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Un río muy especial

Más de 2 millones de aves rapaces migran al norte en primavera

Por Fred Baumgarten
April 2006
Hace veinte años experimenté uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza en lo alto de las montañas de Sierra Madre Oriental en México. Mientras participaba en un tour cerca de Puebla por casualidad miré a las nubes. Lo que vi me dejó boquiabierto: miles y miles de aves rapaces cruzando el cielo de sur a norte.

Por ser un observador de pájaros, tenía mis binoculares y pude identificar gavilanes de ala ancha (Buteo platypterus), aguiluchos langosteros (Buteo swainsoni) y buitres de cabeza roja (Cathartes aura). Estas aves se extendían de lado a lado del horizonte, volando a ritmo constante hacia el norte, hacia sus territorios de anidación en los Estados Unidos y Canadá, en una migración masiva que rivaliza con el movimiento de las grandes hordas de ñúes de las llanuras del Serengueti en África o las migraciones anuales de caribúes por la congelada tundra ártica.

Hoy este fenómeno, y su igualmente impresionante contraparte en otoño, cuando los pájaros regresan a los trópicos, recibe el nombre de “Río de Rapaces” (River of Raptors). Ganó la atención de observadores de aves y de organizaciones ambientalistas de México y Estados Unidos que intentan preservar este fascinante espectáculo de la fauna silvestre para las generaciones futuras. Más de dos millones de halcones, águilas y buitres atraviesan el estrecho corredor entre la Sierra Madre Oriental y la costa del Golfo —la concentración de rapaces más grande en todo el mundo.

El Río de Rapaces fluye norte y sur entre América Central y Norteamérica, y las aves que forman este “río” son los embajadores de los variados países cuyas artificiales fronteras cruzan. Incluso algunos gavilanes de ala ancha vienen de tan lejos como Sudamérica a pasar los meses de verano aquí, en la Costa Este. De hecho, hace diez años, cuando estudiaba en el curso de verano del programa de estudios medioambientales para graduados de Bard College (hoy llamado Bard Center for Environmental Policy), me despertaba cada mañana con el silbido penetrante de un par de gavilanes de ala ancha. Sin duda anidaban en el bosque cercano. Ahora que desde octubre trabajo en Bard, sólo espero volver a escuchar ese sonido en la primavera.

Los observadores de aves en los Estados Unidos a veces pensamos que las aves migratorias como estas son “nuestras” aves. Sin embargo, casi todas las especies migratorias pasan la mayor parte de sus vidas en México, América Central o Sudamérica, apiñados entre las muchas especies residentes de esas regiones. La mayoría de los científicos creen que las aves migratorias se originaron en las zonas tropicales, expandiendo gradualmente sus territorios de nidada hacia el norte donde la competencia por los recursos era menos intensa.

El Río de Rapaces es parte del patrimonio natural compartido por todos los americanos, tanto hispano como anglohablantes, y vale la pena conocerlo y celebrarlo. Esta temporada, donde sea que esté, no olvide mirar al cielo para ver a estas aves espléndidas en su travesía épica.

Para más información, visite Pronatura Veracruz, www.pronaturaveracruz.org, o Hawkwatch International, www.hawkwatch.org.

*Traducción de Mariel Fiori
**Fred Baumgarten es escritor y naturalista. Fue empleado de la National Audubon Society. Trabaja en la Oficina de Desarrollo de Programas de Bard College.




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