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Cuentos

BELISARIO

Por Robinson David Martínez
February 2006

belisario, enmascarado de una media velada, le disparó en el corazón al tipo de bigote. él se cayó cubriéndose la herida con la mano. belisario agarró del cuello a la mujer al lado del señor. ella gritó. belisario le tapó la boca con la mano. ella forcejeaba y se sacudía. eran las dos de la tarde y un sol infernal asfixiaba los pulmones con cada inhalación. la plaza estaba desierta. 

            belisario se quitó la media de la cabeza y le apuntó el revolver en la frente. 

            “si no se calla y se queda quieta, la mato.” 

            agarrando a la joven del brazo, corrieron por muchos callejones y luego entraron a una casita.

            belisario le apuntó a la silla con el revólver.

            “se puede sentar ahí si quiere.”

            fátima se sentó. su mirada era suave y dulce y se mantenía con uno hasta cuando no te estaba mirando. era espectacular, su piel, bronceada, su cabello, castaño, brillante, largo—ondulado, sin peinar. sus ojos hipnotizaban a belisario, como si fuera un niño mirando la llama de una vela. 

mientras tomaba agua de un pocillo viejo de metal, él sentía como si estuviera bajo la presencia de alguien especial. pensó que de pronto fátima era uno de esos ángeles de los cuales había escuchado tanto en su niñez, esos que actúan como nosotros. 

            fátima estaba sentada con las manos unidas en sus piernas, bien calladita. su espalda recta y relajada. parecía una escultura de madera. 

            belisario tenía la espalda de la camisa mojada de sudor. llenó la taza de agua y la extendió hacia ella. con su cabeza ella le dijo que no. belisario, con un movimiento brusco y abrupto, se tomó el agua de un trago y se le chorreó un poquito por el lado de la boca. fátima encontró esto muy chistoso, pero permaneció inmóvil. 

            hubo un silencio largo. 

            belisario se rascó la cabeza con la punta del revólver.

            “¿si conoce la cascada milagrosa cerca de aquí?” dijo fátima.

            belisario llenó su taza de nuevo.

            “la gente dice que hace milagros”, dijo ella.

            “a mi no me importan los milagros,” dijo él aunque se quedó pensando sobre el tema.

            belisario se agachó y sacó una botella de aguardiente de debajo de la cama. la destapó y se tomó un largo trago. le ofreció la botella a fátima, pero ella, con buenos modales le dio a saber que no con la cabeza.

            “gracias”, dijo ella mientras miraba la botella, vacilando.

            “será que me podría regalar un traguito?” dijo ella. 

            belisario le pasó la botella. ella se tomó tremendo trago y después comenzó a toser. a él le dio risa y ella terminó riéndose también. la botella estaba llena hasta la mitad. belisario se tomó otro trago y le ofreció el aguardiente. ella tomó, tosió de nuevo y le dio mucha risa. ella le regresó la botella. él se tomó el último trago. 

            belisario la miró. sus ojos eran enormes y negros e irradiaban comprensión. 
          “usted es muy bonita”, dijo él, pero en verdad, quería decirle que era hermosa, la criatura mas impresionante que sus ojos jamás habían visto. el tambor de su corazón le zumbía con cada respiro. fátima casi se cae de la silla de la risa que le dio.

            “yo nunca tomo,” dijo él.

            “yo tampoco.”

            los dos soltaron las carcajadas.

            belisario se paró y se apoyó en la silla.

            “vámonos de aquí,” dijo él. 

            “para dónde?”

            “pa’ la cascada.” 

            belisario se tropezó mientras caminaba hacia la puerta. la abrió y salió. dejó el revólver en la cama. fátima escondió el revólver debajo de su vestido y se fue detrás de belisario. anduvieron en el bosque por corto tiempo. 

            la cascada llenaba una piscina natural. belisario la agarró fuerte del brazo y saltó al agua jalándola. fátima gritó y se rió y le sorprendió lo cómoda que se sentía con él. cuando cayó al agua, soltó el revólver y lo empujó con los pies hacia la profundidad del río. ella miró hacia abajo y vio el revólver desaparecer para siempre. ella lo abrazó y eructó. los dos se rieron y ella se disculpó. belisario la besó en la mejilla izquierda, luego en la derecha y después en los labios. fátima sintió un gran amor por ese hombre desconocido. puso su oreja en su pecho, y abrazándolo le dijo, “el hombre a quien mataste era mi esposo. yo lo odiaba.”

            el agua, cristalina y azul, estaba llena de los rayos del sol. 

            él le quitó el vestido. belisario y fátima, borrachos, se besaron, abrasaron sus cuerpos desnudos e hicieron el amor en esa cascada milagrosa.





 

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