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El Mundial no se acabó en Brasil

El legado de la dictadura militar

Por Andalucía Knoll
August 2014
 Se escuchaba un coro recurrente en las protestas en Brasil durante el Mundial de Fútbol 2014, y no, no era una denuncia  a la FIFA o el hashtag #NaiVaiTerCopa, “No va a haber copa”. Era un coro que pedía el fin de la dictadura militar.


En 2014 se cumple el 50 aniversario de la dictadura que sacó del poder al izquierdista João Goulart e instaló un régimen militar. Veintiún años después, el país pasó a la “democracia”, pero muchos brasileños dicen que todavía no vieron los frutos. Irónicamente, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que representa al Partido de los Trabajadores, fue parte de un grupo de la guerrilla de izquierda y sobrevivió a la tortura de la dictadura. Pero sus críticos dicen que “vendió su alma a la FIFA” y el extravagante Mundial de Fútbol aumentó los operativos represivos de seguridad que restringieron derechos civiles básicos, desplazó a los ciudadanos más pobres de sus comunidades y distribuyó contratos lucrativos a empresas nacidas en la dictadura.

“Pacificar” las favelas

Mientras todos los ojos del mundo estaban pegados a las pantallas de televisión para ver el partido de Chile contra España el 18 de junio, la policía asesinó a otro joven negro en una comunidad pobre de las laderas de Río de Janeiro, conocida como favela. Los residentes de la favela Manguinhos, ubicada a cuatro kilómetros apenas del estadio Maracaná, dijeron que la Unidad de Policía Pacificadora disparó y mató a Alfonso Mauricio Linhares, de 25 años de edad, mientras actuaba de árbitro en un partido de fútbol callejero. Su muerte causó apenas un parpadeo en la prensa, y lo que fue más notable fue que un grupo de fanáticos chilenos trató de entrar por la fuerza al estadio, derribando las paredes del centro de prensa. Unos días más tarde, estalló un tiroteo en la favela Complexo do Alemao, entre los residentes y la policía, dejando un saldo de un policía y dos adolescentes muertos.

Durante la primera década del siglo XXI se estima que la policía de Rio asesinó a más de mil personas por año, la mayoría jóvenes negros pobres. En 2009, el Secretario de Seguridad de Rio, José Mariano Beltrame, adoptó una nueva estrategia con la Unidad de Policía Pacificadora, UPP, por toda la ciudad. A la fecha, tienen presencia en 38 favelas.

“En el pasado, la policía iba a las favelas, combatía a los traficantes y se iba”, comentó Beltrame en una entrevista con NPR. La estrategia de la UPP es “aniquilar” a los grupos criminales con la invasión de soldados y policía militar y el establecimiento de una presencia permanente con las llamadas unidades de policía comunitaria. Las altas cifras de asesinatos por la policía han disminuido desde la implementación de la UPP, pero los residentes se quejan de la presencia de sus miembros, que ven como una fuerza invasora.

Dos meses antes del Mundial, tropas militares entraron a Maré, un complejo de favela en el norte de Rio de Janeiro. “A medida que se acerca el mega evento, las favelas se militarizan; la UPP, el Ejército, las Fuerzas Nacionales, todas entran así se puede vender la idea de que somos una gente tranquila que vive en paz”, observó la periodista Gizele Martins Además, editora del periódico comunitario 'O Cidadão, del Maré.

“Las fiestas en los estadios no valen las lágrimas en las favelas” clamaban los activistas días después del asesinato de los adolescentes en las favelas. Reunidos en la favela Chapéu­-Mangueira (situada justo encima de Copacabana, el barrio sofisticado frente al mar) los residentes denunciaron la violencia policial y pidieron más servicios sociales. “Estoy aquí para demandar justicia en nombre de mi hijo, en nombre de todos los jóvenes que han sido asesinados”, dijo Ana Paula Gomez de Oliveira, madre de Jonathan de Oliveira Lima, de 19 años de edad, que fue asesinado por la UPP Manguinhos en mayo. Ante la multitud agregó: “Estoy aquí para gritar que las favelas no pueden ser silenciadas. Estoy convencida que unidas, las favelas no serán conquistadas”.

