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Al leer español

August 2006
 
 

Estoy divirtiéndome con la lectura en español y descubriéndo.el encanto de las palabras. La mayorIa de las palabras son invitadas de libros escritos por Isabele Ailende, palabras que entraron en mi cerebro por primera vez como insinuaciones o sugerencias conectadas a oraciones cuyos sentidos completos no puedo entender, solamente intuir. Al encontrar esas palabras por segunda vez aigo de una curiosidad comienza a formarse pero rápidamente se disuelve al leer la próxima oración que ya ha ocupado toda mi atención. A Ia tercera o cuarta vez de apariencia muchas palabras todavIa desconocidas comenzaron a parecer como huecos en la página, en los cuales caigo por minutos tratando de intuir sus sentidos. En esas palabras busco palabras anglofonas enterradas adentro o raices griegas o latinas que puedan danne pistas sobre sus sentidos. A menudo no tengo suerte y temporalmente pierdo Ia concentración y auin el interés por completo en ci cuento de Allende, mientras invento sentidos para la palabra desconocida, uno más ridIculo que otro.

 

Pero algunas palabras Allendinas se quedan huecos oscuros o peor grandes manchas que crecen sobre la página al mirarlas fijamente. A menudo, a! punto que la mancha empieza a cubrir toda Ia página Ia amenaza de oscuridad total me empuja a buscar el sentido en ci diccionario. Haciendo asI, escojo la “palabra del dia.”

 

Una vez introducida en mi cabeza, la” palabra del dia” da vueltas en todas las circunvoluciones del cerebro, fragmentandose para que pase por el sistema nervioso y sin cesar, de fondo para todos mis pensamientos, suena como un disco raiiado. En ci carro, tratando de dormir, cocinando Ia cena, recorriendo la ciudad, entre otras actividades, repito la “palabra del dIa” con varias entonaciones, invento oraciones usando Ia paiabra dos, tres, o aün cuatro veces en Ia misma oración. Trato de imaginar la forma fisica de la palabra como si fuera una persona; cual serla su color preferido, ci tono de su nsa, el estilo de su andar.

 

Algunas palabras caben perfectamente en la boca y, haciéndose rodar de la Iengua, salen con una facilidad increibie, como la palabra “felicidades.” Otras palabras resultan muy dificiles pronunciar como si estuvieran en forma de cubos que no pueden revolver en la boca sino que están atrapados en los rincones, como Ia palabra “tregua,” con su sonido “tre” que para ml casi nunca sale con gracia.

 

Me divierto mucho cuando la “palabra del dIa” es onomatopéyica, como la palabra “susurrar,” que pronuncio en una voz apenas audible pero con una “s” ssssibilante enfatissssada, o Ia palabra “mnimurmmurar,” que a ml me gusta mucho sonar sin mover los labios. La “palabra del dIa” del domingo pasado fue “balbucear,” que apropiadamente se pegO entre mis dientes y labios tres veces antes que saliera. Aunque todas esas palabras se refieren al modo de bablar, se puede encontrar palabras onomatopéyicas en otras categorlas, como la palabra “bloquear,”que parece poco dispuesta a salir. Adjetivos también han ganado ci premio de la “palabra del dia” por motivos onomatopéyicos, como la palabra “luminoso” que resuena de una luz difundida pero resplandeciente. Y no se puede imaginar una palabra más redonda que “gordo” o más plana que flaca. Pero Ia “palabra del dIa” más lista debe ser “ataüd,” cuya pronunciaciOn fuerza Ia lengua a cerrarse contra el paladar con Ia fmalidad de un entierro.





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