Encuentra en la huerta de las tres hermanas a dos animalitos que la ayudan a crecer.  Ilustración de Cristina Brusca
Encuentra en la huerta de las tres hermanas a dos animalitos que la ayudan a crecer.  Ilustración de Cristina Brusca
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Juegos

La leyenda de las tres hermanas  

Por María Cristina Brusca
May 2019
¡Es primavera!, ¿te gustaría comenzar tu propia huerta? Prueba a seguir las tradiciones de agricultura sostenible de los iroqueses —uno de los pueblos originarios del este de Norteamérica—. 
Los iroqueses creían que el maíz, los frijoles y la calabaza eran regalos del Gran Espíritu; y crecían protegidos por el espíritu de tres hermanas. La hermana Maíz los cuidaba; la hermana Frijol alimentaba las raíces del maíz; la hermana Calabaza conservaba la humedad del suelo con sus grandes hojas. Así contaban la leyenda de las tres hermanas... 
 
Hace muchos, muchos años, vivían tres hermanas en el campo. 
La más pequeña —Frijol— todavía no podía caminar, con su vestido verde se abrazaba a la hermana mayor. 
La segunda hermana —Calabaza—, vestida de amarillo brillante, andaba de aquí para allá.  
La hermana mayor —Maíz— era muy alta y erguida, y se mecía con el viento. Tenía una manta verde y el cabello amarillo, muy largo. 
Las tres hermanas se querían mucho y no podían imaginar la vida sin las otras.  
Un día llegó un hermoso jovencito de la tribu. Podía hablar con los pájaros y los animales y no conocía el miedo. Las tres hermanas, muy curiosas, observaban cómo usaba un cuchillo de piedra para tallar un cuenco y cómo cazaba con arco y flechas.  
A fines de ese verano, desapareció la hermana más pequeña. Las otras dos lloraron hasta el otoño, cuando el jovencito volvió al campo a recoger juncos para hacer flechas. 
Las dos hermanas lo miraban fascinadas; y esa noche la segunda hermana también desapareció.  
La hermana mayor se quedó sola en el campo; no bajaba la cabeza, aunque se sentía muy triste y pensaba que no podría vivir sin sus hermanas. A medida que los días se iban haciendo más cortos y fríos, su manta verde perdía el color; y tenía el cabello seco y enredado. Suspiraba día y noche pensando en sus hermanas, pero nadie la oía. 
Un día, en la época de la cosecha, el joven la escuchó llorar y se compadeció. La tomó en brazos y la llevó a su casa. Allí la esperaba una hermosa sorpresa: sus hermanas estaban a salvo y todas se sintieron muy felices de estar juntas otra vez. Ellas le explicaron que, por curiosidad, habían seguido al joven a su casa y decidieron quedarse allí para protegerse del invierno. También ayudaban a la familia. La más pequeña llenaba la olla de la cena. La segunda, todavía en su vestido amarillo, se iba secando en un estante mientras esperaba llenar la olla en el invierno. 
La hermana mayor estaba tan contenta de reunirse con sus hermanas que comenzó a secarse para que la familia pudiera comer en el invierno. 
Y desde ese día las tres hermanas jamás volvieron a separarse. 
  
 

JUEGO 

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Solución: abeja - lombriz 

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