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Oda a las sandalias

Por Allan C. Edmands
April 2009

¡Sandalias pacientes de espíritu amable!
Esperan por horas, hasta el alba, al lado de la puerta.
Esperan estas centinelas leales hasta que me las ponga
    para salir resueltamente con ellas.
Siempre me reconocen, mis sandalias concienzudas.

¡Sandalias dulces y sensuales!
Se casan con los pies queridos,
Se confortan en sus camas moldeadas de corcho blando,
Esculpen sendas de sandalias con cada huella,
Se ajustan a los contornos de los huesos,
    de los ligamentos, de los músculos.
Dan espacio suficiente para los dedos movedizos.
Se adhieren con fibras fuertes y ataduras de yute resistente,
Dos correas con hebillas que no sueltan dan seguridad,
Y sus suelas de caucho amortiguan el choque de mi andadura.     

¡Sandalias sobresalientes y ostentosas!
No puedo endomingarme sin éstas.
Lucen los celestiales calcetines a los cuales un chileno conocido rindió 
    homenaje
(A veces cada calcetín ceñido es distinto, lucido, aun chillón,
    u ominoso a su propia manera).
En junio como en enero (otro verso conocido del alma)—
Cualquier estación—ya me pongo mis sandalias soñadoras
Y con ellas ando por todas partes debajo del cielo.

¡Sandalias escandalosas y antipatrióticas!
Éstas son del Sanedrín de la costa este estimable o de la costa oeste de    
    vanguardia.
Con éstas me señalo: Alias Birkenstocks, éstas dan un barquinazo a los
    derechistas,
    que entonces dicen muchas sandeces resentidas y endemoniadas:
Nosotros que las llevamos hemos de ser élites orgullosos y endiosados.
Hemos de comer arúgula y cilantro y almendras y tofu y sushi y muesli y    
    queso brie,
Hemos de sorber vino blanco y café latte, hemos de escuchar la NPR,
Hemos de acariciar a gatos, hemos de montar en bicicleta, hemos de
    reciclar,
Hemos de conducir el Prius o el Volvo, hemos de cantar kumbayá.
Según el señor endiablado Antonín Scalía estas sandalias las llevan
    incendiarios barbudos de banderas de cendal.
No me gusta el cilantro, tampoco el brie, no conduzco ni Prius ni Volvo,
    no canto kumbayá, prefiero vino tinto, tampoco no soy incendiario.
Pero el resto es cien por ciento cierto (y no tan sandio) para mí,
    esta oveja negra de Centralia (mi pueblo natal cateto):
Quizás con mis sandalias sembraré cizaña entre tales retrógrados
    que quieren censurar los conceptos geniales.

¡Sandalias osadas y emprendedoras!
Como soldados marchando, juntos saludamos al mundo afuera.
Recogemos la leña que he hendido,
    y la llevamos por el solado al horno,
Y después sacamos las cenizas al montón detrás del traspatio.
Andamos con la perra por la calle y a la cenaduría de la vecindad,
Y juntos conducimos por coche a la clase de español.
Nos enderezaremos tal vez a Alaska, a Londres, a Irlanda, a Andalucía,
Seguiremos marchando en apoyo del sindicalismo
    (pero nunca del Sendero Luminoso),
Aun algún día buscaremos el centauro y un endriago saltando del ensueño.

Con todo es verdad que no dormimos juntos nunca:
Mis andalones descansan solamente al lado de la puerta.




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