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La ollita magica de Pedro de Urdimales

Por Maria Cristina Brusca
September 2016
Pedro se estaba quedando sin dinero y, con las últimas monedas que le quedaban, compró una pequeña olla de barro y una bolsita de frijoles.

Buscó un lugar al lado del camino real, hizo un fuego y al lado del fuego cavó un pocito. Cuando la leña hizo brasas, las puso dentro del pocito. Sobre las brasas puso la ollita, de manera que esta parecía asentarse sobre la tierra.

La ollita con los frijoles comenzó a hervir suavemente mientras Pedro la golpeaba con una varita y cantaba: “Hierve, hierve, ollita mágica. Hierve, hierve mis frijoles. ¡En mi ollita son mejores!”.
Pronto pasaron dos ricos caballeros. Al ver que la ollita “hervía sin fuego”, detuvieron sus caballos. Pedro no les prestó atención y siguió cantando: “Hierve, hierve, ollita mágica. Hierve, hierve mis frijoles. ¡En mi ollita son mejores!”.

Los caballeros miraron la olla y se miraron de reojo. —Pero… no hay fuego —murmuró uno. —¡Esto es un milagro! —dijo el otro por lo bajo. —¿Cómo es que los frijoles hierven sin fuego?

Pedro sonrió con inocencia —¡Claro que no hay fuego!, —les dijo. —Mi ollita mágica siempre hierve cuando le canto. —Y siguió cantando bajito: “Hierve, hierve, ollita mágica. Hierve, hierve mis frijoles. ¡En mi ollita son mejores!”.

—¡Ah!, ¡qué linda ollita! ¿Para qué la quieres tú, Pedro? Tienes mucho tiempo para conseguir leña y cocinar. En cambio, a nosotros, que estamos muy ocupados, nos vendría muy bien. ¡Te damos estas monedas de oro por la ollita!

—¿Están bromeando? Esta ollita vale mucho más que unas monedas de oro. Déjenme comer mis frijoles en paz.

—¡Te damos todas las monedas que traemos! —le ofrecieron los señorones.

Pedro negaba con la cabeza, —¡no, no y no!, esta ollita es muy valiosa.

—Los caballeros no se dieron por vencidos, —¡Te damos también los caballos! —exclamaron.

—Mmmm, no sé, quizás, —les respondió Pedro.

—¡Es un trato!, —gritaron los caballeros, —¡toma los caballos!
 
No bien Pedro tuvo las monedas en sus manos, desapareció llevándose al galope los caballos.

Los dos estafadores, muy satisfechos, se dieron un atracón de frijoles y se durmieron una buena siesta.

Cuando se despertaron, volvieron a felicitarse por su estupendo “negocio”; pero… al levantar la ollita descubrieron los restos de las brasas todavía calientes. Sin dinero y sin caballos, emprendieron a pie el camino a casa.
 
FIN
 
Los cuentos de Pedro de Urdimales se han contado por siglos, tanto en América como en España. Urdimales, como su nombre lo indica, es un pícaro timador que siempre se aprovecha de la avaricia y la maldad de los otros para estafarlos.
 
¿Quieres leer, en inglés, otros cuentos de Pedro de Urdimales? Pide en tu biblioteca el libro: Pedro Fools the Gringo, por Tona Wilson y María Cristina Brusca.
 

 

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