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Marchando por la Justicia

Por Mariel Fiori
May 2006

A lo largo y lo ancho de los Estados Unidos, cientos de miles de inmigrantes salen a las calles para pedir por una ley de inmigración que apoye a los trabajadores y gritar contra proyectos de ley rigurosos como el HR 4437. Este proyecto aprobado en diciembre por la Cámara Baja no sólo consideraría delito grave la presencia en el país sin autorización, sino que cualquier organización que proveyera servicios a indocumentados (como por ejemplo clases de inglés) también estaría cometiendo un delito. En el Valle del Hudson los inmigrantes y sus aliados también se manifestaron.

El 9 de abril, Domingo de Ramos, las iglesias de Hyde Park y el foro “Justicia para todos” organizaron una marcha, o mejor dicho, una caminata de solidaridad con los inmigrantes y trabajadores indocumentados. La caminata era en señal de solidaridad, según la coalición de líderes religiosos que la organizaron, “para una reforma inmigratoria justa e integral que establezca un sistema inmigratorio seguro y humano consecuente con nuestros valores”, porque, según explican “nuestras diversas tradiciones de fe nos enseñan a dar la bienvenida a nuestros hermanos y hermanas con amor y compasión”.

Poco antes de la una de la tarde, alrededor de 150 personas, la mayoría miembros anglosajones de las iglesias Episcopal Saint Margaret y Prebisteriana Pleasant Plains de Staatsburg, Episcopal Grace de Millbrook, Metodista de Hyde Park y Reformada de Rhinebeck, entre otras, se reunieron en el aparcamiento del cine al aire libre de Hyde Park, sobre la ruta 9, justo enfrente a la entrada de la mansión de los Roosevelt. También había una docena de estudiantes de Bard College del proyecto de trabajadores migratorios (MLP por sus siglas en inglés) y miembros del ministerio de trabajadores rurales migratorios (RMM). No había oradores ni panfletos con algún tipo de información, pero sí una gran pancarta de tela que decía “Faith casts out fear ―not people”, literalmente: la fe expulsa el miedo, no a la gente, una cruz inmensa y varios carteles con mensajes en inglés de solidaridad con los inmigrantes y pidiendo justicia para todos.

Unos minutos después de la una, el grupo comenzó a caminar en orden por el lado izquierdo de la ruta 9 en dirección a la iglesia reformada de Hyde Park. Los estudiantes y los miembros del RMM animaban a la gente a cantar el típico “el pueblo, unido, jamás será vencido”, pero en inglés, mientras que los que pasaban en coche miraban al grupo y reaccionaban de diferentes maneras. Ricardo Turcios, predicador laico latino de la Iglesia Santa Margarita de Staatsburg describe las reacciones “algunos tocaban bocina en señal de aprobación, de apoyo a la marcha y otros pasaban en silencio, callados, obviamente en desacuerdo”. Si bien había pocos latinos en la marcha, Turcios rescata la presencia de tantos “anglos” porque muestra que “tenemos gente que nos apoya y esto sirve para envalentonar a los que están asustados. La gente puede ver que los anglos no son nuestros enemigos”.

“Sirve para hacerse sentir”

El organizador comunitario y cofundador de CITA (Centro Independiente de Trabajadores Agrícolas) de NY, Carlos Orellana, si bien recuerda que a pesar de las marchas, hay motivos económicos que dictan las leyes, reconoce la importancia de estas últimas protestas. “Sirven para hacerse sentir, para que los políticos estén alerta de lo que la gente está dispuesta a hacer. El inmigrante ahora está activo, no se queda de brazos cruzados. Habría que agradecer la propuesta dura [HR 4437], porque motivó a la gente a perder el miedo y salir a la calle. Salen porque saben que pierden más si se quedan escondidos.”


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