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¿Es buen momento para comprar un coche?

Por Emily Schmall
July 2009
General Motors está en proceso de quiebra. Fiat ha asumido el control de Chrysler. La existencia de Ford, una vez “sólida como una roca”, ha caído como una piedra. Con las tres grandes empresas automovilísticas del país en varios estados de pena, ¿por qué alguien iría a comprar un vehículo ahora? Las empresas ─ y el gobierno federal ─ añaden muchos estímulos para endulzar el trato.

Durante la exhibición de automóviles de Nueva York de 2009, niños demasiado jóvenes para tener una licencia de conducir se situaron en la fila para participar de un viaje simulado en el V-8 Raptor, el último vehículo todoterreno de Ford, construido para trepar las dunas del sur de California. Un publico reducido, por cierto, pero uno que ayuda Ford a mantener su imagen híper-masculinizada.  

 Al otro lado de la sala enorme, mujeres de tacones altos de pie sobre plataformas de rotación hablaban de las virtudes de la nueva Dodge Circuit, el primer coche eléctrico potente como un muscle car, que cuesta desde $116.990.

 Con los coches y camiones que los distribuidores acumulan en sus lotes, los fabricantes están bajando los precios y aumentando los incentivos. Pero no es buen momento para comprar un coche estadounidense. Aunque el Presidente Obama anunció en abril que el gobierno apoyaría a GM y los productos de Chrysler, hay todavía demasiadas luchas internas en las automotrices. Vale la pena evitar la compra de un automóvil hasta que se tengan mejores conocimientos del destino de la industria.

 Las compañías estadounidenses siempre tuvieron que provocar la imaginación de los aficionados a los automóviles. Todavía tiene que hacerlo, además de tener que producir modelos económicos construidos con tecnología de consumo de combustible eficiente.

 Y sus metas están complicadas por la histórica caída de las ventas de automóviles. La recesión económica ha disminuido la producción de vehículos nuevos. En Estados Unidos las ventas serán de tan sólo 9 millones para 2009, según Automotive News; comparado con 2007, cuando los estadounidenses compraron 16,2 millones de coches y camiones nuevos.

 Las compañías de coche tendrán que ajustarse al menor volumen. A pesar de los miles de millones en dólares federales invertidos para programas de energía limpia, Obama ha dicho que espera que los hogares estadounidenses sigan teniendo automóviles, aunque probablemente sólo uno por hogar, en vez de los tres de las estadísticas actuales.

 Las empresas también tendrán que aprender a fabricar vehículos de consumo eficiente de una manera rentable, después de haberse beneficiado por tanto tiempo de los altos márgenes de utilidad que obtenían por las ventas de vehículos todo-terreno.

 Si los fabricantes de automóviles de Estados Unidos no pueden permanecer en sus propios pies, ¿qué sentido tiene mantenerlos en actividad comercial?

 Desde que Henry Ford abriera su primera cadena de montaje en 1913, los coches han sido un importante punto de identificación estadounidense, representando el carácter sociable de América y el sueño americano. Proporcionando puestos de trabajo sólidos y libertad de movilidad, la fabricación de automóviles terminó con el campesinado rural en EE.UU. “En pocas palabras, el Modelo T de Ford puso a América sobre ruedas”, dice William J. Holstein, autor de Por qué importa GM (Bloomsbury, 2009). Por 1953, los símbolos más profundos del americanismo eran el cantante Elvis Presley, la revista Playboy y el Chevrolet Corvette.

 Cuando el barril de petróleo cuadruplicó su precio en 1973, los norteamericanos empezaron a comprar coches japoneses más eficientes. En 1982, la compañía japonesa Honda abrió su primera planta en los Estados Unidos. A pesar del amor del país por los coches, las automotrices norteamericanas raramente han sido provechosas. Aún en 2005, cuando se vendió un sin precedentes de 17 millones de coches, Ford anunció pérdidas de $10 mil millones.

 Por su talle y estatura de íconos en la sociedad y en los negocios, la industria automotriz señaló a menudo la dirección de los EE.UU. Si las compañías de automóviles pueden configurar una manera provechosa de fabricar coches eficientes, y si el plan de Obama funciona, la industria del automóvil puede ser una vez más la señal de una nueva era, la era de la energía verde y el crecimiento sostenible.

 

 

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