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Editorial

500 AÑOS DESPUÉS

October 2008

Al principio

ofrecieron espejitos y otras porquerías

a cambio de oro y plata.

 

500 años después

sus descendientes ofrecen

gorras, playeras y otras porquerías

a cambio de votos.

Este corto poema del profesor, escritor maya y guatemalteco, Daniel Caño refleja muy sintéticamente la situación del sistema político en países latinoamericanos como Guatemala, pero también hace un extraño guiño a los hispanos en Estados Unidos.

En octubre conmemoramos el famoso “descubrimiento” de América, sí el continente, desde Juneau hasta Ushuaia, de Alaska a Tierra del Fuego, a no confundir: el continente de norte a sur, no el país que nos da albergue actualmente. El 12 de octubre de 1492, el genovés Cristóbal Colón y su tripulación al fin encontraron tierra firme después de tres meses de haber salido del Puerto de Palos, en España. Y pensaban que ya habían llegado al Japón, pero era otra la isla encontrada, la actual Isla de la República Dominicana y Haití ─con una población hoy inexistente, completamente arrasada por las guerras y las enfermedades que trajeron los hombres blancos. Bueno, no es necesario seguir, creo que todos conocen este episodio tan importante de nuestra historia.

Pero en 516 años muchísimo ha cambiado, y casi nada también. La ciencia y la tecnología por supuesto que han mejorado considerablemente en cinco siglos. La vida tal vez sea más estresante hoy en día que en tiempos prehispánicos, aunque es difícil conocer el nivel de estrés de antaño, y es fácil creer que todo tiempo pasado fue mejor. Pero indudablemente la calidad de vida, en cuanto a duración, salud, alimentación, educación y más, ha sido perfeccionada con el correr del tiempo. También cambiaron los colores, los olores, los sonidos y las culturas de los habitantes originarios por las de nuevos habitantes de todos los continentes. Africanos, europeos y asiáticos cruzaron el océano en muchos distintos momentos para “hacerse la América” algunos, y forzados por la esclavitud, otros.

Y sin embargo, como bien sintetiza Daniel Caño, no mucho ha cambiado. Ahora son playeras y otras porquerías que se ofrecen a cambio de votos. En zonas empobrecidas, candidatos sin temor ni vergüenza ninguna se dedican a repartir zapatillas para el pie izquierdo, justo unos días antes de las elecciones con la promesa de volver con el par correspondiente si resultan electos en ese distrito. Mientras tanto, la constitución pasa a ser un pedazo de papel de poco valor. Pero el lamento evidente del poema también puede ser un llamado de atención. Y es así como prefiero verlo, con la ardiente esperanza de que si se puede reconocer un problema, se ha dado un firme paso hacia la búsqueda de la solución.

¿Y por casa? En Estados Unidos vivimos 45 millones de hispanos, no todos podemos votar, pero muchos sí y no lo hacen. Hoy más que nunca es necesario que se registre y acuda a votar en las elecciones presidenciales. Como cifra silenciosa hemos creado un poco de ruido, pero ya es hora de participar en esta sociedad de cualquier manera disponible a nuestro alcance. El voto es poderoso y nuestros candidatos bien lo saben (ahora ya hacen campaña en español). Pero si no votamos, ni nos organizamos mejor como comunidad con voz y voto, van a seguir pasando nuestras necesidades por alto y nos quedaremos con nada ─ni siquiera con los espejitos de colores o las playeras─ sólo habrá más deportaciones y miedo.

Unirse a organizaciones o centros de apoyo a hispanos es otra buena opción que considerar. ¿Tiene alguna sugerencia? Envíe una carta a escribalavoz@yahoo.com con sus ideas o preguntas de participación hispana en el Valle del Hudson.

¡Bienvenidos a La Voz de octubre y que tengan un Feliz Día de la Raza Hispana!

Mariel Fiori, Directora




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