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El Movimiento de Trabajadores sin Tierra de Brasil se expande

machismo y racismo también en la lucha

May 2007

¿Sabía que el idioma más hablado en Sudamérica no es el castellano, sino el portugués? Sí, es cierto. Brasil es un país de 188 millones de personas, el quinto en tamaño a escala global, y además posee la décima economía más grande del mundo. Esta nación es uno de los exportadores más importantes de productos agrícolas. Y sin embargo Brasil sigue siendo un país de contrastes.

Son pocos los que disfrutan de la riqueza que ofrece la tierra. Más del 50 por ciento de las tierras agrícolas pertenecen a sólo el cuatro por ciento de los propietarios de la población. Como mucho de los países latinos, Brasil tiene en común una larga historia de latifundismo que fue heredada de los tiempos del colonialismo. La concentración de la propiedad de la tierra en pocos dueños sigue siendo unos de los problemas más extendidos en América Latina.

 

Desde 1984 el Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) ha luchado por la reforma agraria. El movimiento ocupa tierras improductivas que pertenecen a latifundiarios, esto se hace para cumplir lo que la constitución Brasileña garantiza: que la tierra debería tener una responsabilidad social, de ser productiva. Hoy este movimiento ha crecido a más de un millón de personas, es el movimiento social más grande en América Latina. Por medios pacíficos el MST ha forzado al gobierno brasileño a distribuir 20 millones de acres de tierra agrícola a 350.000 familias.

 

Cuando el gobierno cumple esta responsabilidad la tierra es transformada en un asentamiento. Entre estas comunidades el movimiento ofrece educación secundaria y (en algunos casos) universitaria. Con esta educación se trata de concienciar a la población sobre las injusticias sociales y en efecto crear una revolución cultural. Este proceso de conscientização, trata de erradicar el comportamiento burgués que según el MST ha sido internalizado por la sociedad.

 

Tuve la oportunidad (a través un programa de estudios en el extranjero) de vivir en un asentamiento y ser testigo de este proceso. Cada asentamiento tiene sectores que se encargan de diferentes asuntos, por ejemplo el sector de género, comunicación, educación, finanzas o diversión. Yo estudié el sector de género. Quería saber cómo participan las mujeres y qué les ofrece el movimiento.

 

Según el sector nacional de género del MST, hoy existen dos luchas: la lucha violenta entre las clases, contra los latifundistas (fazendeiros) y la lucha entre las razas y géneros. La cultura de machismo se puede ver en los periódicos y los noticieros. Una de cada cinco mujeres brasileñas ha sufrido algún tipo de violencia por parte de un hombre, el 33% admite ser víctima de violencia física. Según un informe del Centro de Estudios de Violencia de la Universidad de São Paulo, desde los años 1946 a 1988 se registraron 3.000 casos de homicidio de esposas.

 

Brasil tiene una historia de leyes que protegen a los maridos que han asesinado a sus esposas. Estas leyes de impunidad se llamaban defensa del honor. Según este argumento al ver o saber que la esposa estaba cometiendo adulterio, el esposo tuvo un momento de locura y perdió la razón. Otros datos que muestran la posición de la mujer en la sociedad brasileña: el 59% de las mujeres en Brasil son analfabetas, el 73% dejaron sus estudios, y el salario de las mujeres es 28% menor que el de los hombres.

                                                                       
Mujeres con poder

El asentamiento de El Dorado está localizado en el estado de Bahía, en el condado de Santo Amaro. Este asentamiento tiene una presidenta, y ella es la razón por la cual escogí estudiar aquí. Por tres semanas estudie las percepciones de género en esta comunidad. Tuve la oportunidad de entrevistar a nueve mujeres. Noté que en este asentamiento las mujeres participan más que los hombres en las reuniones y son las que representan el movimiento en conferencias nacionales.

 

Cuando pregunté a las mujeres por qué esto es así, me dieron respuestas basadas en estereotipos. La mayoría respondió que la mujer tiene un carácter más colectivo que el hombre, que los hombres tienen la tendencia a quedarse más tiempo en los campos. Me pareció muy interesante ver cómo los típicos papeles de género se usan para otros propósitos.

