continente hay alrededor de 20 millones de personas infectadas, los inmigrantes traen la enfermedad a los Estados Unidos, donde muchos médicos desconocen el mal. Y esto no es todo, tampoco existe una medicación efectiva para tratar la etapa crónica de la enfermedad, que sigue incapacitando y matando gente en la mitad de la vida.

La enfermedad de Chagas es un mal endémico de Latinoamérica pero también afecta a un número desconocido de personas en los Estados Unidos. El mal de Chagas se origina en poblaciones pobres y rurales, a través de la picazón de un insecto (vinchuca, chinche, barbeiro, chirimacha, chipo o kissing bug). Este insecto vive en ranchos de barro y paja en regiones de clima cálido y seco. También puede ser contraído a través de transfusiones de sangre, donación de órganos o congénitamente de madre a hijo.

Al principio los síntomas no son causa de preocupación: cansancio y dolor de estómago. Pero al picar, la vinchuca transmite el parásito Trypanosoma cruzi, que ingresa al torrente sanguíneo y desencadena un progresivo y silencioso deterioro de los tejidos del corazón y otros órganos, provocándole discapacidad y hasta la muerte súbita en los casos más severos.

Actualmente sólo se puede curar en su fase temprana o en niños. Ninguna de las medicinas actuales, Nifurtimox y Benznidazol, son ideales y tampoco existe ningún tratamiento para los millones de pacientes en la fase crónica. A pesar de la necesidad de nuevos fármacos que puedan administrarse en menos tiempo y con menos efectos secundarios, la ONG Médicos Sin Fronteras denuncia que las principales empresas farmacéuticas se retiraron de la investigación y desarrollo de nuevas medicinas contra el mal de Chagas porque no ven el beneficio económico de su inversión.

Mal de Chagas en el primer mundo

En el documental Chagas, un mal escondido (2005), primer largometraje del director y productor argentino Ricardo Preve, se alerta sobre la globalización del Chagas. “Conocí mucha gente en América Latina que sufre por esta enfermedad, —relata Preve— gente que está acostumbrada a una vida dura, a padecer en silencio, que no se queja ni reclama para que se atienda este problema”. Preve siguió investigando, “fui a Europa y a Estados Unidos y conocí enfermos con Chagas. Recorrí de noche escuelas, busqué inmigrantes latinos y encontré que había muchos infectados”.

El contagio en los Estados Unidos es a través de las transfusiones de sangre, “no hay testeo de la sangre de los donantes, por un tema de ignorancia cultural y política. Muchos de los afectados son inmigrantes ilegales, que no tienen seguro médico, no conocen el idioma del país en que residen y les resulta muy difícil dar a conocer su drama”, explica el director. En la investigación también aparecieron casos de personas contagiadas por transfusiones o trasplantes inseguros.

El documental muestra entrevistas a enfermos, investigadores, responsables de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra y funcionarios argentinos, franceses y estadounidenses. El Dr. Carlos Chagas, descubridor de la enfermedad en 1909, dijo “hablen de esta enfermedad y van a tener a todos los gobiernos en contra. Porque esta enfermedad, es un testimonio de la falla de los gobiernos de proveer las cosas más básicas para que la gente pueda vivir dignamente”.

La enfermedad de los pobres

El insecto que transmite el Mal de Chagas vive en las grietas de las paredes y los techos de las viviendas construidas con barro y paja, muy común en las zonas rurales y de las periferias urbanas de toda Latinoamérica. En Bolivia, la enfermedad es endémica en el 60% del territorio con unas 3,5 millones de personas en peligro. En las zonas alejadas de México se estima que el 30% de sus habitantes viven con la enfermedad, mientras que en Argentina hay unas 2,3 millones de personas afectadas. En el mundo desarrollado, estas cifras ya hubieran puesto a trabajar a las empresas farmacéuticas para encontrar una cura, o por lo menos un tratamiento efectivo o vacuna. Pero al Chagas también se lo conoce como la “enfermedad de la pobreza” y por eso en treinta años sólo ha habido un tratamiento, ya obsoleto con efectos secundarios e incompatibilidades todavía no conocidos. Médicos Sin Fronteras advierte “El problema es que el Chagas es una enfermedad “olvidada” porque es la enfermedad de los pobres”.




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