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Deserción, sentimientos y matrimonio

Por Arawyshuk
June 2011
Casi llego a los treinta, y llevo algunos años de casado.
En algún momento, mas no tengo claro exactamente en cual, todo empezó a darme vueltas al revés. Estaba recostado en la cama y sentí esa extraña voz, me levanté y todo el entorno empezó a cambiar; encendí la computadora. Mientras exploraba, me enredaba entre las fauces del Internet y empezaron a llegarme múltiples invitaciones a distintos sitios webs, páginas sociales, blogs, etc.

Me considero libre de mentalidad, mas no de acción por vivir dentro de un sistema ajetreado y familiar de pensamiento político progresista y no conservador.

Por lo tanto era casi obvia mi posición frente a este tipo de servicios en la red, pasó un buen tiempo en el que estuve opuesto a tener una cuenta y sumarme a la mega vigilancia.

Sin embargo una cierta tarde mi esposa sugirió la posibilidad, y con cierto desgano accedí, en ese momento no supe a qué me adentraba. Y sí, como muchos dicen, te conectas con el mundo, es verdad: reencuentras viejos amigos, familiares que dejaste, conoces al resto de la familia y los nuevos integrantes.

 "Frecuentes enlaces, comentarios, fotos compartidas, etiquetas triviales a grupos de amigos que en realidad no son tus amigos; así llovieron solicitudes y en menos de lo que esperé ya estaba preso en un portal donde todos justifican la acción de espiar al vecino por amistad."

Yo me solía burlar de los desertores, me reía del insuficiente amor del que eran víctimas para caer en la negligente acción de crear sentimientos vía electrónica. Pero viviendo las paralelas de lo real y lo absurdo fui comprendiendo que yo no era tan poderoso como me creía, que el amor se alimenta con acciones diarias y no con eternos contratos de nupcias; que solo poseí ese bajón de ánimos que produce la rutina y el continuo trabajo.

Poco a poco me endulzaron las palabras y me invadió la mente con sonidos intangibles, creamos sentimientos de antenas y receptores, de pantallas y panteones que nos excluía del mundo real.

A enormes distancias pactamos acuerdos de frases mentirosas, de juegos curiosos, lejanos a las realidades personales, nos transformamos en animales al asecho, y así como el dulce fugazmente endulza, así se terminaron las citas clandestinas todo por ser cachados, encontrados, rescatados de cierta manera.

Después de lo ocurrido, después de estar un pie fuera de mi familia, comprendo el rencor que llevaba arrastrando años y el daño que hoy represento, no es mi intención culpar a un espacio, la culpa siempre recaerán en el ejecutante, en el individuo dueño de la cuenta, en nadie más.

"El uso y manejo de cada uno de los sitios sociales dentro del Internet es muy personal y en todo caso puede ser bien manejado por mucha gente, pero lamentablemente este no fue mi caso, mi opinión es muy personal, pero me atrevo a compartirla."

Llevo en la espalda la señal de desertor del amor, de vida, y de muchas cosas, y mientras mi esposa se lamenta, a mí no me alcanzan las palabras de perdón, y mi vida sigue en un frágil hilo de decisión, deserción y matrimonio.

Amo a mi esposa, pero lamentablemente siempre nos damos cuenta de ese enorme sentimiento quizá cuando todo está perdido…

Amo a mi esposa, no por una acción religiosa, ni por eternos contratos de firmas registradas. Es el tiempo el que construye todo, que hace los sueños realidad, la lucha, el día a día, el ver cuánto se ha logrado en el tiempo de convivencia.

Después de ser un navegante permanente, y de poseer diferentes cuentas, hoy me deshago de todo me quedo limpio como en el principio. Por fin me siento más libre y empiezo a caminar por un sendero estrecho que paso a paso se amplia, y para no volver al café y al cigarrillo, prefiero quedarme escribiendo casi tan cerca como el papel.

Esperando no perder, sigo pensando en tomar mi bicicleta imaginaria y pedalear a lo más alto para ver el valle desde otro punto, para ver el sueño de los ayeres continuos y no apagar esta luz.

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