 

Las mujeres que encontré en el asentamiento no sólo eran amas de casa sino que también, trabajaban en el campo, vendían sus productos en los mercados, estudiaban y estaban muy involucradas en el movimiento. A pesar de que la mayoría de los hombres no ayudaba en las tareas hogareñas, y sigue haciendo trabajos de “hombre” (en el campo, o con animales) las mujeres están tomando más posiciones de dirección.

 

Cuando entrevisté a la Dirigente de Política Antonha Salles, sobre sus experiencias en el movimiento me contó que antes de ser miembro de MST sólo sabía leer y escribir un poco, y que el movimiento le ofreció educación primaria, secundaria y universitaria. Ahora a la edad de 46 ella está estudiando agronomía, y es la encargada de representar a 500 familias en el área. Su testimonio refleja fortaleza.

 

Isabel Hoyos: ¿Cuáles son sus responsabilidades? 

Antonia Salles: Organizar las familias, dirigir ocupaciones de tierras improductivas. Como dirigente mi responsabilidad es ayudar al movimiento a crecer. También es buscar una forma de vida para estos campamentos y asentamientos, por ejemplo pare nosotros no basta un pedazo de tierra. La Reforma Agraria no quiere decir simplemente conseguir tierra, tenemos el derecho a la educación, la salud, al crédito. Porque muchos de nuestros abuelos y tatara abuelos trabajaban la tierra pero no tenían las condiciones para conservar esa tierra, entonces tener acceso al crédito es muy importante.

 

IH: ¿Ha sentido machismo o discriminación en su trabajo?

AS: Si dicen que aquí no existe el machismo, pues mienten. Nacimos en una sociedad burguesa, donde el trabajo de la mujer era cocinar, cuidar del marido, de la familia. Fue esto lo que aprendimos, y como nacimos pensando así no es fácil cambiar. En el MST desde el comienzo nosotros trabajamos en este tema porque la Reforma Agraria no está pensada sólo para el hombre si no también para la mujer, y los niños, tiene que ser un esfuerzo de la familia. Hoy las mujeres también trabajan en el movimiento. Si tenemos que ir a una marcha o una ocupación tratamos de mandar hombres y mujeres. También estamos tratando de que las mujeres se involucren más en la coordinación en los asentamientos. A veces la mujer no participa, y no es sólo porque el marido no quiere, también es una cuestión financiera, y el resultado es que la mujer se queda en la casa.

 

IH: ¿Pero personalmente has sentido discriminación?

AS: Siempre he dicho que el movimiento me rescató de una vida de esclavitud, una vida limitada por los preconceptos de género. Yo no estudié, mis estudios eran mínimos. Mi papá me enseñó cómo leer y escribir, pero eso fue todo. Continué mis estudios cuando entré en el MST. En 1998 empecé los estudios de primer a cuarto grado, en 1999 entré en la quinta a octava serie, y después estudié en la universidad. Hoy he terminado mis estudios de maestría, y voy hacer un curso de agronomía.

 

IH: ¿Cuáles son los obstáculos que el Sector de Genero tiene que enfrentar?

AS: Es un trabajo de hormiga, tenemos 500 años de historia para cambiar. En este asentamiento hay muchas personas con una mentalidad anticuada. Hay mujeres aquí que si les dices que vas a sacarlas de la cocina, nunca lo van a aceptar. Ellas piensan que es un derecho estar en la cocina, siguen pensando así, que tienen que estar cuidando del marido y demás.

 

IH: ¿Cuál es la lucha del MST?

AS: Nosotros somos un movimiento social, luchamos por la tierra pero también para una sociedad más igualitaria. También luchamos para ser aceptados en esta sociedad, muchas personas creen lo que dicen los medios masivos en las noticias sobre el MST, y claro ellos no dicen lo positivo del MST. Sólo dicen que somos ladrones perezosos y que somos terroristas.

 
 
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