Unas palabras desde Brasil

November 2006

Queridos lectores de la Voz, por ahora les escribo y les mando unas fotos desde Río de Janeiro, Brasil. ¡¡Nos vemos pronto por allá otra vez!!!

Cuando llegué a Brasil me encontré con un lugar como ningún otro. La primera vez que oí una samba me sentí no tanto en Río de Janeiro, como en algún lugar de África. La comida brasileña también sugiere otras tierras y es tan diversa como las civilizaciones que alguna vez llegaron al país. Las personas aquí son latinas, pero poseen rasgos físicos tan variados que es imposible describir al brasileño de una sola manera.

Pero por más bella que sea la música, la comida y la gente, existe también otra realidad en Río. Como en gran parte de Latino América, Brasil sufre un alto nivel de desigualdad social y económica. En Río de Janeiro, la mayoría de la pobreza está concentrada en las favelas. Las favelas son zonas que no siempre están regidas por las leyes formales del estado, sino que cuentan con su propio sistema de organización y responden a un gobierno informal. Muchas de estas favelas, pero no todas, exhiben niveles de violencia muy altos.

Hace dos meses empecé a dar clases de inglés en una de estas. Algunos de mis alumnos no tienen padres, algunos tienen padres que viven de la prostitución o cosas peores, algunos de ellos son padres. Christopher de 17 años, por ejemplo, tiene tres hijos, el mayor de los cuales va a la misma escuela que él. Aunque la mayoría de las personas más humildes de Río de Janeiro viven en favelas, las condiciones de pobreza abundan por toda la ciudad.

Obviamente hay un problema. Este problema no es simplemente que el dinero que existe lo tienen pocos. Tampoco es solamente que esos pocos no necesariamente lo quieran compartir, ni es que cuando si lo comparten no falta el que se lo robe. Un problema enorme es que nadie se ha responsabilizado por mantener un sistema educativo que cree ciudadanos preparados y que una vez preparados, estos ciudadanos tengan opciones de empleo. Generalmente, desde los pasillos de las universidades más prestigiosas de Río de Janeiro hasta los salones de clase más diminutos de sus favelas existe una falta de dedicación a la educación. En mi opinión, el gobierno tiene que incrementar su apoyo y supervisar la creación de una infraestructura que ofrezca y garantice una educación digna y un empleo en donde usar ese conocimiento.




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