Wilfredo Morel frente a una de sus esculturas
Wilfredo Morel frente a una de sus esculturas
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Entrevista

Wilfredo Morel: vivir del arte

Por Mariel Fiori
February 2013

Autodenominado caribeño, Wilfredo Morel es un artista inspirado por Picasso y la edad de hierro y ha estado creando esculturas de metal con materiales reciclados de todo el Valle de Hudson desde 1991. Pero su pasión por el arte ―que se puede apreciar en instalaciones públicas como en la escuela secundaria de Red Hook, en el Centro de Estudiantes de Marist College y en Greig Farm de Red Hook, en su Steel Imaginations Sculpture Center, entre otros― va de la mano de otra pasión: servir a la comunidad latina. Morel es el Director de Salud Hispana en Hudson River Health Care de Peekskill, fundador del Comité Latino y del Comité Mi Gente allí mismo, hasta alianzas binacionales de salud entre México y Estado Unidos, además de ser miembro activo de la organización local Somos la Llave del Futuro, entre otros talentos. Aquí, en sus propias palabras, una breve historia de la vida fascinante de este hombre multifacético.

Wilfredo Morel crea sus esculturas con metales que antes tenían otra función, como máquinas agrícolas antiguas, que aparecen escondidas en diferentes partes del Valle de Hudson. Morel dice que así incorpora su amor por la comunidad y el arte y que su filosofía es usar el arte como “vehículo de la esperanza, demostrando la evolución del propósito en la vida de todas las cosas y todos los seres”.

Mariel Fiori: ¿De qué se trata tu arte?
Wilfredo Morel: Usualmente los artistas crean obras de arte con un concepto que los ha motivado, pero también desde el punto de vista de la obra de arte que el público puede encontrar atractiva. Entonces el otro objetivo es poder vender esa pieza, y por medio de esa pieza, vivir. Por mi parte, me gusta primeramente usar algo que es tan insignificante como un pedazo de metal que está oxidado, o un pedazo de madera sin ningún tipo de importancia, y darle vida por medio de un concepto que tiene que ver con la condición humana. Un ejemplo, hay piezas mías basadas en la vida de una persona, como el trabajador inmigrante del campo, de las que he hecho varias colecciones semi-abstractas.

MF: Tienes un acento al hablar español no fácil de identificar ¿De dónde eres?
WM: Yo mismo me pregunto de dónde vengo. Y quién soy. Mi mamá es de parte haitiana y española, mi padre es dominicano y haitiano, y yo nací en la República Dominicana. Cuando era pequeño, emigramos a Venezuela, con el propósito, como todo inmigrante, de buscar una mejor vida. Y ahí empezó nuestro viaje, mi viaje, en el que pasé un promedio de dos años en cada país con mis padres. Crecí parte en Venezuela, parte en Aruba, y la otra parte en Puerto Rico.

MF: ¿Te consideras latino?
WM: Me considero caribeño. Pero lo que reflejo en lo que hago ahora, en mi arte, en mi proyecto comunitario no hay color. Me identifico con todo.

MF: ¿Cuándo llegaste a los Estados Unidos?
WM: Vine a los Estados Unidos a la edad de quince años a Manhattan. Estuve en la escuela primaria, después en la secundaria en Washington-Irving. Vine para estar con mi papá. Pero claro, como todo joven a esa edad, uno se mira indestructible y decidí hacer mi propia vida. Me fui de casa y estuve viviendo donde ahora se llama SoHo.

Los años en el SoHo de Nueva York
“Eran los años 80 y allí era más una comunidad, con muchos inmigrantes europeos, que venían y vivían en departamentos, en un apartamento viviendo diez. Teníamos un concepto comunitario en el cual el arte fue un vehículo para nuestro sostenimiento. Yo al arte no lo veía como arte, sino que lo miraba como una manera de sostenerme. Empecé yendo a la factoría de carteras para mujeres, buscando los retazos de cuero, y con eso yo hacía desde cinturones hasta bolsos y mi propia ropa, todo a mano. Y vendía en Washington Square Park.

