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Foto de Héctor Antuna
Foto de Héctor Antuna

Deciloquios mexicanos
 

Por Fernando Salas
June 2019
decil. La palabra decil no está registrada en el Diccionario.
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decil. En estadística descriptiva, el concepto decil refiere a cada uno de los 9 valores que dividen un juego de datos (clasificados con una relación de orden) en diez partes iguales, y de manera que cada parte representa un décimo de la población.
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Decil II: Echando raíces a la mar

Este era el momento más emotivo del día para don Apolonio: el instante en que le llegaba la señal del celular al aproximarse a la costa. Lo llamaba "tocar tierra", y consistía en marcarle a Rosalía para avisarle que ya estaba de vuelta y que todos estarían en la mesa. Casi siempre tenía lugar a las cinco de la tarde, y cuando esa hora pasaba sin que Rosalía recibiera su llamada, ella se apretaba las vendas.

Don Apolonio era el último pescador de la costa. Las otras cuatro familias que aparecen en el censo habían abandonado la aldea maldiciendo las condiciones precarias y los riesgos del mar abierto. Y era cierto que no había escuelas ni hospitales a la redonda; que rara vez se asomaba un comerciante; que los huracanes habían arreciado, y la pesca escaseaba; pero don Apolonio era un hombre de convicciones y preservaría la tradición de la familia hasta la tumba, independientemente de que sus nueve hijos lo siguieran abandonando para vivir como la gente en la tele.

"¿Para qué quieren subirse en elevadores, usar champú y comprar esos zapatos? Conmigo ustedes pueden vivir la vida de los hombres", decía a sus hijos mientras tiraba la piola. Y habría continuado hablando de la esclavitud en la ciudad, si no hubiera sido porque una nave federal los abordó de súbito.

El guardacostas estaba molesto; hace un mes había aparecido en el Diario Oficial de la Federación la veda de pesca en esta zona, e hizo saber que no toleraría otra infracción. Don Apolonio tampoco pudo discutir, simplemente hizo lo que hacen los hombres: dio un puñetazo al marinero más cercano y después de recibir dos sendos golpes en la nuca perdió la conciencia.

Al despertar, los cinco hijos que le quedaban ya se habían marchado a la ciudad. Vendieron la panga para comprar sus pases y el restante lo dejaron con Rosalía. Don Apolonio se sentía traicionado. Él nunca hubiera vendido la panga de su padre, que en paz descanse, y no aceptaría ningún boleto con rumbo a la ciudad. Él sabía que sólo aquí eran libres, que en cualquier otra parte no hay más que parias o esclavos, y que en el mapa que mostró el guardacostas no estaba incluida la pedregosa ribera de la Cochita, que, si bien era más peligrosa para navegar, también ofrecía algunas nobles escuelas de peces para mantener una vida digna.

Entonces don Apolonio salió a restaurar la panga de su abuelo, y refirió a Rosalía su plan. Rosalía, que era una esposa muy paciente, alertó a don Apolonio que esto equivalía a un suicidio; que antes se deberían de preocupar por que sus hijos tuvieran un ejemplo en casa; que, si él no regresaba, ella, que no se había recuperado enteramente del accidente, de menos pasaría hambre. Don Apolonio tomó sus cosas y dijo "por eso voy por la comida… apenas 'toque tierra', haremos otro hijo que te cuide para siempre", y desapareció entre la mar.

@tlilcuauhtli
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