En la pared, los niños pintaban camisetas con los nombres de los asesinados, incluyendo las diez personas asesinadas durante un operativo policial en Maré el año anterior y a Cláudia Silva Ferreira, una madre de 38 años de edad atrapada en el tiroteo policial en marzo de 2014, cuyo cadáver fue arrastrado detrás del patrullero policial, hecho brutal documentado en un video muy difundido.

El grafiti también tenía el nombre de Amarildo Souza Lima, albañil de la favela Rocinha a quien no se volvió a ver desde julio de 2013, cuando pasó a custodia policial. La policía dice que los puso en libertad, pero los videos de seguridad de la comisaría muestran que nunca salió, y su esposa dice que nunca regresó a casa. Su desaparición fue un desgarrador retroceso a los más de 400 desaparecidos políticos de la dictadura que el gobierno aún no ha abordado.

Según un estudio de Fábio Araújo, sociólogo de la Universidad Federal de Rio de Janeiro, 91.807 personas han desaparecido en el estado de Rio de Janeiro en los años post-dictadura de 1991 a mayo de 2013. Gracias a la atención de los medios que Brasil recibió por el mega-evento deportivo, el caso de Amarildo recibió atención y movilizó a los brasileños de todos los niveles sociales a participar en la campaña de Amnistía Internacional “¿Dónde está Amarildo?”

“Le damos tarjeta amarilla a la policía militar de San Pablo por atacar a manifestantes pacíficos en vez de garantizar el derecho a la manifestación y la seguridad de los participantes” dijo Atila Roque, director de Amnistía Internacional Brasil. La policía arrestó preventivamente a 19 activistas y periodistas por cargos de vandalismo un día antes de la manifestación planeada en Rio de Janeiro para el último partido de la copa. La protesta del 13 de julio, justo antes del partido Argentina-Alemania, llevó a la golpiza y rotura del lente de las cámaras de varios periodistas locales e internacionales.

La Ministra de Derechos Humanos de Brasil, Maria do Rosario Nunes, dijo públicamente que Brasil heredó su modelo policial de la dictadura. “Los manuales con los que se entrena a la policía, y la forma en la que tratan a las personas en las manifestaciones y en las calles son restos de ese régimen”, agregó Nunes. Además, Brasil aprobó varias leyes que limitan el derecho de las personas a manifestarse, incluyendo la Ley del Mundial de Fútbol.

Según New America Foundation y otros informes independientes, Brasil gastó entre $850 y $900 millones en seguridad para el Mundial de Fútbol, y su arsenal incluye decenas de miles de policías vestidos con equipos robóticos, robots militares estadounidense, drones israelíes, anteojos que reconocen facciones, helicópteros de vigilancia, centros de comandos digitales, y muchísimos gases lacrimógenos, granadas aturdidoras, spray de pimienta y balas de goma. Brasil no tiene un protocolo formal para el uso de muchas de estas armas, por lo que la lista de violaciones a los derechos humanos no tiene fin y los manifestantes gritan contra la dictadura.

Los beneficios del Mundial

El legado de la dictadura no solo se manifiesta en represión sino también en los beneficios económicos del Mundial de Fútbol, que fue el más costoso de la historia, superando los 11 mil millones de dólares. El gobierno prometió que los contribuyentes no financiarían los extravagantes estadios, pero un informe independiente de  Publica, muestra que $4,8 mil millones salieron de las arcas públicas. Odebrecht es el constructor más grande de Latinoamérica y se fortaleció durante la dictadura militar. Donó millones de dólares a la campaña presidencial de Roussef y ganó el contrato para construir o renovar cuatro estadios para el mundial. Dos trabajadores murieron debido a las pobres condiciones laborales creadas por la construcción apresurada. Obedrecht amasará otra fortuna en las futuras Olimpiadas de Verano, que ocurrirán en 2016 en Río de Janeiro.

*Knoll es periodista estadounidense, residente en México, que viajó a Brasil para cubrir la otra cara del Mundial de Fútbol. Más aquí: http://andalalucha.tumblr.com/

*Publicado originalmente por Truthold. Traducción al español de Mariel Fiori

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