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Editorial

Esperanza
 

Por Mariel Fiori
October 2017
Se acaba de pasar un mes, septiembre, cargado de catástrofes, y esperanza ―que al final de cuentas es lo último que se pierde. Por un lado tres huracanes, uno tras otro, Harvey, Irma y María, que dejaron agua y destrucción a su paso por Texas, Florida, Puerto Rico y el Caribe. La imagen satelital de tres huracanes, tres bolas de vientos fuertísimos, en fila como esperando su turno para golpear otra vez, recordaba a alguna de esas escenas apocalípticas de películas recientes, y a los más drásticos pronósticos científicos, todos hecho realidad. Sí, al parecer ya no caben dudas: la acción humana ha causado estos desastres naturales, que vinieron a destruir muchas construcciones humanas.

No todo está perdido, la acción humana poder ser muy solidaria en momentos difíciles. La ayuda corrió a raudales, de norte a sur, de este a oeste, fueron víveres, dinero y también muchos brazos voluntarios. Pasó a un segundo plano la política partidista y la ciudadanía estadounidense extendió su mano fraterna a Texas y Florida. Cuando María azotó a Puerto Rico, algunos como que no sabían, o no querían saber, que la isla es parte de los Estados Unidos, y sus habitantes son hermanos ciudadanos estadounidenses. Pero la ayuda del Valle del Hudson no se hizo esperar, y ya han salido varios vuelos desde JFK cargados con amor y suministros. 

Y de repente, mientras tanto, un terremoto, dos terremotos, tres terremotos sacuden México, y otra vez las construcciones se vienen abajo, puentes, casas, edificios, todo hecho una pila de escombros, dejando enterradas a cientos de personas. La diáspora mexicana y sus hermanos latinos en Estados Unidos, y en el Valle del Hudson se hicieron presentes y comenzaron a fluir donaciones a los centros de acopio instalados en tiendas y garajes particulares de la noche a la mañana. Para los desconfiados del gobierno mexicano (no es por nada que periodistas independientes y ciudadanos nos dan muestras cada día de más y más terribles actos de corrupción política en medio de tanta tragedia), existen otros canales para enviar nuestra colaboración a los más afectados. Si le interesa saber más sobre las distintas ayudas para México y Puerto Rico, lea nuestra nota en La Voz de este mes en la página 15.

La vida sigue, la reconstrucción de los lugares dañados tomará meses y hasta años. Sabiendo que el cambio climático es ya una realidad, tal vez las autoridades aprovechen y planifiquen sólo permitir construcciones que puedan aguantas mejor las condiciones naturales del clima y del suelo donde se encuentran. La esperanza es lo último que se pierde, ¿no? Bueno, también creo que nuestras acciones, como alzar nuestras voces en momentos como este es fundamental, sino ¿cómo se puede esperar algún cambio?

Hace meses escribí una editorial que parecía una carta de agradecimiento a nuestro presidente Donald Trump (La Resistencia Latina, marzo 2017). Le agradecía por haber hecho que millones de personas en todo el país se levantara a reclamar por lo que es justo, a usar las herramientas de la democracia que se estaban oxidando. Y tanta pancarta, tanta marcha, tanta demostración en las calles, tantas llamadas, tantas reuniones, tantos mensajes, han dado bastante resultado.

El ejemplo más reciente, y muy al caso: por unos días, cuando Puerto Rico estaba a oscuras, nuestro presidente parecía también a oscuras de la noticia y andaba muy presidencial atacando a atletas por ejercer su derecho a opinar. Después parece que alguien le avisó y entonces salió a decir que la isla está en bancarrota (chocolate por la noticia, como dicen en mi país), mostrando cero solidaridad y generando más controversia, un tuit a la vez. Pero la gente ya sabe cómo funciona esto y empezaron a llover las solicitudes de que se levante la proscripción impuesta por la Ley Jones de 1917, para poder permitir ayuda internacional. Ante la presión popular ―porque ¿quién de verdad cree que alguien en el gobierno lo pensó primero? ― el presidente autorizó levantar la prohibición de esa ley, temporalmente.

El camino es largo amigos, pero estamos juntos.
Eso es motivo de esperanza.

Mariel Fiori
Directora
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