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RIFLE EN EL CIELO

Por Robinson David Martínez
December 2009

el niño estaba feliz con su rifle. estaba cerca del gallinero, sentado en una silla de madera, mirando hacia afuera. hacía calor en la caja de cazar que él mismo construyó con tablas viejas, serrucho, martillo y clavos. 

 puso una estera de paja encima de la caja de cazar y cortó un rectángulo largo en el tapete del mismo porte del hueco rectangular en el techo de la caja. era para poder sacar el cañón del rifle y ver bien el cielo. luego cubrió el techo con hojas y ramas y pasto alto que crecía en la propiedad del abuelo. también dejó una ventana pequeña en cada dirección cardinal, aunque él se sentó mirando hacia las gallinas, porque eso era lo que el halcón quería.

 esta era la primera vez que hacía todo el trabajo solo, porque con el abuelo siempre le tocaba ser ayudante personal ─todo el pensar y plan de acción venía del viejo. y por esa razón es que quería ser grande. claro que todavía no tenía pelos en la barba—ese niño rezaba para que le saliera bigote, porque entonces así nadie jamás lo volvería a mandar. estaba cansado de que todo el mundo siempre le dijera lo que tenía que hacer. por eso comenzó con el negocio de cazar al halcón por su propia cuenta.

 el abuelo no podía hacer nada al respecto porque no podía ver de lejos. sus ojos funcionaban sólo para lo de cerca, para ordeñar las vacas de madrugada y para lidiar con la mecánica del viejo tractor que siempre se necesitaba reparar.

 "¡a traer los huevos!" le dijo el abuelo, imperioso.

 "¿por qué es tan duro conmigo, gina? a veces lo odio."

 estaba hablando con gina, su gallina favorita y su mejor amiga. él le contaba todo y ella abría su pico y el niño sentía en su corazón que ella también tenía su propio corazoncito y lo podía comprender.

 por el rabillo del ojo, el niño vio al halcón blanco aterrizar del cielo. todas las gallinas se volvieron locas, aleteando y alarmando a las que no estaban tan alarmadas.

 de un segundo al otro, el niño vio al gran halcón blanco volando con jenifer incrustada en sus garras.

 jenifer siempre fue una gallina rara. Siempre estaba sola. y aunque el niño y jenifer no sentían mucha afinidad, él siempre la admiraba porque a él también le gustaba estar solo.

 el sol lucía como una gigante esfera de lava roja en el horizonte. el gran halcón blanco parecía cubierto en llamas, con una gallina en sus garras también envuelta en fuego.

 no te preocupes, jenifer, voy a atrapar a ese halcón.

 la elefante corría en el camino de tierra con lágrimas en sus ojos. estaba llena de pena, tenía hambre y sed. estaba exhausta, pero ya no le importaba la vida. extrañaba a su hija elefante que se la habían comido los leones. había perdido dos antes, pero cuando mataron a esta última, sintió que a ella también la habían matado.

 la elefante regresaba al sitio donde vio a su bebé por última vez, que aún era un poco lejos. el sitio estaba cerca de los humanos extraños.

 ahí estaba el halcón, volando con brazos extendidos en el cielo.

 ese hijuemadre siempre se estaba robando las gallinas, pensó el niño y luego se preguntó si era su propia voz o el eco de las palabras del abuelo.

 el niño se quedó mirando al halcón por mucho tiempo. el pájaro hacía círculos grandes en el cielo. al niño le dio gusto de que estaba bien camuflado en su caja de cazar, aunque el halcón estaba demasiado lejos y no se acercaba. el niño se preguntó si el halcón lo podía ver. 

 de pronto me puede ver los pensamientos.

 hacía mucho calor en la caja esta, pero el niño persistía, manteniéndose alerta. no podía ver al halcón. había desaparecido en la vastedad del cielo azul. esperó y esperó. el sudor se formaba en la frente y goteaba hacia la punta de su nariz.   tenía la espalda mojada. era como si la noción del tiempo se le derritiera a través de los poros.

