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Usos y costumbres

Aristófanes y el amor en el mundo hispano

Por Arturo Michel Holland
May 2010

Hace mucho tiempo los humanos eran grandes y poderosas criaturas, con dos cabezas, cuatro pies, cuatro brazos, y dos órganos sexuales. Miraban a todos lados, y caminaban por la tierra completos, satisfechos, y felices. Pero los dioses se preocupaban que los humanos tuvieran demasiada fuerza, que eran demasiado arrogantes. Decidieron reprimirlos, partiéndolos, cuerpo y alma, en dos – dos seres con dos pies y dos brazos – en la forma de los seres humanos como lo conocemos hoy día.

Esta es la historia del amor. El cuento es la base del discurso de Aristófanes en el famoso Banquete de Platón, una obra dedicada al amor en la que un grupo de los más famosos pensadores de Atenas se reúnen a emborracharse y compartir sus propias explicaciones elogiosas a Eros, dios del amor. Esta explicación se basa en la idea del amor como una fuerza integral del carácter del ser humano: el deseo de encontrar un “otro” que constituye la otra parte de la totalidad del propio ser. Conforme a esta teoría, somos, y estamos, incompletos, y es a través de la relación amorosa que nos acercamos a la integridad.

Intentaré demostrar que de la filosofía del Banquete es la que más refleja la noción de amor en el mundo hispano-hablante, en contraste con la teoría de Sócrates. Por las mismas líneas que se divide Aristófanes y Sócrates, se diferencia el mundo hispano-hablante, y el euro-occidente, lo cual incluye el resto de Europa, los Estados Unidos, Canadá, y los países de la Commonwealth.

 La media naranja

En Latinoamérica y España se habla mucho de “encontrarse la media naranja,” es decir, encontrar la otra persona con la que tienes el destino de un amor absoluto y único. En este sentido, todo ser humano tiene un profundo deseo de amor. ¿Pero en qué consiste ese amor? Un deseo de estar y ser completo, de ser la naranja entera. La idea es que, a través del amor, nos acercamos de nuevo a esa antigua forma entera y poderosa. Esta ideología del amor es definitivamente “latina” (en el sentido en el que se usa el termino popularmente hoy día, refiriendo al mundo latino, y no en el sentido de la época de Platón cuando el mundo latino era Italia).  

Por un lado, un hombre o una mujer, sólo puede ser miembro reconocido y participativo de la sociedad y la cultura si ha logrado encontrar una pareja, por otro lado, se reconoce que el deseo innato de ser y estar completo existe en todos. Por lo tanto, este amor deriva de una falta, de una búsqueda esencial. Este amor es el proceso, no es el producto final. Aristófanes propone una situación hipotética en la que los dioses nos ofrecieran la opción de juntarnos absolutamente, de “mezclaros de tal manera, que no seréis ya dos personas, sino una sola”, y nos asegura que todos aceptaríamos la oferta. Sin duda, dice Aristófanes, esta unión representaría el verdadero cumplimiento de nuestro más profundo deseo. 

Buscando un imposible

Entonces toda relación amorosa es un intento de aproximarse al estado ideal de unión. El problema es que este estado ideal es imposible. Aristófanes propone que la realidad del amor logrado reside más allá de nuestro poder de entendimiento porque nunca, en nuestra experiencia, hemos conocido dicha unión. “Estos mismos hombres”, nos informa, “que pasan toda la vida juntos, no pueden decir lo que quieren el uno del otro…Evidentemente su alma desea otra cosa, que ella no puede expresar, pero que adivina y da a entender”. Esta imposibilidad refuerza la idea central del argumento, que el amor es el deseo, es la lucha, es la seducción en sí, no una cosa concreta. Lo que se presenta aquí es una escisión filosófica entre la idea del amor como el deseo mismo, o del objeto de ese deseo. Es por la misma línea que se divide, pienso yo, la cultura popular euro-occidental, y la del mundo hispano-hablante.

Para comprender mejor esta diferencia, veamos la filosofía de Sócrates. El amor de Sócrates es un amor de “ser” y no de “estar”. La sabia ficticia Diotima, en su conversación con Sócrates reproducida en Banquete, dice que el amor “es la generación y la producción de la belleza”. Es un concepto muy abstracto, pero uno puede llegar a entenderlo mejor si se fija en el proceso de conseguir el amor. Empieza con el amor por un solo “cuerpo” bello, y pasando a dos. Después de haber amado una pluralidad, uno pasa a amar “la belleza en general”. Hasta este punto seguimos amando una belleza física, es decir, la belleza más accesible, la más fácilmente apreciada. De ahí, uno pasa a amar la belleza del las actividades humanas, los cambios físicos que ejercemos sobre el mundo que reflejan el carácter humano. El próximo paso es amar la belleza de los mismos procesos intelectuales. Y finalmente, uno entra en lo que se podría llamar el “amor auténtico”, el amor de esa belleza en sí. Al haber logrado este culminante paso, uno

no se verá encadenado como un esclavo en el estrecho amor de la belleza de un joven, de un hombre o de una sola acción, sino que lanzado en el océano de la belleza, y extendiendo sus miradas sobre este espectáculo, producirá con inagotable fecundidad los discursos y pensamientos más grandes de la filosofía, hasta que, asegurado y engrandecido su espíritu por esta sublime contemplación, sólo perciba una ciencia, la de lo bello.

