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LA PIEDRA SAGRADA DE ALTO PICO

August 2007

camilito vivía en una remota aldea. en una montaña llamada alto pico. un día camilito se encontró una piedra blanca, ovalada, y opaca demasiada grande para sus manitos de diez años. él estaba jugando en el arroyo, buscando serpientes, sapos y lagartijas. el secreto para encontrarlos era levantar las piedras sumergidas lentamente y poner cuidado para poder ver bien la serpiente cuando salía nadando. 

ese día camilito había salido de su casa temprano. su mamá y su papá estaban gritándose y él no quería estar ahí. camilito no entendía por qué se gritaban si era tan fácil y más divertido decirle las cosas a la gente en secreto, susurrando las palabras al oído. 

camilito estaba sentado en una piedra al ladito del arroyo, comiéndose una arepita con mantequilla. el único sonido que se escuchaba venía del agua que viajaba pasando por las piedras. después de cinco mordiscos a esa arepa, que estaba tan rica, le llamó la atención esta piedra del tamaño de una pelota de fútbol pero que era ovalada, como un huevo. camilito se embutió la arepa en la boca. sin pensarlo dos veces, se agachó al lado de la piedra y trató de moverla, para ver si salía una culebrita o algún sapito. al jalar con las manos sintió que esta piedra era la más pesada del mundo y al mismo tiempo, al tocarla, camilito no podía sentir su textura. 

“que raro”, pensó camilito. “esto parece ser piedra y viento a la vez”.

camilito trató y trató de moverla y nada. después de media hora le dio rabia y le pegó una tremenda patada. la piedra salió volando como un balon de fútbol. camilito sintió un escalofrío a lo largo de la columna vertebral. se agachó donde había estado la piedra y fijó su mirada en el hueco. el agua del arroyo era cristalina y brillaba como con mil estrellas por el reflejo del sol. ahí en medio de las mil estrellas se encontraba una piedrita verde, en forma de lagartija. camilito recojió la lagartija de piedra y la examinó. no olía a nada, e igual que la piedra ovalada, no sentía ni su peso, ni su textura. aunque sí sentía que su mano se llenaba con una fuerza inimaginable, como si su bracito se hubiera convertido en el brazo de un gigante poderoso.          

sin saber por qué, puso la piedra-lagartija en su frente, entre sus cejas. de repente, una voz le comenzó a hablar incesantemente. le dijo mil cosas a la vez. camilito no sabía si esta voz venía de muy lejos de afuera, o de muy lejos de adentro de su ser. le dijo todo, a donde encontrar un nido de huevos de palomitas que él podría comer, le dijo que su mamá pronto iba a dejar a su papá, le dijo que por la noche iba a tronar y a relampaguear y que mañana iba a llover. le dijo que su papá no era su papá de verdad. su padre biológico manejaba una buseta vieja que iba desde alto pico hasta la ciudad, un recorrido de todo un día. le dijo el propósito de los seres humanos en la tierra, y le contó sobre la plaga de demonios que nos retardan y antagonizan. hasta le dijo que tenía que dormir con su cabeza hacia el este. esta piedra le contó muchas cosas más. en realidad, le contó todo lo que los brujos no cuentan, lo que los ermitaños aprenden en silencio, le contó todo sobre la vida y la muerte, sobre cómo protegerse de los malos pensamientos y hasta le explicó cómo despertarse adentro de los sueños. esta lagartija era la voz de todo ser vivo, de todo ser muerto. era la voz del sol y la luna, la voz del diablo y la de dios. en segundos, su cuerpo se volvió musculoso, fuerte y poderoso. camilito pegó un grito tan fuerte que sonó como un trueno y ahí mismo comenzó a llover.

siete águilas volaban dando círculos en las alturas directamente arriba de él. con su pensamiento, camilito hizo que una de ellas aterrizara, tomara agua del arroyo y saliera volando de nuevo. el águila dejó una hermosa pluma para él, para que lo ayudara en su viaje que se aproximaba.

esta piedrita pareció haberse pegado en la frente de camilito y él sentía que con cada segundo que pasaba, más poder le entraba, más secretos aprendía, más y más. luego sus músculos disminuyeron, su cabello se puso gris, después blanco, hasta que se le cayó todo y quedó completamente calvo. su piel se le arrugó. su rostro era de viejito. a camilito ya no le importaba nada. entendía el propósito de su existencia, estaba muy agradecido con su vida y el miedo ya no existía en sus pensamientos. la piedra se sentía caliente en su frente, vibraba y transmitía una luz, un tipo de neblina verde. camilito luego comenzó a encojerse. la piedra lo estaba transportando, se lo estaba inhalando. cada vez se ponía más pequeño hasta que todo su ser quedó atrapado para siempre en esa lagartija de piedra.   

a camilito nunca lo encontraron, pero por las madrugadas su mamá se confortaba pensando en su querido y travieso hijo, la pobrecita sentada en una piedra, al ladito de ese arroyo universal.  

 
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