La Hoja Sagrada

Por
May 2006
“Cero cocaína, cero tráfico de narcóticos, pero no cero coca”. Estas son las palabras del nuevo presidente boliviano, Evo Morales. Un ex cultivador de coca y el primer líder indígena de Bolivia, Morales ha prometido a su nación mejores condiciones económicas y ha confiado en
la coca para alcanzar estos objetivos. El presidente y su administración están seguros de que los empleos legales de la coca como té, chicle, champú, pasta de dientes y otros (si fueran exportados) podrían enriquecer la economía boliviana. Una economía que ha luchando durante décadas, y que ha sobrevivido mayormente por el dinero en efectivo del tráfico ilegal de cocaína.

Aunque Morales ha expresado su deseo de colaborar con los Estados Unidos y su guerra contra la droga, los EEUU están preocupados de que la legalización de la coca sea un programa defectuoso que sólo “llene las (ya llenas) calles con cocaína”. Morales ha dado la bienvenida a las relaciones cordiales con los EEUU, “pero no a una relación de sumisión”. Esta postura independiente de Morales presenta un impedimento grande en el camino de “destruir las raíces del problema de la cocaína en los EEUU”. Pero, es necesito preguntarse ¿es el cultivo de coca—que existía aún antes del descubrimiento de América—realmente la raíz del problema del consumo de la cocaína?

La coca, conocido por los nativos como “la hoja sagrada”, ha sido cultivada en las regiones Andinas por más de cuatro mil años, durante los que ganó incontables usos y significados. Desde sus supuestos poderes mágicos de prever el futuro o posibilitar la comunicación con lo sobrenatural; sus poderes económicos para funcionar como moneda o hacer posible que los mineros y granjeros trabajen más eficientemente; hasta sus poderes sociales o ritualistas de reforzar relaciones de parentesco o servir de dote, la coca se ha filtrado en el tejido de la identidad Andina. Es un símbolo fuertemente arraigado en la tierra y suavemente mezclando en las bocas de los Andinos. Masticar “hojas sagradas” elimina el hambre y el cansancio, alivia dolores, intensifica las facultades concupiscentes y aumenta las capacidades intelectuales y físicas. Además, es una buena fuente de vitaminas y minerales, especialmente calcio. Por eso, el canciller de relaciones exteriores de Bolivia, David Choquehuanca, ha dicho que la coca debe aparecer en los menús de desayuno en las escuelas. Los estudios médicos han
probado que la coca, en su forma natural, no es adictiva, ni es dañina.

Todo tranquilo hasta que llegó la cocaína

Pero la cocaína—la forma químicamente procesada de la coca—aunque tiene mucho de los mismos efectos corporales como la hoja de coca, también tiene muchos efectos negativos y dañinos. El tráfico de cocaína en los EEUU empezó en los años ochenta durante la administración de Ronald Reagan. Reagan tuvo una política que no sancionaba la intervención gubernamental en las actividades privadas, y esto permitió a los traficantes colombianos y los hombres de negocio cubanos crear un torrente eficiente para el tráfico de cocaína en Miami. La sociedad de los nouveau riche tenían hambre de estimulantes artificiales y exóticos, y los abastecedores de cocaína tenían hambre de dólares americanos. El intercambio fue exitoso. Ahora, dos décadas después, la cocaína está circulando por todo el mundo, mayormente entre los jóvenes “discotecantes” de los EEUU y Europa occidental. Los EEUU y las Naciones Unidas comenzaron una guerra contra la droga que ha progresado relativamente bien en los años pasados.

Evo Morales es el primer líder sudamericano cuya política sobre drogas presenta “un problema” para esta guerra. Evo Morales ha decidido ejercitar su derecho a la soberanía, proteger la identidad de su nación (y de la región entera) y mejorar la dramática situación económica en su país por los más prácticos y lógicos medios posible. Quizás lo que los EEUU consideran la raíz del problema de la cocaína llegará a ser el salvador (legal) de Bolivia, y cumplir su nombre de “la hoja sagrada.” Quizás “el problema” de la cocaína no se encuentra en la hoja sagrada, sino
en la sociedad cuyos individuos necesitan estimulantes artificiales. ¿Es justo destruir una cultura a causa de las carencias de otra?


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