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“Estamos aquí de milagro”

La Cruzada de Reina Cuevas

Por Emilia Fenton
May 2006
Reina y yo compartimos una mesa en un restaurante de Poughkeepsie. Ni ella ni yo nacimos aquí, pero esta historia no es la mía, le pertenece a ella. Hace sólo un año y medio, Reina, de 38 años, se encontraba todavía en la ciudad de Oaxaca.

Pronto emprendería un viaje que la llevaría al otro lado y le permitiría ofrecerle a su hermana y a ella una vida mejor. La cruzada no sería lo que ella esperaba, ya que lo más difícil le esperaría después de haber pasado la barda por Arizona. Una vez del otro lado, correría por horas, brincaría la cerca de una casa y se escondería debajo de un colchón mientras la Migra merodeaba a su alrededor. Sin haber dormido, alguien la recogería al día siguiente y la llevaría a un cuarto de hotel en la ciudad más cercana. Pero para entonces, el precio acordado habría cambiado y un hombre la mantendría prisionera hasta que pudiera pagar lo que el demandaba. Pediría prestado y un automóvil la llevaría a través de Denver, Illinois, Minnesota... Una llanta se pincharía, la policía detendría el auto, pero al final, llegaría a Nueva York. Reina tampoco se esperaba que al poco tiempo de llegar a su destino final, su hermana, aún en Oaxaca, dejaría de caminar. Reina regresaría a México a cuidarla. Sin embargo, su estadía en México no se prolongaría indefinidamente. Reina intentaría la cruzada de nuevo. 

La segunda vez fue aun peor que la primera. Abordó una camioneta con 25 otros mexicanos que, al igual que ella, buscaban salir adelante. La camioneta la conducía un joven de 14 años, que ayudado por las drogas que ingería, manejaba a una velocidad amenazante. Un helicóptero de la Migra encontró la camioneta. Al mismo tiempo, una patrulla mexicana los aproximó por tierra. Después de intercambiar señales con el helicóptero, la patrulla mexicana lo hizo retroceder pues la camioneta aun se encontraba en tierra mexicana. Durante los próximos 15 días, Reina intentó cruzar la frontera, siempre sin éxito. Cuando finalmente logró cruzarla, la Migra llegó a la casa en la reserva donde ella y los otros 25 mexicanos con los que viajaba se escondían. Reina salió al patio y se escondió debajo de una mesa en un jacal mientras sus compañeros eran escoltados de regreso a México. Dentro del jacal, Reina rezaba. “La Virgen me salvó”, me dijo. Al salir del jacal se encontró prácticamente sola, pues la casa era de desconocidos que no hablaban su idioma. Trató de hacerles saber que necesitaba hacer una llamada y ellos accedieron por el precio de 20 dólares. Sin embargo, con el dinero compraron cervezas y Reina nunca recibió su llamada. Cuando las cervezas comenzaron a surtir efecto en los desconocidos, Reina supo que debía irse. Tocó de puerta en puerta pero nadie le abrió. Una vez mas, la Virgen la ayudó, pues llegó a una casa en donde le dieron agua, comida y una cama para dormir. A la mañana siguiente, Reina despertó y encontró que la casa se había llenado de mexicanos. Volvió a pagar para que la llevaran a Nueva York, pero como dice Reina: “Te siguen sacando dinero y nada de lo que prometen es cierto, pura mentira”. Después de haber pagado un total de 2.300 dólares, la llevaron sólo hasta Nueva Jersey.

Hoy Reina vive en Poughkeepsie, donde toma clases de inglés, recibe consultas médicas a precios asequibles, tiene acceso a computadoras y ha podido mejorar su calidad de vida y la de su hermana. Descubrió que los estadounidenses no son tan malos como a ella le habían contado. De hecho, Reina siente que la comunidad de este país la ha ayudado y apoyado mucho.

Reina termina su historia con un consejo para los paisanos que estén pensando en cruzar: “No arriesguen su vida, sobre todo si tienen familia, la unión familiar vale más. Estamos aquí de milagro.”





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