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Perdiendo el Miedo

Por Mariel Fiori
May 2006

Hace unos años, cuando recién llegaba a los Estados Unidos con mi visa de estudiante y muchas ganas de trabajar como periodista, tuve la suerte de poder crear esta revista junto con Emily Schmall, entonces estudiante de Bard College. Un domingo de abril fuimos a la misa católica en español de Poughkeepsie para distribuir La Voz al final del servicio. Nos sorprendió que ese día hubiera asistido tan poca gente, y que hasta las calles de la ciudad estuvieran tan desiertas, como si fueran decorados de cine. Durante el sermón, el sacerdote de entonces, el padre Eusebio, habló de los primeros cristianos y de su dura vida en las catacumbas, por miedo a los romanos que los buscaban para darlos de comer a los leones.

Enseguida el sacerdote relacionó esa situación con la triste soledad de muchos inmigrantes sin documentos que por miedo a la deportación no salen de sus casas más que para trabajar. Esos días justamente, nos contó la dueña de una tienda, corría el rumor de que la migra estaba buscando y deportando sin papeles a manera de represalia por un caso policial ocurrido hacía poco. Tenía sentido entonces que las calles de Poughkeepsie estuvieran tan vacías de latinos. Y es que la gente tenía miedo, pero no eran asesinos criminales, sólo trabajadores sin documentos y sin derecho a nada, ni siquiera a rezar, y mucho menos a quejarse.
 

Ahora la situación parece estar cambiando. En el año en que el presidente prometió ocuparse de la inmigración, legal e ilegal, los diputados aprobaron un proyecto de ley que castiga a todos, la ya tristemente célebre HR 4437. Pero como se suele decir, no hay mal que dure cien años ni nadie para aguantarlo, y entonces la gente no tuvo más miedo. Cientos de miles de inmigrantes marcharon por las calles de todo el país para manifestarse, para ejercer un derecho básico: el de expresión. Quizás en respuesta a la presión de tantos posibles votantes ―y a seis meses de las elecciones legislativas― los senadores redactaron un proyecto que contempla a los inmigrantes como personas, y tal vez futuros ciudadanos, y siguen discutiendo detalles para permitir que más extranjeros puedan trabajar legalmente en este país. En mayo todavía se seguirán considerando más y más proyectos, pero el 1 de Mayo, el Día del Trabajo en casi todo el mundo, muchas organizaciones pro inmigrantes organizan otra marcha más, sin miedo a los leones. Esperamos que pronto se apruebe una ley justa para todos.




 

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