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Usos y costumbres

Había una vez . . . el cuidado de los niños en tiempos de pandemia
 

July 2020
A mediados de marzo, las escuelas y las guarderías de niños cerraron a causa de la pandemia del COVID-19. Mientras el país y el mundo intentaban comprender lo que estaba ocurriendo, el enfoque estaba en los adultos, no en los niños. ¿Qué apoyo no recibieron en estos tiempos? ¿Cuáles son los riesgos para su cuidado y bienestar a la hora de reabrir la economía? ¿Qué futuro estamos dejando a esta joven generación? Estas son algunas de las preguntas que surgen en momentos de incertidumbre. La respuesta no es clara, pero una serie de conversaciones con profesoras y educadoras revela que la respuesta empieza en el hogar y va más allá, incorporando los centros de cuidado y la desigualdad sistémica que ha plagado a este país desde su concepción.
 
Una de las discrepancias más grandes en cuanto a cómo los niños reaccionaron e interpretaron la pandemia tiene relación con el estatus económico de las familias y el espacio recreativo que tenían disponibles. Maria Sachiko Cecire, Directora del Centro de Humanidades Experimentales de Bard College y profesora de literatura infantil, explica uno de los primeros ejercicios en su clase universitaria de introducción a la literatura infantil: “Le doy a mis estudiantes un papel y les pido que dibujen a un niño y una vez que terminan hablamos al respecto. Ahí te das cuenta de todas estas expectativas que la gente tiene con respecto a la niñez. Y como te podrás imaginar, rara vez es un niño de color, el género es normalmente bien definido. Por lo general está jugando al aire libre y está rodeado de muchas comodidades e inevitablemente en casi cada ocasión está sonriendo. Entonces cuando se piensa en la idea del ‘niño’, ¿Quién está pensando y cuáles son las presunciones que la gente tiene sobre la niñez?” Fácilmente se puede ver que existe un abismo entre la concepción convencional de un niño y la realidad en la que viven.
 

Nuestras ansiedades en los niños


Olga Maritza-Salazar, maestra de kindergarten en la escuela pública y contribuidora regular de La Voz, habla sobre las dificultades que las familias vivieron y siguen viviendo durante la pandemia, y cómo los padres pasaron estas ansiedades a los niños: “No quiero hacer esta diferencia de la raza, pero es como si la gente latina era un poquito más dramática. Algunos decían, “No salgas afuera que tú papi ya está viejo y se puede morir’. Era lo más drástico que podían decir como para pararlos. En cambio, con los niños no latinos decían algo como, ‘Mi mami dice que es algo que se puede contagiar’ y le explicaban todo y tenían más referencia científica sobre el virus. Aparte tú veías las diferencias, los niños de clase media tienen sus casas más grandes, tienen sus plataformas atrás con sus propios juegos entonces ellos podían salir a jugar afuera. Faltaba más información”.

La reacción tardía de los Estado Unidos llevó a una falta de información en inglés y aún más en español, llevando a los padres a tomar acciones drásticas para prevenir que sus hijos estuvieran en riesgo de contagiarse. Aun así, con las escuelas y guarderías cerradas, muchos padres tenían que trabajar sus trabajos esenciales y no todos tenían la posibilidad de poder trabajar desde su casa. “Para algunos padres latinos fue muy difícil esta educación a distancia. Tuve el caso de un chico que llamé por casualidad y el chico contesta pensando que era su mamá. Y cuando le dije quién era, ¡bum! me cortó el teléfono, entonces asumes que el chico estaba solo. Volví a llamar y ya no me contestaba el niño. Trabajando en un programa hispano te das cuenta de la realidad de estas cosas, entonces como te digo para estos papás fue muy, muy difícil”, refiere Salazar. Pero el problema no era solo de cómo lidiar con la tecnología o el cuidar de los niños.

Kaity Altu, de descendencia puertorriqueña es dueña y directora de la guardería bilingüe, Mountain Rise Daycare en Lake Katrine, NY, dice que, si bien el gobierno preparó subsidios para negocios pequeños, no todos los negocios fueron considerados, incluyendo el suyo: “En toda esta etapa he tratado de crear consciencia de lo difícil que esto ha sido para las guarderías infantiles. Por ejemplo, préstamos para negocios pequeños, como el mío, son para negocios que tienen tres o más personas trabajando. Hubo un montón de subsidios para los cuales yo no califiqué. Sé que Verizon estaba haciendo uno, Facebook estaba haciendo uno, la Cámara de Comercio estaba haciendo uno y para ninguno de ellos califiqué porque soy la única empleada. Entonces económicamente esto ha sido muy difícil para los proveedores, especialmente los de guarderías infantiles. Y el problema es que si todas estas guarderías tienen que cerrar porque no tienen los fondos, cuando los negocios reabran, y los padres tengan que ir al trabajo, ¿quién va a cuidar a los niños?” 


Cuando todo pase


Es el momento de pensar qué clase de gobierno dejamos para la siguiente generación, cómo será afectada esta generación a causa de las fallas endémicas en nuestro sistema. Muchas personas probablemente comparten el sentimiento de Olga Maritza-Salazar, que esto algún día será simplemente “un cuento. Que había una vez una enfermedad con la cual los niños no podían salir, porque podías contagiarte y poner en riesgo a tu familia”. Pero todo depende de quién tiene el poder de contar estas historias.

Según la profesora Maria Sachiko Cecire, “Si miras a la influenza de 1918, las narrativas nacionalistas sobre el final de la Primera Guerra Mundial completamente eclipsaron la realidad de la pandemia mundial. Era más útil para mantener el poder hablar sobre el triunfo de las tropas aliadas en vez de hablar de la falla total de muchos países en mantener con vida una cantidad enorme de sus ciudadanos. Entonces esa historia no se menciona mucho en los libros. De la misma forma, cómo recordemos la crisis de COVID-19 dependerá de las decisiones políticas que tomemos sobre cómo contamos nuestra historia y quién tiene el poder de decidir cómo se cuentan estas historias”.

Pero hay esperanza, esperanza que se puede ver en los movimientos activistas del momento y en la forma cómo diseminamos estos eventos, continúa Maria: “Uno de los momentos más grandes de ‘despertar’, por así decirlo, de la pandemia en los Estados Unidos, fue cuando los americanos empezaron a leer historias de primera mano de los doctores italianos que escribían lo que estaba pasando en sus salas de emergencias a través de tweets. Luego estos fueron compartidos en Facebook y después en otras plataformas y en uno o dos días ya los veías en periódicos. Gracias a las narrativas digitales (gente compartiendo sus propias anécdotas en las redes sociales, las cuales pueden diseminarse rápidamente alrededor del mundo), especialmente ahora que, más allá de la pandemia, hay un enfoque realzado con respecto a la desigualdad racial, de repente hay más interés en prestar atención a las experiencias personales de los demás”.

Vivimos en una época viral, literal y metafóricamente. Tenemos la posibilidad y la responsabilidad de asegurarnos de que estas fallas no desaparezcan en la sombra de la historia. La pandemia no es la causa de estas fallas, sino más bien el vector catalizador a través del cual el racismo y la desigualdad sistémica se dan a la luz. La única forma en que debemos permitir que todo esto se parezca a un cuento de hadas, es si algún día llegamos a ese final que todos esos cuentos comparten.
 

Recursos:


“Mi heroína eres tú” — Libro para niños sobre la pandemia
Sitio web de Mountain Rise Daycare.
Carta a Cuomo para apoyar las guarderías de niños.
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