 ¿Ser o estar? ¿Desear o amar?

La primera diferencia es que este amor ideal es una posibilidad, en cambio el estado perfecto de totalidad de Aristófanes es imposible. Pero, en cuanto el amor ideal forma parte de la descripción de la realidad del amor de Sócrates, el estado perfecto de Aristófanes es su explicación de la fuente del amor. En su discurso, Sócrates retrata el amor como un estado de ser, y no un deseo – lo cual es una manera de estar. El estado de totalidad es la culminación del amor, pero no es el amor en sí. En las lenguas anglosajonas, germánicas, escandinavas, e incluso las demás lenguas latinas, sólo existe el verbo “ser”, y por lo tanto, la teoría de Aristófanes no es bien apreciada ya que éste se centra en el dualismo del amor: por un lado el elemento tangible, el “estar,” y por otro, el estado imposible conceptual, el “ser”. ¿Cómo puede una cultura llegar a comprender bien una teoría si no tiene el vocabulario necesario para describirlo? Es por esta razón que el mundo hispano-hablante es el que mejor ha incorporado la teoría en la conciencia colectiva. 

La realidad del amor de Aristófanes, el que todos conocemos y sentimos, es el “estar”, el deseo. Como seres con poderes limitados, la realidad del estado completo y perfecto del amor, la unión que representa el “ser” cae fuera de nuestra capacidad mental. Por lo tanto, Aristófanes pone un enfoque en el deseo. Pero Sócrates, Agatón y Phaedro rechazan al deseo como forma de amor esencialmente carnal, y del nivel más primitivo. Una suposición que se ha llevado hasta hoy en día, pero que es un malentendido de la teoría original. En el argumento, el deseo no resulta de una necesidad física, sino proviene del alma que sufre por no ser completa. Hay, por lo tanto, una nobleza en el deseo. Es una forma del amor democrático; todos pueden conocer el deseo, no como el amor Socrático que solo puede ser alcanzado por los intelectuales, a través de medios metafísicos. Este conflicto surge porque el Banquete retrata en sí la historia de las teorías amor, desde los primitivos ancestrales cuentos como el de Aristófanes, y culminando con la más moderna, la de Sócrates. La diferencia, por lo tanto, también refleja una progresión hacia el entendimiento del mundo de una manera más metafísica, y menos pragmática, de mirar al amor físico y rechazarlo como cosa carnal que representa sólo un paso hacía el verdadero amor que existe nada más que en un mundo abstracto. El deseo es, en la teoría de Platón, una primitiva e incorrecta explicación del amor.

 Hasta el pecado

Las implicaciones culturales de esta escisión son enormes. De esta proviene la separación cultural entre visiones espirituales e intelectuales del mundo, cuya influencia y efecto se ve claramente en el ejemplo de la doctrina cristiana. En la filosofía central de la iglesia el amor perfecto no se basa en el mundo físico, sino consiste del amor de dios. En especial hasta la reforma luterana, vemos el rechazo del deseo y toda relación carnal como cosa pecaminosa. Es una aplicación de la filosofía de Platón en un contexto social más amplio, y demuestra claramente el profundo efecto que la teoría ha ejercido en gran parte sobre el mundo cristiano.

¿Cómo puede uno argumentar que el mundo hispano-hablante adhirió a la teoría de Aristófanes, si cae únicamente dentro de este mundo cristiano? Recordemos, primero, que la lengua española, con la dualidad del verbo ser y estar, tiene un gran papel en la respuesta. Por otra parte, el carácter introspectivo y egoísta del amor de Sócrates no cuadra de ninguna manera con el emocionalismo, la pasión y la extraversión característica del mundo hispano-hablante. El carácter intensamente espiritual de muchas de las antiguas culturas pre-coloniales también contribuye a la persistencia de la influencia de Aristófanes. Es un tema interesante para posibles estudios antropológicos, no sólo de la actual cultura de éste mundo, pero también para identificar las fuentes y sus características de las que derivan su aspecto actual.

CONTINUARÁ…



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