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En Oaxaca pasa más de lo que se dice

February 2007

Estimada Editora:

Escribo en respuesta al artículo “Qué Pasa en Oaxaca” (diciembre 2006, página 7). En este artículo, Emilia Fenton presenta un sólo lado de la situación en Oaxaca, describiendo el “desorden” y “caos” supuestamente causados por los manifestantes, sin reconocer las causas detrás de estas manifestaciones y sin reconocer que la Policía Federal Preventiva (PFP) instigó la violencia en lo que fue desde el inicio y sigue siendo un movimiento pacífico.

La lucha del pueblo oaxaqueño empezó el 22 de mayo de 2006, cuando el gobernador Ulises Ruiz, en vez de negociar con los maestros en huelga sobre sus demandas de mejores sueldos y más recursos para sus alumnos, respondió con amenazas y violencia. Unos 300.000 habitantes de Oaxaca, entre ellos sindicales, campesinos, estudiantes, comunidades indígenas, profesores y familias, se mostraron indignados por esta acción tomada por un gobernador elegido de manera fraudulenta. El 17 de junio, este conjunto de personas formó la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca (APPO), un movimiento pacífico que exige la renuncia de Ruiz.

En su artículo, Fenton no especifica explícitamente quién causó el desorden, pero sí indica que la PFP llegó “finalmente” para mantener la paz. Efectivamente, los “varios muertos” y “violaciones de derechos humanos” no fueron causados por los miembros de APPO, sino por los paramilitares, y luego por la misma PFP que usó armas en contra de un pueblo no armado.

Me pregunto cómo la “ocupación del centro histórico” por los mismos habitantes del estado y las “estaciones de radio tomadas” por la misma población que necesita comunicarse entre sí constituyen “caos”. ¿Por qué algunas personas tienen el derecho de estar en el centro y hablar por la radio, y otras no?

Por supuesto, todos sufren por los “alumnos sin poder asistir a clases”, el “retraso en obras públicas debido a caminos bloqueados”, y las “pérdidas económicas por la baja en el turismo”, pero son pérdidas pequeñas al lado de lo que pierde la gente todos los días cuando asiste a las clases con demasiados pocos recursos, cuando ve que las obras públicas nunca llegan a los barrios más pobres (o si llegan, se dejan sin terminar al cabo de las elecciones), cuando ve que las ganancias económicas del turismo van de manera desproporcionada a un pequeño grupo de personas, y sobre todo, cuando marcha por sus propias calles con letreros y megáfonos sólo para encontrarse con los balazos de la policía federal.

Atentamente,

Kate Grim-Feinberg

10 de enero de 2007

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Estimada Editora:

Le escribo en respuesta a la carta de Kate Grim-Feinberg a mi artículo “Qué pasa en Oaxaca.” No entiendo como es que Grim-Feinberg interpretó que mi artículo sólo presentaba un lado del conflicto, y siguió por desdeñar mi uso de las palabras desorden y caos cuando la toma de una ciudad y mucha de su destrucción, en mi mente, constituyen vívidos ejemplos de ambas palabras.Según Grim-Feinberg estos actos no fueron causados por los manifestantes sino sólo “supuestamente” ocurrieron. En mi artículo si indiqué que la respuesta de los manifestantes es una reacción a la situación de injusticia e imparcialidad del gobernador del estado.

Grim-Feinberg se pregunta por qué “las estaciones de radio tomadas por la misma población que necesita comunicarse entre sí constituyen caos” y “¿por qué algunas personas tienen el derecho de estar en el centro y hablar por la radio y otras no?” En mi opinión cuando las leyes no se respetan, como cuando se toman estaciones de radio, existe el caos. Al igual que para mí, elecciones fraudulentas también constituirían caos. A la segunda pregunta, respondo que todos tenían derecho de estar en el centro, hasta que las barricadas se los impidieron. En cuanto al derecho de hablar por la radio, es algo que existe, pero también existe otro derecho, el de respetar la propiedad privada.

Grim Feinberg dice: “Los “varios muertos” y “violaciones de derechos humanos no fueron causados por los miembros de APPO, sino por los paramilitares, y luego por la misma PFP que usó armas en contra de un pueblo no armado”. Sin embargo yo tenía entendido que no ir a la escuela, entre otras, era una violación de derechos humanos.

La información no siempre puede ser objetiva, pero conduje mi investigación desde México, con acceso a los recursos informativos muy sofisticados, federales, privados, académicos. Escribí un artículo tomando en cuenta perspectivas PRIistas (partido que pertenece el gobernador de Oaxaca) y perspectivas de la APPO, argumentos nacionales y locales. Puedo decir esto con seguridad, más no puedo decir que el gobierno es el malo y el pueblo la victima, como a Grim-Feinberg le gustaría porque “Qué pasa en Oaxaca” intenta ser un artículo basado en investigación, no en opinión.

 Afectuosamente,

Emilia Fenton

20 de enero de 2007

 
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