Cuando fui a la universidad, Lehman en el Bronx, me registré a una clase de escultura, y en mi mente eso tenía que ver con piedra, con metal, bronce. Pero en esta clase se usaba el barro, la cerámica, y no me gustaba para nada. Mi profesor me dijo: tienes que hacer algo para pasar la clase. Cuando me vio con mis retazos de cuero, me preguntó ¿con qué te gustaría trabajar? Algo que sea un reto, le dije. Entonces me llevó a un cuarto donde había una máquina de soldadura, y ahí empecé a trabajar en formas, usando metales, y ahí fue donde empecé. Como por accidente. Pero estoy muy interesado en materiales o situaciones que en realidad son difíciles de controlar o de cambiar, pero que tratando de entendérselas, sí se les puede dar un movimiento. Pero dándole el respecto y la atención. Eso es algo que yo miro en mi vida como me comunico con la gente, pero también en mi trabajo artístico. Porque el cuero es algo que respeto como material fuerte. El metal igual”.

Los años en Carolina del Norte
Su vocación por servir a la comunidad nació por otra casualidad de la vida, cuando una monja, la hermana Marilyn Smith, le ofreció la oportunidad de trabajar como voluntario en fincas del Carolina del Norte, con la población inmigrante jornalera. De voluntario, pasó a ser misionero y seminarista, y Morel casi se hace sacerdote…

“Un día en el verano, después de la universidad, la hermana Marilyn Smith, una persona instrumental en mi vida, me preguntó qué iba a hacer en las vacaciones. Ella me dijo que había un programa de voluntariado en Carolina del Norte que trabajaba con los jornaleros, haciendo traducciones, en la iglesia, en la corte, manejando a la clínica de salud, ayudando con las necesidades de un inmigrante llegado a un país desconocido. Le dije que sí. Mi interés no era el trabajo de voluntario, mi interés era un viaje gratis. Pero necesitaba una licencia de conducir, que yo no tenía. La hermana entonces me ayudó. Una mujer increíble. Ese verano fui a Carolina del Norte y ese verano me transformó. Allí miré el espíritu de la comunidad, pude reconocer entre religión y espiritualismo. Me afectó la mente de tal manera que al pensar en mi futuro, tenía que incluir a los demás. Una conciencia que me llevó a entender la educación de lo espiritual. La conexión con la comunidad, con el ser humano. Creo que la evolución que ocurrió en mi vida empezó allí y mi transformación no solamente ocurrió por el trabajo religioso, sino también por la experiencia con la comunidad y lo que vi con la comunidad. Una cuestión de derechos humanos”.

Y así pasaron diez años, en los que no realizó ninguna escultura, sino que se enfocó en el seminario y en su labor como diácono, “me llamaban los mexicanos: el San Martin de los mexicanos”. Pero tuvo que tomar una decisión, entre la obediencia y el amor, y decidió regresar a Nueva York con una novia de la universidad, con quien luego tuvo un hijo. En Nueva York también conoció la organización Hudson River Health Care, donde actualmente trabaja como director de salud hispana en su clínica de Peekskill.

Mariel Fiori: ¿Qué haces por los inmigrantes desde la clínica?
Wilfredo Morel: La clínica es un centro de salud primeramente con diferentes programas a nivel mental o de la salud de las mujeres, pero uno de los enfoques de la clínica es el de crear comunidades de base que sirven para dar recomendaciones a la organización para crear programas. Yo soy una de las personas que hacen la conexión a nivel comunitario, político, recursos, etc. Trato entonces de crear vehículos para hacer más fácil a la persona o el grupo el venir y recibir los servicios. Por ejemplo, en 1991 cuando llegué a Nueva York específicamente a Peekskill, me di cuenta que había una comunidad que se estaba armando y creciendo. Nadie le estaba prestando atención. En ese tiempo también daba charlas para la gente con VIH, sida, y allí descubrí al primer latino con VIH en esa comunidad. Pero por el tabú no venía a buscar información o a ser examinado por los doctores. Entonces pensé en un vehículo para poder tratar de traer a todos, no solamente los infectados, para educarlos.  Entonces pensé un nombre que sea menos, un nombre que no se identifique con el VIH o el centro de salud, entonces creé lo que se llama el Comité Latino y la organización Hudson River de Peekskill me apoyó. Siempre estoy en algo, y todo lo que hago está integrado con el arte, la salud y la comunidad.


La entrevista completa (realizada por Mariel Fiori y Antonio Flores Lobos en ¿Qué cocinaré hoy?) puede escucharse aquí:
http://wgxc.org/archives/5541 y http://wgxc.org/archives/5438


LA VOZ, Cultura y noticias hispanas del Valle de Hudson

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