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Cuento

Los cassettes de Lucrecio González, el hombre de la grabadora

Novela por entregas

Por Ricardo Enrique Murillo
April 2015

50. Los hijos del Capi

Me conformaría con la mitad del inglés que hablan los hijos del Capi. Cambiaría de trabajo, me compraría un carro de medio uso y, si se ofreciera, hasta pasearía una muchacha los días de mi descanso. Hay tantos lugares a donde llevarlas. Esos muchachos la tienen hecha. No cumplen los 15 años y ya son busboys los fines de semana. A Zulma le da risa verlos trabajar como si fueran cuates. Cargan su dinero. Compran lo que quieren porque no pagan renta. El Capi les da su libertad. A veces que platican entre ellos el Múcaro y yo nos quedamos oyéndolos a ver si se nos pega algo de tatacha. Parece fácil, pero no es. Se necesita mucha cabeza. Hay que saber mover la lengua de otro modo. Hace dos años compré un curso y no paso de one, two, three y good morning por la mañana y good evening por la noche. Candy dice que busque una gringa que me enseñe bien el inglés. Que me case. Que arregle papeles. Le digo que una muchacha me espera en México. Entonces dice que me la conchabe de todos modos y que cuando llegue el día de irme, cada quien se vaya por su lado. Como si todo fuera tan facilito. Fácil para los hijos del Capi.

51. El costal del Army

Tengo debajo de mi cama un costal del Army que compré en la garra para llevar mis cosas cuando me vaya. Pienso llenarlo de lo que no hay allá, principalmente ropa, a lo mejor un radio de transistores para mi madre, un despertador de cuerda para mi padre, una batería de luz fuerte que ilumine todo el corral, y seguro unas chamarras y unos suéteres para mis hermanos. Es verde, de lona gruesa para que dure. Tiene letras negras y colgadera. Lo compré con tiempo porque uno nunca sabe. Quiero irme por mi voluntad, no porque la migra me saque. Dicen que la migra no deja a los paisas regresar a los apartamentos ni por sus zapatos, mucho menos para despedirse de sus amistades o para arreglar asuntos pendientes. También lo compré para darme mi tiempo y no andar a las carreras como he visto que les sucede a algunos que se les olvida lo más importante.

52. Las ideas de Candy

Candy, que es puertorriqueña, pero que se sabe todos los dichos mexicanos y hasta los dice en nuestro tono, me dice que no sólo de pan vive el hombre, que después de cierta edad no es bueno que el hombre viva solo, y que ella y Manzanera han estado pensando en presentarme a una amiga para que platiquemos y, si nos entendemos, vayamos al cine y a comer y hasta algún baile de los muchos que hay en Chicago. ¿De veras me estaré poniendo viejo? Ofreció hablar con Zulma para que me de un domingo libre, si lo necesito. La muchacha es texana, trabaja en fábrica y dizque no hay que batallar con los hijos porque ya están grandes. Le repito que estoy apalabrado con una muchacha en México. No la veo desde que salí, pero, según las cartas de mi madre, me sigue esperando. Candy me dice que amor de lejos es amor de pen----- y a mí como que se me hacen fuertes sus palabras. Me pide que ponga los pies en la tierra. Total, que vea la muchacha y, si no nos entendemos, borrón y cuenta nueva. Le digo que está bien, que hable con ella y que me diga cuándo y dónde nos encontramos y el tiempo dirá lo qué pasa. Me dijo que está bien. Al fin estás abriendo los ojos, me dijo. Que ella y Manzanera van a hablar con ella pronto. Ahora sí, a rajarme a mi tierra.

53. Consejos de mi padre

No puedo dormir después de lo que me dijo Candy de la amiga que piensa presentarme. ¿Quién sabe cómo será en realidad? Cuando estuve en la primaria mi padre me dijo que lo pensara dos veces antes de embarcarme en un asunto de faldas para que no tuviera que arrepentirme. No te cases con pobre porque pobre ella y pobre tú, los chiquillos van a salir limosneros; si te vas al norte y te embarcas con una de acá, mojado tú y mojada ella, ellos van a salir remojados; búscatela clarita, porque si la encuentras negra, negra ella y negro tú, los niños van a salir carbón; trata de que sea altita, porque chaparro tú y chaparra ella, los niños pueden salir enanos. Vete y búscale. Y sí, salí de mi tierra hace años, le he buscado y entre más mundo ando, más hago lo que me dijo que no hiciera.

54. Todo sigue igual  

Que don Chuy el de la talacha sigue mal. Dicen los que han ido a verlo que tiene sondas hasta por detrás. Pobre de la familia que se turna para visitarlo y darle ánimo en estos momentos de apuros. Yo no he ido porque me enfermo de solo entrar a un hospital. Ya le mandé saludos con Candy. Por lo pronto Zulma depende por entero de don Rigo para que le haga la talacha del sótano, de la barra y del comedor. Los muchachos le dicen al hombre que ya no trabaje tanto porque se va a poner viejo pronto. Él dice que no le importa que le salgan canas por todas partes con tal de poder llenar el morral de dólares. Y Don Rigo no es el único que piensa así. Ya ha habido varios trabajadores que se le han arrimado a Zulma para decirle que, en caso de que don Jesús falte, ellos de muy buena gana estarán dispuestos a sacarle el trabajo adelante. Zulma sonríe y dice que ella les avisa. Por las dudas, van al cuarto de don Rigo a pedirle que no la jale, que los recomiende y prometen ayudarle en la talacha como se debe. Don Rigo les dice que él no tiene vela en el entierro. La que manda es Zulma. Mismo Don Rigo me lo contó. Ya no le dije nada, ni fui a ofrecerle mi ayuda a Zulma. 

[CONTINUARÁ...]




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