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Editorial

No existen atajos
 

Por Mariel Fiori
August 2017
Esta es una frase que me veo obligada a repetir más y más últimamente. Sí, a veces hay caminos más cortos que otros, pero sólo literalmente. Cuando se trata de bajar de peso, mejorar la salud o la economía personal, o la política de un país, no creo en los supuestos atajos. 
 
¿Por qué será que las pastillas y polvos mágicos para adelgazar aparecen publicitados en cada rincón pero todavía tenemos más de un tercio de obesos en este país? Lo mismo aplica para cada tipo de dieta novedosa ―sólo líquidos, o sólo fibras, o sólo proteína, y otras combinaciones dudosas. Si todos estos métodos dieran el resultado prometido, en un mes, o máximo dos, estábamos todos usando talle Small, y la ropa Extra Large estaría siendo modificada porque nadie la necesitaría y la diabetes sería una enfermedad casi desconocida. Como sabemos, ese no es el caso.
 
¿Por qué será que hay personas que viven en diferentes partes del mundo que llegan a los 100 años o más y otros por acá apenas si arañan los 60 antes del infarto, cáncer, Alzheimer u otras enfermedades mortales contemporáneas? Lo que observé en los casos de personas que viven mucho, y bien, es que no sólo comen una dieta que incluye pocos alimentos procesados, sino que además llevan un estilo de vida que les favorece: poco estrés, suficiente descanso, buena red social de familia y amistades. ¿Escucharon hablar del índice de la felicidad? 
 
En cuanto a salud se refiere, en este país tenemos mucho en nuestra contra: ya la Organización Mundial de la Salud ha dicho que de entre los países industrializados, Estados Unidos tiene las peores estadísticas y que, si seguimos así, para el 2030 tendremos la misma esperanza de vida que México (ninguna ironía). El sistema de salud insuficiente y no equitativo con el que contamos aquí es uno de los grandes culpables, según estos informes de organismos internacionales (y según nuestra propia experiencia). A esto habría que agregarle el hecho de que tenemos el signo dólar marcado en la frente. Como ciudadanos consumidores de una economía capitalista, muchas veces nos quedamos a la deriva de las increíbles cantidades de opciones a nuestro alcance y lo único que nos puede salvar es nuestro sano juicio. 
 
Sentido común, que le dicen (aunque parece que el sentido común no es tan común). En vez de gastarse la plata en “soluciones” rápidas, más vale invertir en comer orgánico y variado (y por supuesto, con moderación), hacer ejercicio, contemplación y buscar el equilibrio entre el trabajo, el descanso y la familia. Vivimos en la era de la cocina de microondas, donde en sólo un par de minutos todo está listo para ser ingerido. ¿De verdad vas a comerte eso? Somos lo que comemos, si comemos mal, nos sentimos mal. Si comemos chatarra, ¿qué somos?
 
¿Y qué hay de hacerse rico rápido? Las probabilidades de ganarse la lotería son de una en 175 millones (powerball), y una en 45 millones si se trata de la lotería del estado de Nueva York. ¿Y las probabilidades de que te parta un rayo? Una en 700 mil. Es decir: es más probable que te parta un rayo, a que ganes la lotería. Claro, la esperanza nunca se pierde, pero también hay que ser honesto con uno mismo y buscar maneras más realistas de ganarse la vida deseada. Tanto en el caso del estado físico como financiero, vale el dicho: 95 por ciento de sudor y 5 por ciento de inspiración, o como dicen en mi tierra: el que quiere celeste, que le cueste.
De política escribí bastante ya en este espacio, pero aclaro que tampoco existen atajos acá. Con la elección de Trump (el que pidió que lo votaran porque iba a limpiar el pantano de Washington DC ¿se acuerdan?), la gente que andaba medio dormida de pronto se despertó, se movilizó por todas partes y en cada comunidad se han visto algunos cambios positivos ―desde carteles “todos son bienvenidos aquí” hasta nuevas regulaciones en favor de los inmigrantes. Pero ya no se puede volver a bajar los brazos, ni siquiera cuando cambie el gobierno, porque la desidia nos llevaría otra vez a una situación como la actual, o peor.
 
Así que no hay vuelta que darle, no podemos dejarnos engañar por soluciones instantáneas para ningún aspecto de la vida, privado o público. No hay atajos. Lo que tenemos que hacer es seguir trabajando y educándonos, queridos lectores. Es más difícil que nos puedan vender espejitos de colores si estamos bien informados. 

 
Mariel Fiori
Directora
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