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Cuento

PRÍNCIPE AZUL

Novela por entregas. Parte 9

Por Robinson David Martínez
August 2011

En el último capítulo, el Príncipe Azul se libera de los cabello-lombrices, camina hacia la estatua amarilla color pastel de Delni, sintiendo oleadas de amor y gratitud.  De la mano extendida de Delni se abre un ojo de luz verde y de allí salen siete abeja-luciérnagas. Cada una lo pica en cada uno de sus chakras y el Príncipe Azul pasa por una metamorfosis. Su piel se llena de miles de burbujas azules que explotan con un líquido dorado luminoso, convirtiéndolo en príncipe dorado.

agawa tenía piel rosada y ojos azules. por el hecho de estar secuestrada y triste, un polvo gris teñía su piel. agawa se encontraba entre dos dimensiones, entre el mundo de los seres humanos y la siguiente dimensión, donde todos los seres, muy iguales a nosotros, practican la telepatía y donde no existen las mentiras.  

 

esta era la dimensión donde habitaban las sombras. allá el pasar de los años era extremadamente rápido. un año para nosotros se sentía como cinco y los seres allí no podían crear energía como la podemos crear los seres humanos. este sitio parecía un desierto eternamente oscuro con olor a azufre. un ser humano no podría sobrevivir allí por mucho tiempo porque carecía fuentes de alimentos, agua y oxígeno. las sombras vivían allí y subsistían de nuestra energía humana.  

 

el desierto de las sombras era seco, sin vida, con un espacio lleno de hilos colgando. había dos grupos de hilos colgando. hilos de casi la altura de agawa hacia el cielo y otros hilos que colgaban del suelo hasta las rodillas de agawa.  si agawa entrecerraba los ojos, podía ver un velo holográfico conectándose con la miríada de estas hebras interdimensionales a la dimensión de los seres humanos. en el mundo de los seres humanos cada hilo se partía en siete y trataba de pegarse a cada centro energético de ese individuo. como somos dioses con amnesia, los seres humanos tenemos una capacidad increíble de generar energía. las energías emotivas nocivas son la comida de las sombras. con estallidos de ira, miedo o cualquier emoción energéticamente desgastante irradiamos energía que no se ve, pero se siente, como dejar caer una gotica de agua en un lago inmóvil.  

 

agawa veía sombras en esta dimensión conectándose a seres humanos por medio de sus decisiones emotivas, de sus intenciones. las sombras, a través de estos hilos se introducían en los seres humanos de la manera más imperceptible y a través de este diálogo interno incesante que todos tenemos, las sombras nos susurran pensamientos, los cuales creemos que son de nosotros mismos--pienso, por eso soy, ¡¿verdad?!  también nos atacan la esencia divina del ser humano sin que nos demos cuenta con las imágenes mentales de nuestro pensar cotidiano.  

 

agawa veía todo esto, como si estuviera en el cerebro de un creador de hologramas. veía como en un nivel global las sombras succionaban la energía humana gracias a los actos opuestos a la vibración del amor que cada uno decide en cada momento. a través de estos actos las sombras incrementaban su oscuridad y el vínculo con esa persona. las sombras estaban más conectadas con los hombre-sombras, seres humanos que, siendo acechados por control mental y siendo forzados o por voluntad propia, hicieron una alianza con las fuerzas oscuras.

 

a agawa la tenían en una burbuja de oxígeno con estos hilos pegados a la burbuja que la conectaban con el chakra del corazón y los pulmones de personas depresivas. sus suspiros de tristeza, angustia y falta de motivación eran los mismos que la mantenían viva. la comida también la recibía a través de los hilos: la energía del oxígeno era una nubecita blanca que salía de los hilos, el agua era una nubecita plateada y la comida era una nubecita amarilla opaca.  

 

agawa soñaba con un hombre con piel dorada y brillante. ella se podía comunicar con él a través de los ojos.  

 

"te necesito", le dijo ella.  

 

el príncipe dorado dormía en su cama con almohadas escarlatas y cobija de seda azul celeste. abrió los ojos. 

 

"¡agawa!" 

 

sudaba.  siguió durmiendo.  

 

takasu había matado a más de diez mil personas: hombres, mujeres y  niños. le encantaba comerse viva a la gente, especialmente a los niños, por la energía de pureza en su sangre.  lo que más le gustaba hacer, era atrapar jovencitas vírgenes para sus ceremonias--las pobres víctimas atadas a una mesa. desde el principio de la ceremonia, le decían a la víctima que la iban a sacrificar a los demonios y que se iban a beber su sangre mientras ella todavía estaba viva. al escuchar esto, la víctima entraba en un estado de shock. en este estado, su cuerpo producía adrenalina.  a los hombre-sombras les encantaba la sangre llena de adrenalina.  

 

takasu era de piel gris oscura, con cabello corto y siempre usaba traje con corbata. takasu tenía una sonrisa simpática. sus ojos eran color ámbar. su voz era metálica y pausada.  

 

"¿sabe quién soy?"  le preguntó takasu a agawa, cerca de su burbuja de oxígeno. ella, acostada en un colchón anaranjado, lo ignoraba.    

 

"soy su peor pesadilla. soy la esencia de todo el odio que tiene bien guardadito. saque ese odio.  saboréelo porque soy su única salvación. o mejor dicho, usted es mi única salvación, porque pronto llevará mi semilla". 

 

takasu explotó en una nube oscura y se desmaterializó. 

 

agawa lloraba. sus lágrimas caían a sus brazos grises. donde caían las lágrimas, su piel rosada se exponía.  



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