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Pedro de Urdimales siempre se sale con la suya

El cuento de un pícaro

Por María Cristina Brusca
April 2010

El árbol de las monedas de oro

     A Pedro se le estaba acabando el dinero que había conseguido con sus últimas jugarretas.

    Cuando ya le quedaban unas pocas monedas de oro, les hizo unos pequeños agujeros, las colgó de las ramas de un arbusto espinoso, y se sentó a esperar.

     Muy pronto llegaron dos caballeros a quienes había engañado muchas veces. Lo estaban buscando para arreglar cuentas.

    —Allí está, —dijo uno de ellos, —está dormido como un tronco. ¡Ésta es nuestra oportunidad!

    Los hombres desmontaron y se acercaron a Pedro con sus cuchillos en la mano.

    —¡Te vamos a matar, sinvergüenza! ¡Te vamos a cortar las orejas y las vamos a clavar en un poste!

    Pedro abrió los ojos —¿Y por qué me van a hacer eso? —les preguntó.

    —Porque tú eres el mismísimo pícaro que nos robó el caballo, nos hizo meter en el lodo, y nos vendió una “ollita mágica” que no sirve para nada —contestó uno de los caballeros mientras el otro agarraba a Pedro de los pelos.

    Pero, en ese momento, vieron las monedas de oro que brillaban en las ramas del arbusto.

    —En este espino crecen monedas, —susurró uno de ellos.

    —Si tuviéramos un árbol como éste seríamos los hombres más ricos del mundo, —murmuró el otro.

    —¿Qué es este espino? —Le preguntaron a Pedro.

    —Ah, éste es mi arbolito de monedas, —les contestó.

    —¿Un espino que da monedas?

    —¡Claro! —dijo Pedro, —pero no puedo decirles nada mientras me tiran de los pelos.

    Cuando lo soltaron, Pedro les dijo –éste es mi arbolito de monedas. Las frutas ya están maduras. Me parece que voy a cosecharlas mañana.

    —¡No vas a poder si te matamos antes! ¿Cada cuánto da frutos?

    —Como... mmm... como cuatro o cinco veces por año,

—bostezó Pedro. —Y, si la regara más daría frutos más seguido. Pero ya tengo todo lo que necesito, así que, ¿para qué trabajar?

    Los dos caballeros contaron con los dedos y les brillaron los ojos al pensar en la cosecha de monedas.

    —Oye, si nos da el arbolito te perdonamos la vida.

    —¡Ah, no!, no puedo separarme de mi espino. Mi vida no valdría nada sin él.

    —¡Vamos!, —le dijeron los caballeros impacientes. —Es sólo un arbolito. Pero, ya que significa tanto para ti, podríamos darte cien pesos por él.

    —¡No, no!, no quiero hacer negocios con ustedes. ¡Primero me convencen de venderles mis tesoros y luego vuelven, se quejan, y me amenazan con cuchillos!

    —¡Quinientos pesos!

    —¡No me tomen por tonto! Ustedes saben tan bien como yo que este espino produce muchísimo más del doble por año.

    —¡Mil pesos! –ofrecieron los hombres.

    —¡Ni un centavo menos de cinco mil!, —dijo Pedro.

    —¡Trato hecho!, --dijeron los caballeros.

    Tan pronto como tuvo el dinero en sus manos, Pedro salió corriendo.

    Al día siguiente los dos caballeros recogieron las monedas de oro. Regaron el espino muchas veces y hasta lo fertilizaron. Pero nunca más produjo frutos. Después de tres meses se dieron cuenta de que Pedro los había engañado otra vez. Pero ya era tarde. ¿Quién sabe dónde estaría Pedro entonces?

 ***

 El árbol de las monedas de oro (The Money Tree) es una traducción al español de un cuento del libro Pedro Fools the Gringo, una colección de cuentos populares acerca de las aventuras del personaje folclórico Pedro de Urdimales, que Tona Wilson escribió en inglés. Este pícaro timador, conocido en todos los países de América, siempre se aprovecha de la avaricia y la maldad de los otros para estafarlos.

Si quieres leer otros cuentos de este pícaro en inglés pide el libro: Pedro Fools the Gringo en tu biblioteca

 

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