Editorial

Diversidad al frente

May 2007

¿De qué hablamos cuando hablamos de inmigración? ¿Y de inmigrantes? ¿Y de latinos? La variedad de respuestas da una idea de la imposibilidad de encerrar todo en una frase simplificadora. En cada número de La Voz intentamos mostrar la diversidad de caras que la inmigración hispana tiene en este país. Caras humanas originarias de países centro y sudamericanos con rasgos comunes como el idioma y tal vez un sentido familiar más fuerte que el que nos encontramos aquí. Pero incluso esta mínima generalización es difícil de sostener cuando nos acercamos un poco más y comprobamos que por caso, una misma palabra, dependiendo de la comunidad, puede ser inocua, inexistente, o al contrario, representar un insulto. ¿Y la familia es de verdad más unida en Latinoamérica que aquí? La mía quizás sí, pero la de una amiga, latina ella también, no lo pareciera. Si vamos caso por caso, tanto aquí como allá, cada familia es un mundo, cada persona también. La diversidad cultural, social, educativa y económica de los latinos acá es muy rica, heterogénea, diferente. Al igual que en nuestros países, no todos piensan lo mismo, aunque allá, a veces, no siempre se puede disentir en voz alta sin miedo a represalias violentas.

En algo nos tendremos que poner de acuerdo, digo yo. Claro que tenemos un denominador común, somos inmigrantes o descendientes de inmigrantes.

Y si hay algo que nos afecta como inmigrantes en este 2007 son las constantes noticias, o juicios disfrazados de noticias, donde los latinos casi siempre llegan a los titulares como bandidos, criminales, “ilegales”. Además de la deshumanización que provoca esa palabra, también su uso es incorrecto. Jurídicamente hablando, ninguna persona puede ser ilegal, lo que se tendría que decir, y que lamentablemente somos pocos los que lo decimos, es trabajadores indocumentados, o inmigrantes indocumentados.

Pero al dejar el foco de atención puesto sólo en el estatus inmigratorio de una gran minoría (once millones no es poco), nos pasamos por alto el hecho de que en los Estados Unidos vivimos más de 40 millones de latinos, o hispanos, como prefiera. ¿Qué se sabe de nosotros en conjunto o por separado? ¿Qué saben los medios que sólo pueden hablar de “ilegales”? Y lo más importante: ¿qué sabe el Congreso y el Senado cuando le llega la hora de hacer una reforma inmigratoria comprensiva y mira para otro lado? Sinceramente espero que nuestra diversidad latina sea valorada por todo lo que aportamos a este país y que seamos capaces de unirnos para conseguir el cambio que necesitamos.

 

Mariel Fiori, Directora




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