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Fútbol en Latinoamérica ¿Y las mujeres pa’ cuándo? 

Por Waleska Brito
April 2022
Son las 7 de la mañana de un sábado de septiembre. Me pongo el uniforme de entrenamiento y voy rumbo a esperar al bus con el equipo. En camino al partido miro por la ventana para calmar los nervios. Aún no puedo creer lo que estoy viviendo. 
Llegamos a los camerinos y nos alistamos para salir a la cancha y calentar. Antes de salir a la cancha rezo por un buen partido. Mi corazón late, la hora de empezar está más cerca. Solo pienso en todo mi sacrificio que he puesto en este sueño, todo estará bien. 

“From Guayaquil, Ecuador, number 11, Waleska Brito”. Soñé con oír esta hermosa frase desde que descubrí que el fútbol femenino en el exterior sí existía. En ese momento pensé, “familia, lo logré.” 

Es increíble cuánto talento es desperdiciado en Latinoamérica ya que no contamos con los recursos necesarios u oportunidades para las mujeres interesadas en llevar esta afición a un nivel profesional. Para que una mujer pueda por lo menos estar en un equipo que constituya en mujeres la única solución es salir del país e irse a jugar al exterior. 

La primera vez que pateé un balón fue cuando tenía 3 años en el patio de mis primos. Fue una sensación inolvidable. A lo largo del tiempo, mi papá se dio cuenta de mi atracción por este deporte y él se dedicó a ser mi entrenador. Después del trabajo a pesar de que llegaba cansado, la rutina era ir al jardín y ponerse bajo el arco. Durante la tarde salía a jugar con los muchachos de mi ciudadela en la calle sin el calzado adecuado para jugar, solo necesitábamos 4 piedras para simular dos arcos de fútbol. 

Fue difícil para mi ser incluida al principio. Me veían que era niña y no me dejaban jugar porque decían que era un juego de varones. Un día mi papá me vio sentada en la vereda viéndolos y me preguntó por qué no jugaba y le conté. Mi papá amablemente se acercó y les dijo que me dieran un chance. Apenas empecé a jugar metí un gol. Un silencio se produjo y solo recibí miradas; todos se quedaron sorprendidos. 

Mientras los años pasaban, fui mejorando y aprendiendo de mis amigos, de mi papá, de mis primos, de videos por YouTube, etc. Para mí el fútbol era solo un hobby hasta que un día un chico me dijo que no debería desperdiciar mi talento. Desde ese día mi vida cambió. Quería mejorar, quería dedicar mi tiempo a aprender. 

¿Pero dónde puedo jugar? No había lugar ni equipo con quién practicar. En el 2016 mi mamá consiguió un trabajo en Estados Unidos y ahí fue cuando vi mi oportunidad. Esa fue la primera vez que me puse unos zapatos adecuados para jugar, primera vez que iba a jugar con puras mujeres y primera vez que iba a ser entrenada por un entrenador profesional.

Ahora soy una jugadora en mi universidad en Nueva York, me ofrecieron una oportunidad para seguir cumpliendo mis sueños y lo seguiré haciendo lo más que pueda. No todas las mujeres con el mismo sueño en Latinoamérica pueden lograrlo, el espacio es limitado. No es justo que no haya tantas oportunidades como hay para los hombres que se les hace más fácil jugar y cumplir sus sueños. No hay los suficientes clubes para mujeres que anhelan ser parte de un equipo femenil comparado al extranjero. 

Hay muchos talentos en Latinoamérica deseando que un día puedan ser vistas para mostrar lo que son capaces de hacer, pero no saben cómo.  ¿Y qué pasa si no tienen la situación financiera necesaria para ir al extranjero? ¿Quién ayuda a estas desesperadas almas que su pasión se basa en patear una pelota? 
 

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