 comió pedazos de mango deshidratado que su abuela le había empacado. ya casi terminaba el botellón de agua panela con limón que también le había preparado.

 algo ocurrió. las gallinas comenzaron a aletear y a ponerse histéricas. tenían miedo y estaban agitadas. el corazón del niño parecía palpitaba fuerte y rápido. su mirada se volvió nítida y escuchaba todo a su alrededor. sentía un temblor repetitivo, como si un gigante corriera hacia él. el niño estaba confundido. el temblor repetitivo se hacía más fuerte, pero desde su caja de cazar no veía nada. decidió salir. sus músculos le dolían por haber estado sentado tantas horas.

 montó el rifle y salió. se puso el sombrero porque el sol estaba picante y peligrosamente ardiente. en la distancia vio polvo creciendo en el aire. el niño apretaba los ojos para poder ver bien a lo lejos. 

 ¡un elefante! 

 luego vio al halcón aterrizar de la nada. lo agarró desprevenido. el niño sintió la cascada de adrenalina. el halcón era rápido, como el relámpago ─hasta cambió de dirección en pleno vuelo y el pequeño no podía apuntar lo suficientemente rápido.

 le cayeron gotas de sudor a los ojos, quemándole la vista. el sombrero se le cayó al limpiarse los ojos. subió el rifle y apuntó de nuevo. disparó. la elefante, delirando, hizo un llamado tan fuerte que reverberó en el pecho del niño ─él se dio la vuelta y vio que el elefante corría hacia él. era enorme. cerró un ojo y apuntó hacia la bestia. tenía perfecta puntería, justo en la mitad de los ojos del elefante.

 ¡el viejo va a estar tan orgulloso de mí!

 la elefante lo miraba desde lejos y el niño no podía disparar. era igualita a la mirada que le dio jenifer estando debajo de las garras del halcón. había algo similar en los ojos de este elefante. el niño estaba confundido y conmovido. ¿qué le ocurría? siempre quería ir de cacería. se moría de ganas por usar su rifle, matar algo y sentirse grande, pero se sentía pequeño, mucho más pequeño que el elefante. se quedó así, apuntando, pasmado, mientras el elefante se acercaba más y más. al niño le dio miedo. estaba demasiado cerca. entonces apuntó más arriba de su cabeza, hacia el aire. decidió asustarlo para desviarlo. justo en ese momento, el abuelo se aproximaba en el tractor, gritando. el niño se distrajo, y, mirando a su abuelo, disparó tres veces.

 la elefante cayó al suelo. todavía estaba viva. agonizaba. la sangre al lado de su cabeza parecía lágrimas rojas. la elefante había caído casi en el mismo sitio donde vio a su bebé por última vez.

 el niño quedó atónito, completamente inmóvil, contraído. un sudor frío llovió por todo su cuerpo. le salían lágrimas rojas de sus ojos y vomitó un líquido rojo. Vomitando, vio al halcón, posado en la reja de madera. sus grandes ojos amarillos parecían verlo a través de su alma. el niño estaba en un choque, paralizado. se quedó mirando al elefante y sintió algo raro, una depresión que jamás había sentido en su vida. miró al elefante a los ojos desde lejos. el tiempo había cesado. sentía que estaba soñando.

 el segundo que el niño movió el rifle, para apuntar, el halcón dio un chillido penetrante y saltó hacia él, volando tan rápido que parecía sobrenatural. el niño pensó que el halcón lo iba a raptar, como lo había hecho con tantas gallinas. todo ocurría tan lento. el halcón abrió sus garras y agarró el rifle, jalándolo de las manos del pequeño. El niño sintió las plumas rozarle la piel de los brazos y luego miró, boquiabierto, al halcón que ascendía, pesado por el rifle en sus garras, volando hacia el sol rojo del horizonte.

 


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