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La historia del albañil mexicano Mario Sánchez

De Oaxaca a Rhinebeck: Construyendo una nueva vida

Por Emma Friedland
April 2006
Con las experiencias y conocimientos acumulados en veinte años trabajando como albañil en su Oaxaca natal, Mario Lucas Sánchez vino a los Estados Unidos en 1993. Atraído por las palabras de unos amigos ya instalados en Nueva York, Mario dejó su vida en Oaxaca atrás y sacrificó todo para venir a Rhinebeck en busca de trabajo. Entró en California por la frontera de Tijuana, pagándole a un coyote trescientos dólares para cruzar. Aunque la patrulla de la frontera en esa época no era tan estricta como hoy, Mario dice que “nos detuvieron una vez”. Pero la segunda vez tuvo éxito y logró entrar en el país. En total su viaje duró ocho días, desde que salió de su querida Oaxaca y llegó al pueblo de Nueva York —no mucho tiempo para un cambio tan radical. Después de trece años en Rhinebeck, la vida de Mario acá es cómoda, pero al principio no fue así.

Al comenzar su vida como neoyorquino el albañil Mario empezó sin los cimientos. Cuando todavía estaba en México, sus amigos le platicaban sobre la abundancia de trabajo en Rhinebeck y sus buenas experiencias acá pero, “llegando aquí es otra situación,” explica Mario. “Al principio,” recuerda él, “uno viene a sufrir.” Y separado de su esposa Emilia hasta 1997 y de sus tres hijos hasta 2000, Mario sufrió muchísimo. Nadie le contó sobre la realidad de un salto tan abrupto como es inmigrar, o lo “mudo” que se queda alguien cuando no sabe el idioma.

Sin las palabras de su propio oficio y sin conocidos para recomendarle trabajo, “uno no puede desarrollar su trabajo como uno quisiera,” describe Mario la frustración de ser un inmigrante recién llegado al país y con muchas ganas de trabajar pero con pocas opciones y ninguna manera de comunicarse con los demás. El aislamiento por la falta de palabras no era la única fuente de molestias para Mario, también el cambio de clima—los montones de nieve acumulados al lado de las calles en marzo o el calor húmedo de acá que es muy distinto al calor seco de Oaxaca —forzó a Mario a darse cuenta físicamente de su nueva vida.

En su trabajo Mario también tuvo que acostumbrarse a cambios drásticos, a re-aprender lo especifico de su propio oficio. En los Estados Unidos, los planes de construcción son de diferente escala que en México, y es que todo se mide en pulgadas en vez de en metros. Las necesidades que una estructura en el Hudson Valley debe satisfacer no son iguales que las de México: sin la amenaza de un temblor, los edificios de aquí no necesitan mucho refuerzo. Otra diferencia es que acá, más que hacer algo nuevo, se prefiere remodelar. La intención de conservar es distinta a México, donde gusta más la obra moderna.

La comunidad oaxaqueña acá

Pero algo de México persiste aquí en Rhinebeck. Por ejemplo, ahora pareciera que una comunidad entera de Oaxaca se transplantó al campo de Nueva York. Según Mario, “en el ‘93 éramos solo siete u ocho personas de Oaxaca aquí”, pero ahora “ya pasamos los cien en Rhinebeck”. Aunque Mario todavía extraña su casa y su pueblo natal, adonde ya lleva ocho años sin regresar, esta pérdida es mitigada por el hecho de que ahora comparte su casa grande situada entre Red Hook y Rhinebeck con su hermano, y además otros miembros de su familia viven cerca. “Cuando todos estamos en la casa, llegamos a casi veinticinco personas,” dice Mario, “Ponemos música, hacemos barbacoa”. Aunque algunas costumbres como las celebraciones del día de muertos o las navideñas no son iguales a las de México.

Pero después de trece años, la vida de Mario, aunque muy diferente a la de México, ya está fijada en Rhinebeck: “No puedo mudarme para otro lugar, sin perder todos los esfuerzos de acomodarme a un lugar nuevo. En Hudson me conocen como trabajador de yeso, en Germantown como trabajador de muros, y me llaman para hacerlo,” explique Mario. “Porque en este país, le dan importancia al que tiene áas años de trabajo,” conocimientos, y experiencia. A Mario le gusta ir aprendiendo, conociendo la gente de aquí y construyendo su nueva vida.

Más que las oportunidades de trabajo, Mario dice que la idea de instalarse aquí es que sus hijos, que asisten al colegio secundario de Rhinebeck, terminen la escuela y continúen estudiando. Aunque la universidad es carísima y dificilísima para los inmigrantes de pagar, ese es el futuro que Mario el albañil aspira construir. Será porque “no ver las cosas realizadas” es la condición del inmigrante y como destaca Mario, “siempre se aspira a más, nunca se conforma uno.”


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Comentario: Para los que estén interesados en saber cómo funciona la acción ejecutiva del presidente Obama en materia de inmigración que anunció el 20 de noviembre de 2014, favor de leer la información publicada por USCIS, la agencia de inmigración federal, aquí: www.uscis.gov/es/accionmigratoria
Posted: 11/25/2014